Algunos países ven en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) la puerta de entrada a un mercado de unos 600 millones de consumidores, distribuidos en 12 países que juntos representan alrededor del 15 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial. Sin embargo, otros, e incluso organismos especializados, consideran que puede afectar a las economías pequeñas como las centroamericanas, incluida la de Nicaragua, tanto de países firmantes del convenio como de no miembros.
Este temor habría empujado, la semana pasada, a la presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, a descartar el ingreso de su país al CPTPP. La decisión provocó la destitución de la titular del Ministerio de Comercio Exterior, Indiana Trejos, y se tomó después de cuatro años de negociaciones. Ocurrió mientras diversos sectores advertían que las importaciones baratas procedentes de los 12 países miembros del CPTPP acabarían con la agricultura y ganadería de ese país, y que incluso afectarían a la del resto de la región. Nicaragua tiene una economía altamente dependiente de la actividad agropecuaria y un fuerte vínculo comercial con el mercado costarricense.
Actualmente el CPTPP es considerado el «estándar de oro» de los acuerdos comerciales. Se le considera el más ambicioso y relevante, porque integra 12 economías de tres continentes, entre ellas siete de las naciones más poderosas del mundo. Sus miembros: Australia, Canadá, Japón, México, Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam, Perú, Malasia, Chile, Brunéi y Reino Unido, dicen encabezar los esfuerzos globales para conseguir un comercio más abierto, inclusivo y comprometido con el desarrollo sostenible.
El CPTPP concentra entre el 18 y 22 por ciento del comercio global
Se calcula que el CPTPP concentra entre el 18 y el 22 por ciento del comercio global, y alrededor del 90 por ciento de las mercancías que se intercambian entre los países miembros lo hacen sin aranceles. Y mientras las economías pequeñas temen sus efectos, las grandes aseguran que entre sus beneficios figura la desgravación arancelaria, reglas de origen flexibles que benefician a las cadenas de suministro y normas modernas para el comercio electrónico, entre otras.
Costa Rica es el único país de Centroamérica que realizó el trámite de ingreso al CPTPP y en el último momento optó por retirarse. Nicaragua ha sido ambiguo con ese convenio. En julio de 2014, durante un encuentro con Jodi Bond, vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Daniel Ortega dijo que había mucha preocupación en Centroamérica porque esa era una iniciativa que avanzaba demasiado rápido y trabajada a la escala de economía que ya han transado acuerdos y convenios.
“Nos interesa que el Acuerdo Transpacífico no vaya a debilitar el acuerdo con la subregión”, dijo Ortega y añadió que estaban “haciendo evaluaciones sobre lo que puede pasar, y qué ramas de las diferentes actividades comerciales con los Estados Unidos y de producción en Nicaragua se puedan ver afectadas en cuanto al empleo”.
Ortega primero descartó el acuerdo y luego quiso entrar
Pero en 2016 Ortega cambió de idea. Ordenó abrir un debate para estudiar los beneficios que le generaría a Nicaragua incorporarse al Acuerdo de Asociación Transpacífico, que permitiría abrir nuevos mercados y generar más empleos en el país. Pero este trámite no avanzó y ni Ortega ni los dirigentes del sector privado insistieron en el tema.
En cambio, Costa Rica sí lo hizo y tras varios años de negociación, este año recibió el aval para entrar. Sin embargo, hubo resistencia de varios sectores. Por ejemplo, el Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica (UCR) respaldó la posición de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria, que criticó la ausencia de estudios sólidos que justificaran la apertura de mercados en un sector donde el país ya colocaba el 95 por ciento de su producción bajo tratados vigentes y advirtió del peligro que implicaba que el agro local compitiera con potencias mundiales.
«El análisis universitario profundiza en una asimetría estructural que pondría en jaque la seguridad alimentaria y nutricional del país. La apertura bajo el Acuerdo Transpacífico expondría el agro costarricense a una competencia directa con potencias mundiales en condiciones de total desigualdad», dice un análisis del Consejo Universitario.
Productores temían desaparecer por las importaciones baratas
Por su parte, organizaciones campesinas y de productores temían desaparecer ante la avalancha de importaciones baratas procedentes de los 12 países miembros del CPTPP, ya que sus productos no podrían competir con los importados que serían más baratos. Eso, aseguraban, pondría en riesgo la seguridad alimentaria y miles de empleos, especialmente en el campo, por lo que solicitaban medidas de protección para la actividad agropecuaria.
Según diversos dirigentes gremiales, permitir el ingreso sin salvaguardas de protección de productos de Australia pondría en riesgo a unos 7,000 productores de caña y unas 10,000 fincas ganaderas. En el caso de Malasia, que es uno de los mayores productores de palma aceitera, pondría en riesgo a unas 3,000 familias que cultivan palma. En el caso del sector lácteo, el temor se centra en Nueva Zelanda, líder mundial en producción de leche en polvo, cuyo ingreso arriesgaría la actividad de unas 27,000 fincas ganaderas de Costa Rica; pero también al sector lácteo de toda la región.
La Defensoría de los Habitantes también expresó preocupaciones similares y falta de información en las negociaciones. Esa falta de información también influyó en la decisión de la presidenta Fernández, que cuestionó que los negociadores mantuvieron bajo reserva el contenido completo del convenio. Esto impidió que los sectores productivos conocieran las condiciones del convenio, sus beneficios y posibles afectaciones y a la vez provocó la destitución de la ministra Trejos, porque no compartió la información necesaria.
