Su figura es discreta, delicada y perfumada. Es tan menuda que casi pasa inadvertida en medio de las otras tres mujeres que se sientan junto a ella en el muro rojo que rodea el árbol desramado, una especie de Cristo crucificado por el tendido eléctrico que pasa frente a la Joyería Karen, en el sector de la rotonda de Bello Horizonte. El torrente de trompetas y guitarrones de los conjuntos de mariachis que pueblan la rotonda alcanzan a mojar esta acera en la que hay cuatro mujeres plantadas, matando el tiempo charlando, esperando que esta noche tibia se afiance y alguien llegue a contratarlas. Ninguna de las mujeres vive por el sector. Todas vienen de distintas partes de la capital. Algunas incluso son originarias de otros departamentos del país. Una de ellas comenta que es de Chinandega, la otra dice que tiene raíces bluefileñas. Las dos tienen en común que sus familias no saben a lo que se dedican en la capital. La tercera, quien viste de negro completo y usa una moña alta como bailadora de flamenco, enmudece y se aparta del grupo. La mujer menuda dice que es de la capital, del barrio Loma Linda, y que lleva algunos años ejerciendo la prostitución. Ofrece sus nombres y apellidos, pero solicita que solo se usen los segundos: Scarlett Hernández.