El recién pasado 27 de octubre, el Partido Conservador de Nicaragua ha conmemora un hito histórico: 175 años de fundación. Más que la celebración de una institución política, conmemoramos el nacimiento de la identidad republicana de nuestra nación, cimentada bajo los principios inquebrantables de Dios, Orden y Justicia.
Hablar de nuestros orígenes es honrar de forma obligatoria a nuestro máximo fundador, el general Fruto Chamorro Pérez. Él fue el hombre providencial que guio los destinos del país en una transición institucional crucial. Como último director de Estado (1853-1854), Chamorro visualizó la necesidad de dotar a la nación de una estructura más sólida y moderna. Gracias a su determinación y liderazgo, se promulgó la Constitución de 1854, que abolió el antiguo cargo y lo convirtió formalmente en el primer presidente de la República de Nicaragua, marcando el verdadero inicio de nuestra era republicana.
El legado de don Fruto Chamorro y de los hombres que consolidaron la «era dorada» del conservatismo no solo vive en las ideas, sino también en el suelo sagrado de nuestra historia. En el cementerio de Granada, el imponente mausoleo de Fruto Chamorro se erige como un monumento a la dignidad patria. En este camposanto descansan también los restos de varios de los presidentes conservadores que gobernaron durante los «Treinta Años» de paz, progreso y honradez administrativa. Ese rincón granadino es un altar cívico que nos recuerda la época en que Nicaragua fue ejemplo de estabilidad y civismo para toda Hispanoamérica.
A 175 años de aquella gesta fundacional, los conservadores asumimos el presente con el mismo compromiso de nuestros pioneros. Los tiempos cambian, pero la necesidad de un orden institucional respetuoso de Dios y garante de la justicia sigue siendo la brújula que necesita nuestra patria.
¡Viva el Partido Conservador! ¡Viva Nicaragua!
El autor es militante conservador nicaragüense.