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En 1969, una pequeña sala de los juzgados de Managua lucía abarrotada de periodistas, estudiantes, familiares y amigos. La multitud escuchaba al jurado emitir la sentencia contra dos presos políticos: Daniel Ortega Saavedra, actual dictador de Nicaragua, y Axel Somarriba. Ambos escucharon el veredicto en silencio. Las audiencias eran públicas y contaban con el acceso de periodistas y familiares.
El trayecto iniciaba en las celdas de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), en la Loma de Tiscapa. Ahí torturaban y vejaban a los detenidos. Luego, los trasladaban a los juzgados para su procesamiento y, finalmente, los ingresaban a la cárcel de La Aviación o a la Modelo de Tipitapa.
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La Cárcel Modelo comenzó a funcionar en 1966. El edificio constaba de pabellones de concreto y barrotes diseñados para albergar a reos comunes. Sin embargo, el contexto político de la dictadura forzó el traslado de presos políticos a esas instalaciones.
En La Modelo, los presos políticos organizaron protestas y huelgas de hambre. Además, conspiraron a favor de la lucha político-militar del Frente Sandinista contra el dictador Anastasio Somoza Debayle.
Tras el terremoto que destruyó Managua en 1972, las autoridades trasladaron a todos los presos políticos exclusivamente a La Modelo. Varios de ellos enfrentaron procesos judiciales con penas cortas y obtuvieron su libertad. A otros los liberaron en dos grandes operativos guerrilleros.
En la cárcel Modelo de Tipitapa, las autoridades flexibilizaron el régimen carcelario para los presos políticos, en su mayoría guerrilleros sandinistas. Los reos recibían visitas dos veces por semana: los sábados para encuentros conyugales y los domingos para visitas familiares.
En esas jornadas dominicales, sus hijos, padres, novias y amigos acudían a compartir la mañana. El encuentro se asemejaba a un picnic debido a las grandes cantidades de comida que les llevaban a los prisioneros.
En La Modelo, algunos reos incluso tenían televisores, jugaban naipes u otros juegos, tomaban el sol y conservaban libros, radios y biblias. Los presos políticos de entonces, entre ellos Daniel Ortega, contaban con estos beneficios.
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Hoy, el régimen le niega esos derechos a los nuevos prisioneros políticos. Los detenidos pasan meses y años aislados de sus familias, sin condiciones dignas y con violaciones diarias a sus derechos humanos.
Las fotografías que verá a continuación son reales, los mismos reos politicos lo han reconocido en sus escritos, a diferencia de las “puestas en escena” que actualmente presenta el régimen Ortega y Murillo para simular condiciones que no otorga a quienes considera sus enemigos.


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