Negociadores del CPTPP esconden información
Ante esta ausencia de información clara, la mandataria aseguró que no podía «poner en juego el futuro de miles de familias costarricenses que se dedican a la ganadería, a las lecherías, a la producción de frutas y verduras en pequeña y mediana escala”. Y añadió que quienes «ignoran cuáles son las reglas del juego de este nuevo tratado o tienen dudas fundamentadas» no podían prepararse para competir con un gigantesco mercado de 600 millones de personas y por ello descartó el ingreso de Costa Rica al convenio.
Pero estos daños que temían los productores costarricenses no se limitarían a ese país, sino a todos los del resto de la región. En 2015 un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advirtió que uno de los riesgos para los países de Centroamérica era que la aprobación del acuerdo podría elevar el precio de los medicamentos en la región, porque dificultaría el ingreso de versiones genéricas al mercado centroamericano.
Un especialista en comercio exterior nicaragüense, que por temor a represalias pide omitir su nombre, considera que aunque los países sean partidarios del libre comercio, las negociaciones de acuerdos comerciales deben tener una amplia participación de los sectores involucrados, reconocer las asimetrías entre los países miembros y establecer estrictos periodos de desgravación gradual para los productos sensibles de cada país.
Peligros que incluye el CPTPP en otros campos
«Es más, cuando el caso lo amerita, puede que se tenga que excluir o proteger sectores de forma deliberada, y esto está tendiendo a ser más aceptado hoy en día por los países», señala el economista y cuestiona si a Nicaragua le convendría tener más acuerdos de libre comercio, ya que por su limitada capacidad de producción, los que tiene vigentes los aprovecha muy poco.
Y con respecto a la decisión de Costa Rica de archivar el acuerdo, la atribuye al proteccionismo que caracteriza a ese país y a que tiene gremios muy bien organizados cuyas presiones son muy efectivas.
Mientras tanto, la Electronic Frontier Foundation, organización sin fines de lucro que defiende las libertades civiles en el mundo digital, sigue advirtiendo que aunque en el texto del convenio suspendieron las amenazas que implicaba para la propiedad intelectual, también les preocupan las implicaciones que conlleva en relación con «la libertad de expresión, el debido proceso, la innovación, el futuro de la infraestructura global de internet y el derecho de las naciones soberanas a desarrollar políticas y leyes que respondan mejor a sus prioridades nacionales».
La historia del TPP que se transformó en CPTPP
Según la historia publicada en el sitio web del CPTPP, el tratado nació en 2005, cuando Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur (conocidos como los Cuatro del Pacífico o P4) redactaron un acuerdo comercial de pequeña escala que llamaron Acuerdo de Asociación Económica Estratégica Transpacífica (TPSEP por sus siglas en inglés). El TPSEP entró en vigencia en 2006 para Chile, Nueva Zelanda y Singapur, y en 2009 para Brunéi. El convenio exigía la eliminación inmediata del 90 por ciento de aranceles entre los países miembros y el restante 10 por ciento gradualmente; y se convirtió en el primer acuerdo de libre comercio que vinculaba a naciones de Asia y América.
En 2008, Estados Unidos, bajo la administración de Barack Obama, junto con Australia, Vietnam y Perú, iniciaron conversaciones con el P4 para unirse al TPSEP. En 2010 Malasia se sumó a las pláticas, en 2011 lo hizo Canadá, México se incorporó en 2012 y Japón en 2013, completando así un grupo de ocho países negociando su ingreso al convenio que se transformó en Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés).
Tras casi siete años de negociación, en 2015, Australia, Brunéi, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam firmaron el TPP. Este se habría convertido en el mayor acuerdo comercial de la historia, ya que abarcaba a 800 millones de consumidores que representaban el 40 por ciento del PIB mundial. Pero faltaba que cada país lo ratificara a nivel nacional.
Actualmente el CPTPP tiene 12 miembros
Pero en enero de 2017, tras la toma de posesión para su primer mandato, Donald Trump retiró a Estados Unidos del TPP y puso en peligro la continuidad del acuerdo, ya que ese país aportaba el 60 por ciento de la representación del PIB conjunto de los 12 países miembros. Sin embargo, los 11 países restantes reanudaron las negociaciones para seguir adelante con el proyecto.
En 2018 los 11 países firmaron el convenio que se transformó en Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP por sus siglas en inglés) y después cada país lo ratificó bajo sus mecanismos nacionales. El texto mantuvo la mayoría de disposiciones originales, pero suspendieron otras vinculadas a la propiedad intelectual. Por tanto, los plazos de los derechos de autor y patentes farmacéuticas permanecieron sin cambios y quedó abierta la posibilidad de restablecerlas.
El CPTPP entró en vigencia en diciembre de 2018 para Australia, Canadá, Japón, México, Nueva Zelanda y Singapur. En enero de 2019 para Vietnam, en septiembre de 2021 para Perú, en noviembre de 2022 para Malasia, en febrero de 2023 para Chile y en julio de 2023 para Brunéi. En junio de 2021 el Reino Unido solicitó su ingreso, en julio de 2023 firmó el Protocolo de Adhesión y en diciembre de 2024 se unió oficialmente al CPTPP.
