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LA PRENSA publicó este jueves 30 de julio la información sobre una investigación de opinión pública del organismo cívico nicaragüense, Hagamos Democracia. Según dicho informe, ocho de cada diez nicaragüenses perciben que hay vigilancia política del Estado, o sea de la dictadura de Ortega y Murillo.
El trabajo de investigación de la opinión pública nicaragüense que hace Hagamos Democracia en Nicaragua es meritorio, además de valioso y útil, considerando lo muy difícil y arriesgado que es hacer encuestas y sondeos de cualquier clase en Nicaragua. Pero sobre todo encuestas políticas independientes y con sentido crítico.
Hagamos Democracia, que para poder seguir funcionando se vio obligada a exiliarse en Costa Rica, tiene como lema la inspiradora frase de que “Un pueblo con memoria es democracia para siempre”. Y consecuente con ese principio, desafiando y venciendo toda clase de dificultades y limitaciones realiza investigaciones sobre la opinión colectiva de los nicaragüenses —en Nicaragua—, acerca de los diversos temas socioeconómicos, culturales y políticos de interés nacional. Es una excelente manera de hacer democracia, además de preservación de la memoria histórica.
El informe de Hagamos Democracia titulado Realidad Política y Social de Nicaragua, al que hace referencia LA PRENSA, fue elaborado a partir de una consulta ciudadana realizada en junio de 2026, y sus datos “muestran una ciudadanía marcada por la presión económica, el deterioro de los servicios públicos y un creciente escepticismo sobre el futuro político del país”.
Pero por lo menos no es pesimismo, el cual es peor que el escepticismo cuyo significado principal es incertidumbre. Mientras que el pesimismo equivale a desesperanza, derrotismo y desmoralización. Y para poder recuperar la libertad y reconstruir la democracia en Nicaragua se necesita fe, esperanza y confianza en que esos objetivos son alcanzables. Y tal vez más pronto de lo que se podría creer.
Uno de los valores más importantes de las encuestas, cuando son hechas con rigor técnico, objetividad y honestidad intelectual, es que permiten saber lo que siente, quiere y opina la gente, y lo que espera de los actores y dirigentes políticos y sociales.
De manera que esta encuesta de Hagamos Democracia que muestra la alta percepción de la gente sobre la vigilancia represiva de la dictadura, y de escepticismo ante la posibilidad de un cambio positivo, los datos deberían ser utilizados por los grupos políticos opositores, organismos sociales cívicos y medios independientes de información, para infundir en la conciencia colectiva de la gente la confianza en que a pesar del sombrío e intimidante ambiente de espionaje político y represión impuesto por la dictadura, el cambio para mejorar la vida no es imposible.
La vigilancia política en un país dominado por el totalitarismo es un mecanismo ordinario de control absoluto, donde el Estado supervisa la vida pública y privada de los ciudadanos. Su objetivo es prevenir y eliminar cualquier disidencia, para lo cual anula la privacidad de las personas y trata de asegurar la obediencia total a través de la presión de la policía, las fuerzas parapoliciales, los comités de base del partido gobernante, la delación masiva y el uso malicioso de la tecnología.
Pero todo eso no lo ha inventado la dictadura de Ortega y Murillo. Es una antigua práctica perversa de los regímenes totalitarios, fascistas de derecha, comunistas y ultraizquierdistas, que sin embargo no pudieron impedir el triunfo de la libertad y la democracia en muchas partes del mundo. Como ocurrió en la antigua Unión Soviética, las Alemanias nazi y comunista, la Italia fascista y los Estados socialistas totalitarios de Europa Oriental.
Si eso ocurrió en otras partes no hay razón para que no pueda ocurrir también en Nicaragua. Esa es la certeza que hay que infundir en la conciencia individual y social de los nicaragüenses que no aceptan a la dictadura, y son la mayoría.