Luis Galeano, el reconocido periodista nicaragüense al que como a muchos otros informadores independientes la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo lo obligó a salir del país y refugiarse en Estados Unidos (EE. UU), ahora está encerrado en una cárcel de migración de ese país y amenazado con ser deportado.
El caso de Luis Galeano ha motivado una fuerte campaña de solidaridad, incluso de personalidades políticas de EE. UU. Pero no es el único exiliado nicaragüense refugiado en Estados Unidos (EE. UU.) amenazado con la deportación. En esa misma situación de peligro de deportación están prácticamente todos, o casi todos, los compatriotas perseguidos por la dictadura de Nicaragua y exiliados en EE. UU., que no han logrado obtener el necesario asilo político por los lentos, engorrosos y casi insuperables trámites burocráticos.
Tan fuerte ha sido el impacto del caso de Luis Galeano que el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EE. UU. (ICE por sus siglas en inglés), se vio obligado a dar una explicación pública.
Según ICE, Luis Galeano fue detenido y está en proceso de deportación porque se encuentra ilegalmente en EE. UU. Dice que el periodista nicaragüense entró legalmente a ese país en diciembre de 2018 y podía permanecer hasta junio de 2019, pero se quedó en el país violando la ley estadounidense.
No es cuestionable el derecho del Gobierno de EE. UU. a formular y aplicar su propia política migratoria. Ni a detener y sacar del país a las personas migrantes que están en condición irregular o ilegal, sobre todo a quienes han cometido crímenes y cualquier otra clase de delito.
Pero en el caso de Luis Galeano ese alegato es un sofisma, porque él solicitó legalmente el asilo político y el ICE debió considerar esa situación. Como debería reconocer que todas las personas nicaragüenses refugiadas en territorio estadounidense por la persecución política de la dictadura —muchos de ellos inclusive rescatados y llevados a este país por las propias autoridades estadounidenses, como los del “vuelo de la libertad” en febrero de 2023— y que no hayan cometido delito en EE. UU. no merecen ser tratados como delincuentes.
Por cierto, que eso lo entienden muy bien algunas personas estadounidenses que tienen autoridad política, aunque no tienen poder de decisión administrativa, como son los congresistas que inclusive representan al gobernante Partido Republicano, María Elvira Salazar y Mario Díaz Balart.
De allí que María Elvira Salazar haya declarado enfáticamente que Luis Galeano “no es un criminal, es un exiliado político”, y pidió a su gobierno una revisión del caso del periodista nicaragüense. En tanto que su colega, Díaz Balart, advirtió que su gobierno “nunca debe perder de vista la diferencia entre los delincuentes y aquellos que huyen de la represión política… Estados Unidos —añadió— ha sido siempre un faro de libertad para quienes son perseguidos por las tiranías. Debemos mantener esa tradición y garantizar que Luis Galeano y otros exiliados políticos reciban la protección y el debido proceso que merecen”.
Eso es lo correcto política, histórica y moralmente en EE. UU. No fue ni debe ser en balde que en el pedestal de la Estatua de la Libertad, en la ciudad de Nueva York, estén y fueran inscritas para siempre las solemnes palabras de la poetisa estadounidense Emma Lazarus: “Dadme a vuestros cansados, a vuestros pobres, a vuestras masas hacinadas que anhelan respirar en libertad…” Y precisamente por eso Lazarus llamó a la monumental escultura: “Madre de los emigrantes”.
Madre —dijo Lazarus— no madrastra, como según el diccionario de la RAE se dice en sentido figurado de la madre que trata mal a sus hijos.