No hay espacio para fascistas ni nazis, ni para quienes rechazan la democracia.
Afirmar que el presidente basileño Luiz Inácio Lula da Silva es admirador de Hitler, es insostenible. También cuestionarle su carácter democrático.
Fue polémica la declaración de Luiz Inácio a la revista Play Boy, en julio de 1979: “Hitler, aunque estaba equivocado, tenía algo que admiro en un hombre: el fuego de proponerse hacer algo e intentar hacerlo”. Acto seguido, el entrevistador le pregunta: “¿Querés decir que admirás a Adolf?» Y él responde: “No, no. Lo que admiro es la disposición, la fuerza y la dedicación. Es diferente de admirar sus ideas, su ideología”.
Dos veces dijo Lula “No”, y luego explicó qué era lo que admiraba. No parece haber margen para confundir ambas afirmaciones. No obstante, Lula se confió con su afirmación inicial porque creyó suficiente su doble negativa y a su agregado explicativo. no tomó en cuenta que su frase podría ser manipulada.
Un periodista es investigador, lo cual es consustancial a la profesión, ya que no se puede elaborar algo publicable en un medio de comunicación social, sino se investiga. Y resulta que Lula da Silva tiene muchísimas declaraciones públicas en contra del fascismo y el genocidio nazi a los judíos. Solo el que busca, halla.
No se puede condenar el Holocausto y admirar a Hitler
¿Cómo alguien que categóricamente sigue denunciando el Holocausto, como Lula, puede ser, al mismo tiempo, admirador ideológico de Hitler, del impulsor principal de la “solución final”, uno de los peores crímenes de lesa humanidad de la historia? Hay múltiples evidencias que investigamos con ayuda de inteligencia artificial.
Por ejemplo, Lula respaldó en la ONU una resolución para acordar una fecha como el Día del Holocausto. Es imposible conciliar una supuesta admiración ideológica por Hitler con semejante trayectoria de condena del nazi.
El tema de la memoria del Holocausto fue incorporado a la agenda de la Asamblea General de 2005 a petición de Australia, Canadá, Israel, la Federación de Rusia y Estados Unidos. El proyecto de resolución correspondiente, identificado como A/60/L.12, contó con copatrocinadores como Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador y otros países.
El 1 de noviembre de 2005, la Asamblea General aprobó la Resolución 60/7, que estableció el 27 de enero como el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. La resolución también instó a los Estados miembros a desarrollar programas educativos para transmitir las lecciones históricas del Holocausto y contribuir a prevenir futuros genocidios.
“No hay espacio para fascistas ni nazis”
El 27 de enero de 2010, durante una ceremonia conmemorativa en la sinagoga Kahal Zur Israel, en Recife, Lula declaró que era imposible negar el Holocausto y que nadie tenía derecho a ignorar el exterminio del pueblo judío. La declaración tenía una relevancia adicional: el brasileño se refería a sus conversaciones con el entonces presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, quien había difundido posiciones negacionistas sobre el Holocausto.
El presidente de Brasil en marzo de ese año visitó el Museo del Holocausto, Yad Vashem, en Jerusalén. Allí manifestó que la visita debería ser prácticamente obligatoria para los gobernantes y llamó a la humanidad a no repetir «nunca más». En 2023, Lula recurrió repetidamente a las palabras fascismo, nazismo y autoritarismo. El 19 de abril, durante una ceremonia en Brasilia, afirmó: “No hay espacio para fascistas ni nazis”, ni quienes rechazan la democracia.
Las declaraciones de Lula sobre discriminación no se limitan a sus referencias al nazismo. Durante su trayectoria política ha vinculado los derechos humanos con la lucha contra el racismo, la discriminación de género, la pobreza y la exclusión social.
En un discurso pronunciado el 27 de octubre de 2003 ante la Internacional Socialista, Lula recordó las luchas que habían contribuido a la formación política de su movimiento. Mencionó expresamente la movilización por los derechos humanos, especialmente la lucha contra el racismo y la discriminación de género, así como la defensa del medioambiente.
