China y Nicaragua: el dragón perdona, pero no olvida
A la China imperial, al igual que a Rusia, siempre le resulta conveniente contar con un país servil y enfermizamente antagónico a los Estados Unidos. Ortega es un peón perfecto para el trabajo.
A la China imperial, al igual que a Rusia, siempre le resulta conveniente contar con un país servil y enfermizamente antagónico a los Estados Unidos. Ortega es un peón perfecto para el trabajo.
El dictador de Nicaragua, que ha cerrado las puertas a cualquier tipo de diálogo, se encuentra detrás de los arbustos, sigiloso y expectante del desenlace de las pláticas entre el régimen de Venezuela y la oposición.
Maduro, sin hacer nada, recibió en tiempo récord un baño de legitimidad como jefe de Estado, 3 mil millones de dólares y luz verde para operaciones petroleras. Ahora, aunque un poco tarde, se necesita poner una fuerte presión internacional para que el dictador abra las puertas de Venezuela a los organismos de derechos humanos, libere a los presos políticos…
Países como Nicaragua, con regímenes dictatoriales y corruptos, no pueden seguir obteniendo cheques en blanco del BID. Aquí hace falta un banco con principios y valores, no únicamente una entidad financista de tecnócratas ciegos y mudos ante el mal uso de sus recursos.
México no es Nicaragua y que AMLO no es Ortega, sin embargo, el parecido es aterrador. Es por ello que me sumo a las voces que dicen “el INE no se toca y la democracia hay que defenderla”.
De acuerdo con el Observatorio Urnas Abiertas, por primera vez se registra un abstencionismo brutal, superior al 82.6 por ciento. Las UVE no pudieron movilizar el voto sandinista y mucho menos el voto de los trabajadores del Estado.