“M”, el asesino, está entre nosotros “¡démosle caza!”
Alimentar el corazón de niños y jóvenes fomentando el odio, la división y la exclusión, así como su uso en organizaciones paramilitares, para ayudar a sostener un régimen totalitario, un grupo o una facción armada, es considerado por todas las leyes y protocolos internacionales del presente como un crimen contra la humanidad.