Rosario Murillo se ha dedicado a allanar el camino para reemplazar a Daniel Ortega en el poder. Promovió reformas constitucionales para convertirse en vicepresidenta y más tarde copresidenta, además ha apartado las fichas de Ortega en instituciones claves como la Policía, el Ejército y en poderes del Estado como la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para poner las de ella. Pero ¿podrá realmente suceder el poder en Nicaragua? Los analistas Luis A. Rivas y Manuel Orozco plantean “los peligros de una sucesión planificada” que puede leer haciendo clic aquí.
En este momento, Ortega, de 80 años y Murillo, de 75, enfrentan fuertes presiones internacionales, principalmente de Estados Unidos, que ha promovido una reunión de cancilleres para abordar la crisis de Nicaragua en la OEA, con la que buscan decidir qué acciones tomarán frente al régimen. Además, hay una acumulación de molestias por parte de los trabajadores estatales cuyos derechos laborales han sido cercenados y son obligados a participar en actividades políticas; así como de altos mandos de las fuerzas militares y policiales que no simpatizan con la codictadora.
Ante un escenario de una “sucesión planificada” y la ausencia de Daniel Ortega, Rosario Murillo “sería percibida por personas clave del círculo íntimo no como una sucesora estabilizadora, sino como un factor que multiplica el riesgo”, concuerdan los analistas Luis A. Rivas, exinvestigador sénior no residente del Diálogo Interamericano y exdirector ejecutivo de Banpro Nicaragua, y el politólogo Manuel Orozco, quien también es director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo de ese mismo centro de pensamiento.
Poder de Murillo es “bastante limitado”
En una publicación de Diálogo Interamericano, con fecha del 24 de agosto, los analistas sostienen que la autoridad de Murillo “sigue derivándose fundamentalmente” de Daniel Ortega y que, por tanto, el capital político de la codictadora “es bastante limitado”.
Puede leer: Rosario Murillo: el ascenso de la «copresidenta»
Rosario Murillo se convirtió en la voz y el rostro del régimen en 2007, cuando Daniel Ortega volvió al poder. Ella pasó a ocupar el cargo de vocera del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, que desde entonces le da la potestad para lanzar un discurso diario ante los medios oficialistas, ya sea anunciando las “buenas nuevas”, insultando a los opositores y medios de comunicación independientes o defendiendo lo que ella llama “verdades verdaderas”.

Su inquietud por el poder la llevó a convertirse en vicepresidenta de Nicaragua en 2017, cuando asumió formalmente luego que Ortega la presentara como su fórmula presidencial en 2016 y «ganara» unas elecciones de las que eliminó fraudulentamente al principal partido de oposición y que provocó un gigantesco abstencionismo. Luego Murillo escaló más.
Tras una reforma constitucional que entró en vigencia a inicios de 2025, Rosario Murillo se convirtió en co-presidenta de Nicaragua. Un título que la pone a la par de Ortega y que no deja de despertar molestias en el Estado.
Murillo carece de cualidades que ven en Ortega
Según el análisis de Rivas y Orozco, Daniel Ortega tiene una autoridad histórica en el Frente Sandinista y la “subordinación efectiva de los militares”, cualidades de las que Murillo carece. “Ella lo sabe. Para contrarrestar esto ha construido su propio círculo de poder, ha eliminado a la oposición política y, al mismo tiempo, ha purgado sistemática y casi por completo el antiguo círculo íntimo de Ortega”, sostienen los analistas.
Lea también: Ana Julia Guido considera reformas de Ortega “un acto de defensa democrática”
El día que Ortega falte, Rosario Murillo “intensificará la represión, provocará más fracturas internas y profundizará el aislamiento internacional”. Tres consecuencias que aquellos que forman parte del círculo de poder lo reconocen “en secreto”, de acuerdo con Rivas y Orozco.
“Si bien el Ejército y la Policía parecen públicamente leales a la señora Murillo, se dice que numerosos altos funcionarios albergan en privado recelos sobre su liderazgo”, concluyen los analistas.