Marlon Sáenz, el "chino Enoc", en Estados Unidos. LA PRENSA

Marlon Sáenz, conocido como el Chino Enoc, en Estados Unidos. LA PRENSA

Chino Enoc tendrá segunda audiencia migratoria en EE. UU.

El exparamilitar sandinista Marlon Sáenz, conocido como Chino Enoc, tendrá una segunda audiencia el 29 de septiembre, después de que la jueza de inmigración Lauren B. Watson no tomara una decisión sobre su caso. Sigue detenido en Luisiana

La jueza de inmigración Lauren B. Watson celebró el 22 de septiembre la primera audiencia preliminar del exparamilitar sandinista Marlon Gerardo Sáenz Cruz, conocido como Chino Enoc, quien se encuentra bajo custodia del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (Uscis) desde el 17 de agosto.

Watson no tomó una decisión sobre el caso del Chino Enoc y en su lugar programó una segunda audiencia para el 29 de septiembre, confirmó LA PRENSA. Este segundo encuentro será de manera virtual a las 3:30 p.m., a través de la plataforma Webex.

Lea además: Chino Enoc afirma desconocer los motivos de su detención en Estados Unidos

Sáenz es uno de los 222 presos políticos que fueron excarcelados y desterrados de Nicaragua en un vuelo directo a Estados Unidos en febrero de 2023. El Chino Enoc continúa recluido en el Centro de Procesamiento en Luisiana.

Fue detenido tras asistir a una cita en Uscis

Sáenz fue detenido el 17 de agosto cuando habría asistido a una de las oficinas del Uscis a una comparecencia ante las autoridades de inmigración en Los Ángeles.

En octubre del 2025, el subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau, a través de sus redes sociales, habría respondido que revisarían el caso del Chino Enoc, luego de que se le etiquetara en denuncias en las que se le advertía del perfil de Sáenz.

Lea también: Abogados estadounidenses analizan el caso del Chino Enoc

A los cinco días de estar bajo custodia del ICE en EE. UU., Sáenz envió un mensaje —compartido por el periodista Miguel Mendoza en redes sociales— en el que aseguró que desconocía los motivos de su detención.

«Pienso que hay un error administrativo en todo esto. No he violado ninguna norma. Desconozco, pues, y no hay ningún motivo por el cual esté detenido y por eso quiero deslindar responsabilidades de culpar a alguien», afirmó Sáenz en el audio compartido por Mendoza.

Estuvo preso por desafiar a Murillo

En Nicaragua, el exparamilitar sandinista estuvo en prisión por haber desafiado a la dictadura en Nicaragua, pero, sobre todo, por haber criticado a la codictadora Rosario Murillo y haber llamado a las bases del sandinismo a rebelarse contra el régimen.

Sáenz, combatiente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en tiempos de la guerra contra la dictadura somocista y militante una vez que se institucionalizó como partido, fue arrestado el 18 de mayo de 2022. Cinco meses después, en octubre, fue declarado culpable por los delitos de narcoactividad y portación ilegal de armas y en noviembre fue condenado a casi 13 años de prisión.

Al ser desterrado, perdió su nacionalidad nicaragüense por decisión de la Asamblea Nacional, bajo control de la dictadura, y todas sus propiedades en Nicaragua, debiendo empezar su vida de nuevo en Estados Unidos.

Puede interesarle: El Chino Enoc: “Rosario (Murillo) es desmoralizadora, desmovilizadora y divisora”

A Sáenz, desde hace tiempo, sectores de la oposición nicaragüense, en particular los asociados a la política «de derecha», lo señalan de haber participado como agente de represión al servicio del sandinismo durante los eventos del estallido social de abril de 2018.

En ese contexto, el Chino Enoc apareció en una foto con su pañuelo rojinegro, su boina negra y un fusil, demostrando que fue utilizado por el orteguismo para reprimir las protestas pacíficas iniciadas en abril de 2018 en contra del régimen Ortega Murillo.