Genocidio en Gaza, como el de Hitler con los judíos
En el mismo discurso vinculó la exclusión social y el hambre con las limitaciones de la democracia brasileña. Este planteamiento muestra que, durante su primer mandato presidencial, Lula presentaba la lucha contra la discriminación como parte de un programa más amplio de transformación social.
El 24 de septiembre de 2024, en una reunión celebrada al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Lula participó en un encuentro sobre defensa de la democracia y lucha contra el extremismo. En el discurso difundido en esa ocasión se refirió a los peligros que representaban el racismo, la xenofobia y las campañas de desinformación para la diversidad y el pluralismo en Europa.
También relacionó las desigualdades económicas y raciales con las dificultades de las democracias para satisfacer las expectativas de la población. Su argumento fue que la defensa de las instituciones democráticas no podía separarse de las condiciones sociales y económicas que permiten ejercer los derechos.
El 18 de febrero de 2024, durante una visita a Etiopía, Lula declaró que lo que ocurría en la Franja de Gaza constituía un genocidio. Añadió que se trataba de una situación semejante a lo ocurrido cuando Hitler decidió eliminar a los judíos. Sus palabras provocaron una crisis diplomática con Israel, cuyo gobierno consideró inaceptable la comparación y convocó al embajador brasileño para una reprimenda.
Autoritarismo, discursos de odio y prejuicios étnicos y religiosos alimentaron el genocidio
El 27 de enero de 2025, con motivo del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, Lula publicó una declaración en la que recordó el exterminio de seis millones de judíos bajo el régimen nazi. La nota oficial de la Presidencia de Brasil recoge su compromiso con la lucha contra el antisemitismo y todas las formas de discriminación. También recordó que en 2004 había firmado una petición ante las Naciones Unidas para establecer el 27 de enero como fecha oficial de conmemoración.
El 27 de enero de 2026, Lula volvió a pronunciarse sobre el Holocausto. En un mensaje difundido con motivo de la conmemoración de sus víctimas, afirmó que el autoritarismo, los discursos de odio y los prejuicios étnicos y religiosos habían sido elementos fundamentales en la construcción de aquella tragedia.
También vinculó la memoria del Holocausto con la defensa de los derechos humanos, la convivencia pacífica y las instituciones democráticas. Este pronunciamiento es importante porque amplía la reflexión más allá del nazismo histórico. Lula presenta el Holocausto como una advertencia sobre los riesgos que pueden surgir cuando el autoritarismo se combina con la deshumanización de grupos humanos.
En resumen, Luiz Inácio Lula da Silva ha sido categórico en pronunciarse de manera explícita sobre el exterminio de los judíos durante el Holocausto; la responsabilidad histórica del nazismo; el racismo y la discriminación; el autoritarismo y los discursos de odio; la necesidad de defender los derechos humanos y las instituciones democráticas; y la situación humanitaria de la población palestina en Gaza.
“Soy un gran defensor de la democracia, (…)”
El brasileño fue electo por cuarta vez como presidente el domingo 25 de octubre, en un proceso electoral celebrado conforme al ordenamiento jurídico brasileño, la alternancia en el poder, el pluralismo político y la libertad de expresión. A propósito, el 21 de julio de 2025 pronunció una frase memorable: “Soy un gran defensor de la democracia, porque, si no fuera por la democracia, un obrero metalúrgico como yo no habría llegado a la Presidencia de la República tres veces”. (Ahora cuatro).
En un discurso pronunciado durante la inauguración de la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana (UNILA), Lula recordó que en 1985 había declarado que no creía que un obrero pudiera llegar al poder mediante el voto. Cuatro años más tarde… “En 1989 llegué a la segunda vuelta y obtuve el 47 por ciento de los votos. Entonces descubrí que era posible que un obrero ganara las elecciones mediante el voto”.
Los comicios presidenciales de 1989 fueron la primera elección presidencial directa en Brasil después de la dictadura militar. Lula no ganó aquella contienda. Su primera victoria llegó en 2002.
En una entrevista con el sociólogo Emir Sader, publicada por la Fundación Perseu Abramo, Lula explicó que la organización política de los trabajadores y la vía democrática permitieron que su partido llegara al Gobierno. “Aquí conseguimos crear democráticamente un partido con mayoría de trabajadores y llegar a la Presidencia de la República en veinte años”.
Cuestionamientos de Lula por comportamientos antidemocráticos
El brasileño ha defendido públicamente la democracia como el sistema indispensable para los latinoamericanos. En consecuencia, en noviembre del 2021 cuestionó la reelección de Daniel Ortega. En una entrevista con el diario español El País, afirmó: “Todo político que empieza a creer que es imprescindible o insustituible comienza a transformarse en un pequeño dictador”.
También manifestó que estaba en contra de otra candidatura de Ortega y sostuvo que el Frente Sandinista tenía otras personas que podían aspirar a la Presidencia.
En julio de 2024, Lula reveló que el papa Francisco le había pedido que hablara con Ortega para intentar conseguir una solución al caso del obispo nicaragüense Rolando Álvarez, detenido desde agosto de 2022. “Lo concreto es que Ortega no me atendió el teléfono y no quiso hablar conmigo. Entonces, nunca más hablé con él”.
Lula recordó el derrocamiento de Anastasio Somoza en 1979, y dijo que lamentaba lo ocurrido con un hombre que había dirigido aquella revolución, y expresó sus dudas sobre sus motivaciones actuales. “Hoy no sé si aquella revolución fue porque quería el poder o porque quería mejorar la vida de su pueblo”.
Desacuerdos sobre derechos humanos y la situación de Venezuela
Nicaragua expulsó al embajador brasileño, Breno de Souza Brasil Dias da Costa, después de que este no asistiera a los actos del 45.º aniversario de la Revolución Sandinista, el 19 de julio de 2024. Brasil respondió expulsando a la embajadora nicaragüense en Brasilia. Lula afirmó: “Este comportamiento no lo acepto». La disputa reflejaba una ruptura que iba más allá de una diferencia protocolaria: ambos gobiernos ya acumulaban desacuerdos sobre derechos humanos, interlocución política y la situación de Venezuela.
En su discurso ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, el 22 de septiembre de 2026, Lula volvió a referirse expresamente a Nicaragua: “Nicaragua no va a resolver sus problemas impidiendo que la oposición dispute elecciones”. En la misma intervención sostuvo que la democracia estaba nuevamente en peligro y criticó la injerencia extranjera en los procesos electorales. Al referirse a Venezuela, defendió que su pueblo pudiera decidir su propio destino.
Por su parte, el 26 de agosto de 2024, durante una cumbre virtual extraordinaria del Alba-TCP, Ortega atacó públicamente a Lula por no admitir los resultados de las elecciones venezolanas del 28 de julio. El brasileño y el presidente colombiano Gustavo Petro habían exigido la publicación de resultados desglosados y verificables antes de reconocer la victoria proclamada de Nicolás Maduro.
“Arrastrado”
Ortega lo calificó de: “Arrastrado” y le reprochó: “Si querés que te respete, respetame, Lula. Si querés que te respete el pueblo bolivariano, respetá la victoria del presidente Nicolás Maduro y no estés ahí, de arrastrado”. También lo acusó de querer convertirse en: “Representante de los yanquis en América Latina”.
Estas expresiones muestran que Ortega interpretó la exigencia brasileña de transparencia electoral como una deslealtad política y una subordinación a los intereses estadounidenses. No fue simplemente una discusión sobre procedimientos electorales: Ortega cuestionó la legitimidad política de Lula como dirigente de la izquierda latinoamericana.
La tienen difícil quienes quieran convertir al presidente Lula en admirador ideológico de Hitler, en enemigo de la democracia y en encubridor de fraudes electorales en otros países.
El autor es periodista residente en Nicaragua.