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En menos de una semana, el Gobierno de Estados Unidos ha anunciado tres acciones que, según analistas, buscan ejercer presión para lograr un cambio de conducta en el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La pareja presidencial busca perpetuarse en el poder mediante períodos presidenciales de siete años prorrogables y procesos electorales amañados sin presencia de oposición, de acuerdo con una reforma electoral en proceso de “consulta” que la Asamblea Nacional espera aprobar a inicios de septiembre.
Daniel Ortega lleva más de 19 años atornillado en el poder. Analistas, organismos de la sociedad civil y observadores electorales internacionales han expuesto que se ha mantenido a punta de fraudes electorales y represión, como la desencadenada en abril de 2018 contra manifestantes y que hasta la fecha continúa bajo otros mecanismos represivos. El 19 de julio, el dictador dijo que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”. Como consecuencia, recibió el rechazo internacional, incluido el de Estados Unidos, que ya emprendió acciones.
El politólogo nicaragüense Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano —centro de pensamiento con sede en EE. UU.—, expone que la administración de Donald Trump ha echado a andar diferentes mecanismos y herramientas para “lograr un cambio de conducta de parte del Gobierno de Nicaragua”.
Las tres herramientas para presionar al régimen
Una de las primeras herramientas utilizadas por el gobierno norteamericano fue la solicitud de una reunión de cancilleres en la Organización de Estados Americanos (OEA). Diecisiete días después de las declaraciones de Ortega, el Consejo Permanente de ese organismo interamericano abordó la situación de Nicaragua. Ahí, la representación de EE. UU. pidió a los Estados miembros “acciones reales y colectivas”.
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La siguiente acción que se conoció fue la nominación como embajadora en Nicaragua de Natasha Franceschi, una funcionaria con amplia experiencia en escenarios de conflicto y negociaciones diplomáticas sensibles.
A esto se sumó la propuesta ante el Senado de Estados Unidos del senador republicano Ted Cruz, copatrocinada por el demócrata Timothy Michael Kaine, de reautorizar y ampliar la imposición de sanciones bajo la Ley de Condicionalidad de Inversiones de Nicaragua de 2018, conocida como Nica Act.

Manuel Orozco dice que estos tres mecanismos o herramientas “no son necesariamente coordinados y conectados, pero se interrelacionan”. El politólogo expone que las reacciones de Estados Unidos pueden verse como un aumento de los esfuerzos para presionar al régimen, pero también “puede ser una respuesta frente al tono de Ortega”.
EE. UU. firme en sus demandas
Según Orozco, el gobierno norteamericano sigue manteniendo sus demandas hacia el régimen de cesar la represión, terminar alianzas con actores no aliados y parar la migración. Respecto a la postura del representante permanente de ese país en la OEA, el politólogo dice que es un llamado a la acción para “motivar al sistema interamericano o a los países de América Latina a que hagan más presión sobre Nicaragua”.
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La represión en Nicaragua no ha cesado; organismos defensores de derechos humanos señalan que se ha recrudecido y escalado a otras formas, como la persecución fuera de las fronteras y la religiosa. El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) ha documentado la represión transnacional en al menos cuatro países, entre ellos Costa Rica, donde han ocurrido atentados mortales contra opositores, como los casos de Roberto Samcam y Jaime Luis Ortega Chavarría.
A Estados Unidos le incomodan las relaciones entre la dictadura Ortega-Murillo y los regímenes de Rusia, China e Irán, principalmente luego que la administración de Donald Trump desempolvara y echara a andar la conocida Doctrina de Monroe, resumida en la frase “América para los americanos”, que busca alejar actores extracontinentales del hemisferio occidental.
Respecto a la migración, miles de nicaragüenses han huido de Nicaragua por la represión estatal desde abril de 2018. Los principales destinos han sido Costa Rica, Estados Unidos y España.
Pendientes de Nicaragua
Para Luis Blandón, expresidente y vocero oficial de la Unión Democrática Renovadora (Unamos), las tres acciones diplomáticas de Estados Unidos “son una manera de decirle a la dictadura familiar, estamos pendientes de Nicaragua” y es “un claro movimiento estratégico, que significa un aumento en la vigilancia, el seguimiento de la crisis interna y la presión diplomática”.

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Sostiene que los acontecimientos actuales son una oportunidad para la oposición para “presentar una ruta clara y unificada” que permita lograr consenso en la OEA.
Durante la sesión del organismo interamericano, el miércoles 5 de agosto, no se aprobó la propuesta de resolución presentada por Estados Unidos en la que solicitaban una reunión de cancilleres. Dos de las principales potencias latinoamericanas, México y Brasil, optaron por la no injerencia e instaron a buscar un diálogo con la dictadura. Sin embargo, el tema de Nicaragua ya está en agenda y eso hay que “aprovecharlo”, según Blandón.
“Toca más cabildeo en México, Brasil, El Salvador y Honduras, que entiendan el serio problema regional y la crisis de derechos humanos que enfrentamos los nicaragüenses”, concluye el vocero oficial de Unamos.