El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha emprendido la mayor operación militar de su gobierno fuera de las fronteras nacionales. El escenario es Haití, un país devastado por la violencia de las pandillas, el debilitamiento de sus instituciones y años de inestabilidad política. Lo que comenzó como una misión internacional de seguridad se transformó, tras una emboscada, en un despliegue de miles de soldados cuya duración y resultados todavía se desconocen.
Desaparecidos. El 29 de octubre, Bukele confirmó el despliegue de unos 2,000 militares en Haití, una cifra que podría alcanzar los 2,500. El objetivo declarado es rescatar a cuatro técnicos de aviación salvadoreños desaparecidos tras una emboscada. La magnitud del operativo ha despertado interrogantes internacionales.
Emboscada. El 18 de octubre, cuatro salvadoreños que integraban una misión internacional fueron atacados cuando viajaban en un vehículo blindado por Croix-des-Bouquets, cerca de Puerto Príncipe. Los agresores utilizaron armas de fuego y explosivos. Desde entonces, se desconoce públicamente el paradero de los militares.
Técnicos. Según Bukele, los cuatro hombres son técnicos de la Fuerza Aérea encargados de apoyar operaciones aeronáuticas y evacuaciones médicas. Regresaban de un mercado cuando fueron emboscados. Su presencia en una zona controlada por pandillas, aparentemente sin suficiente protección, ha suscitado preguntas sobre las medidas de seguridad.

Búsqueda. El 22 de octubre llegaron los primeros cien integrantes de fuerzas especiales salvadoreñas para reforzar la búsqueda. Otros cien estaban previstos esa misma noche. En menos de una semana, el despliegue aumentó extraordinariamente hasta superar los 2,000 efectivos, acompañado de helicópteros, vehículos blindados y equipamiento militar.
Respaldo EE. UU. Aviones estadounidenses C-130 participaron en el traslado de tropas salvadoreñas hacia Haití, según confirmó a Reuters un funcionario militar estadounidense. También se registraron vuelos comerciales y militares entre San Salvador y Puerto Príncipe. Ese apoyo logístico demuestra que la operación cuenta con colaboración internacional.
Financiamiento. Bukele asegura pagar el 90 % de la operación. El presidente afirmó que El Salvador financia nueve de cada diez dólares gastados en el despliegue y recibe únicamente asistencia logística de otros países. Sin embargo, no divulgó el presupuesto total, los costos diarios ni los mecanismos de fiscalización del gasto militar.
Mensaje en creole. El 29 de octubre, Bukele se dirigió a los haitianos en su propio idioma, el creole, para asegurarles que sus tropas no pretenden conquistar el país ni apropiarse de sus riquezas. También prometió retirarlas cuando concluya la misión, sin establecer una fecha.
Tropas. El Salvador ya tenía tropas en Haití. La participación salvadoreña comenzó en 2024, dentro de una misión multinacional de seguridad. El 29 de septiembre de 2026, la Asamblea Legislativa autorizó su continuidad por otros 12 meses, con 57 votos. La ley permite enviar militares, civiles, aeronaves y equipamiento. En septiembre de 2025, el Consejo de Seguridad aprobó la Fuerza de Supresión de Pandillas, con un máximo de 5,550 integrantes. Sin embargo, el contingente adicional enviado por Bukele plantea dudas jurídicas: todavía no está claramente establecido bajo qué mando y reglas operan todos esos soldados.
Amenaza pandillera. Un jefe criminal conocido como Krisla difundió un video en el que cuestionó la llegada de los salvadoreños y prometió resistir. Otros grupos, como Chèn Méchan y 400 Mawozo, dominan territorios cercanos a la emboscada, aunque ninguno ha reconocido públicamente su responsabilidad. Las organizaciones criminales dominan aproximadamente el 90 % de Puerto Príncipe y sus alrededores. Controlan barrios, carreteras, accesos comerciales y rutas de abastecimiento. Más de 1.4 millones de personas han sido desplazadas por la violencia, mientras el Estado lucha por recuperar territorios perdidos.
Blackwater. El fundador de Blackwater también está en Haití. Erik Prince, fundador de la controvertida empresa militar privada Blackwater, dirige Vectus Global, contratada por el gobierno haitiano para combatir las pandillas. Sus operaciones incluyen drones armados y personal salvadoreño. La coincidencia de fuerzas privadas, tropas extranjeras y policías haitianos complica la coordinación militar.

Magnicidio. El 7 de julio de 2021, un comando armado asesinó al presidente haitiano Jovenel Moïse en su residencia. El vacío de poder aceleró la expansión de las pandillas. Sin embargo, su crecimiento había comenzado años antes, alimentado por la corrupción, la impunidad y sus vínculos con sectores políticos. Las pandillas se aliaron para enfrentar al Estado. Grupos históricamente rivales comenzaron a coordinarse bajo la coalición Viv Ansanm, vinculada al expolicía Jimmy Chérizier, conocido como Barbecue. En 2024 atacaron simultáneamente cárceles, estaciones policiales e infraestructura estratégica. Esa capacidad de coordinación representa una amenaza para las fuerzas salvadoreñas acostumbradas a combatir estructuras criminales diferentes.
Modelo Bukele. El presidente salvadoreño enfrenta su primera gran intervención militar internacional después de reducir drásticamente la violencia pandillera en su país mediante un régimen de excepción y encarcelamientos masivos. En Haití encontrará organizaciones fuertemente armadas, instituciones debilitadas y menores reclutados por las pandillas. El desenlace permanece abierto. El Modelo Bukele está a prueba.