En la primera intervención de Sáenz que se hizo viral, se mostró inconforme con el papel de «bomberos» que le dan a los militantes históricos, haciendo ver que solo los llaman para «apagar el fuego», y demandó inclusión de los sandinistas históricos. «Nos tienen como bomberos. Hacemos las cosas y después jale, va pa’ fuera. No. Inclusión del sandinismo histórico de verdad», dijo Sáenz.

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. Hace 33 minutos

    Comprender no es justificar

    El próximo mes cumpliré 57 años. Vine a Estados Unidos a los 22; es decir, he vivido aquí prácticamente toda mi vida adulta. Durante esas décadas no solo cambió el país: también cambié yo, como cambia cualquier persona que piensa, vive, se equivoca, aprende y se atreve a revisar sus propias convicciones.

    En mi juventud fui militante de izquierda. Incluso cuando apoyaba la Revolución Sandinista, creía en lo que entonces se proclamaba: economía mixta, pluralismo político y democracia participativa. Quizás para cierta nomenclatura revolucionaria aquellas promesas no fueran más que palabras destinadas a engatusar a una juventud enamorada de la revolución. Para mí, sin embargo, eran principios verdaderos.

    Siempre creí que el pueblo es el soberano y que debe respetarse su decisión, independientemente de quién resulte elegido para dirigir su destino. Nunca entendí la democracia como un mecanismo válido únicamente cuando gana mi candidato o mi partido.

    Con los años he recorrido buena parte del espectro político. Pasé de una izquierda radical a una posición en la que puedo simpatizar con ciertas propuestas de la izquierda y con algunas de la derecha. También rechazo muchas cosas de ambas. No siento la necesidad de someter toda mi conciencia a un partido, una etiqueta o un caudillo. No necesito aceptar un paquete ideológico completo para demostrar fidelidad a nadie.

    Sin embargo, hay algo más profundo que ha cambiado en mí: mi capacidad para tratar de comprender las razones y el dolor de otras personas, incluso cuando sigo rechazando muchas de sus posiciones.

    Durante años vi a la ultraderecha más recalcitrante del exilio cubano como un sector intransigente, servil ante todo lo que llevara la etiqueta de derecha y dispuesto a repetir consignas que muchas veces ni siquiera comprende. Todavía rechazo su defensa ciega de Donald Trump y esa fantasía de algunos que parecen creerse descendientes de quienes llegaron en el Mayflower, como si hubieran dejado de ser inmigrantes latinoamericanos al desembarcar en Miami.

    Me resulta absurdo escuchar a cubanos repetir el discurso de la supremacía blanca y del white trash estadounidense contra los inmigrantes, como si ese desprecio nunca pudiera volverse contra ellos. También considero ridícula esa insistencia de algunos en afirmar que no son hispanos, sino exclusivamente cubanos, como si ambas identidades fueran incompatibles.

    Por todo eso sigo considerando extremista, contradictorio y muchas veces troglodita a una parte de esa derecha cubana.

    Pero comprender no es lo mismo que justificar.

    A mi edad comienzo a mirar de otra manera, sobre todo, a las generaciones más antiguas del exilio. Pienso en lo que significa perder la patria, el patrimonio, los familiares y el país que uno conoció. Pienso en lo que representa observar, durante más de seis décadas, la destrucción económica, política y moral de una nación. Muchas de esas personas quedaron atrapadas en aquel dolor, un dolor que nunca encontró verdadera comprensión en buena parte de la izquierda latinoamericana.

    Por el contrario, demasiados intelectuales, partidos y dirigentes izquierdistas le sirvieron de alcahuetes a la dictadura cubana. Disculparon sus fusilamientos, justificaron sus cárceles, minimizaron la persecución y llamaron “defensa de la revolución” a la supresión de las libertades. Todavía hoy algunos se niegan a reconocer como dictadura un régimen que no permite elecciones libres, oposición política efectiva ni libertad de expresión.

    Quizás de ese abandono nació parte del odio visceral que muchos exiliados cubanos sienten hacia todo lo que huela a izquierda.

    La Ley de Ajuste Cubano, para citar una de las grandes ironías de la historia, fue promulgada en 1966 por Lyndon B. Johnson, un presidente demócrata. Sin embargo, algunos exiliados parecen sentir hacia el Partido Demócrata una aversión incluso mayor que la que sienten hacia Fidel o Raúl Castro. Esa contradicción no deja de parecerme irracional, pero ahora puedo reconocer el dolor histórico que se encuentra detrás de una parte de esa rabia.

    Distinta es mi percepción de algunos recién llegados que, mientras vivían en Cuba, aplaudían al régimen, colaboraban con él o se acomodaban bajo su poder y, apenas pisan Estados Unidos, se afilian a los sectores más recalcitrantes de la derecha. Alegan que antes actuaban así para sobrevivir. Puede ser cierto en determinados casos. En otros, sospecho que se trata simplemente de personas sin carácter, acostumbradas a ponerse siempre al lado de quien sostiene el garrote.

    Pero mi reflexión se refiere principalmente a aquellas generaciones antiguas del exilio, a esos hombres y mujeres que cargaron toda la vida con una patria perdida. No comparto su extremismo, pero hoy puedo contemplar con mayor humanidad el dolor que contribuyó a formarlo.

    Algo parecido me sucede con Chino Enoc.

    No olvido que apoyó al orteguismo y que llegó a participar en estructuras vinculadas con la represión contra sus propios hermanos nicaragüenses. Después se volvió contra la dictadura y comenzó a denunciarla. Quizás no lo hizo por las mismas razones que quienes nunca quisimos saber nada del orteguismo desde antes de su regreso al poder. Muchos ya veíamos en el Frente Sandinista un partido autoritario y en Daniel Ortega a un caudillo empeñado en construir un culto alrededor de su personalidad.

    Tal vez mi propia historia influye en la manera en que lo juzgo. Yo también apoyé una revolución que terminó traicionando sus promesas. Esa experiencia debería recordarme que los seres humanos pueden equivocarse, rectificar o descubrir demasiado tarde la verdadera naturaleza del poder que ayudaron a levantar.

    Hoy veo a Chino Enoc como lo que también es: un hombre mayor, caminando con bastón y enfrentado a la posibilidad de ser deportado a Nicaragua para caer en manos de la dictadura que ahora denuncia. No siento admiración por su pasado ni pretendo absolverlo de sus responsabilidades. Lo que siento es lástima y preocupación por el destino de un ser humano.

    Los derechos humanos no pueden depender de que una persona nos agrade, piense como nosotros o tenga un expediente político impecable. Si únicamente defendemos los derechos de nuestros amigos, no estamos defendiendo principios: estamos defendiendo una tribu.

    La Declaración de Independencia de Estados Unidos sostiene que todos los seres humanos poseen derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Esos derechos no desaparecen porque alguien haya cometido errores políticos, apoyado una causa equivocada o reaccionado tardíamente frente a una dictadura.

    Por eso me resultaría doloroso contemplar la deportación de Chino Enoc y verlo caer en las garras de los Ortega-Murillo. Oponerse a semejante desenlace no significa borrar su pasado ni convertirlo en héroe. Significa sostener que ninguna persona debe ser entregada a una dictadura para que sea encarcelada, torturada o utilizada como trofeo político.

    Quizás una de las pocas ventajas de envejecer sea aprender a distinguir entre comprender y justificar, entre tener compasión y renunciar a la justicia. A los 57 años sigo condenando el autoritarismo de izquierda y el extremismo de derecha. Continúo rechazando la incoherencia, el servilismo y el fanatismo, vengan de donde vengan.

    Pero también he aprendido que detrás de muchas posiciones políticas existen heridas, pérdidas, temores y tragedias personales. Entender ese dolor no me obliga a compartir sus conclusiones. Solamente me recuerda que, antes que adversarios ideológicos, todos seguimos siendo seres humanos.

    Y la defensa de los derechos humanos comienza precisamente ahí: cuando somos capaces de reclamarlos también para quien se equivocó, para quien no piensa como nosotros y hasta para quien alguna vez estuvo del lado equivocado de la historia.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí