El PLI histórico: partido democrático que debe ser restituido a sus legítimos herederos

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La pulverización de las instituciones públicas en Nicaragua también ha alcanzado a los partidos políticos. Mientras en el Estado los poderes públicos permanecen sometidos estricta y directamente a la voluntad del dictador, sin ningún ápice de autonomía por parte de magistrados, contralores, alcaldes, diputados y demás funcionarios que gravitan en la órbita del régimen castrochavista, el destino de los partidos políticos ha sido la guillotina tiránica mediante la cancelación de sus personerías jurídicas. 

La excepción es el Partido Liberal Independiente (PLI-histórico) que, al igual que los demás, permanece soterrado bajo la bota represiva, conservando su existencia legal, aunque bloqueada su restitución a sus legítimos herederos.

El PLI-histórico, además de haber sido cooptado, mantiene un diputado tránsfuga, conocido como “zancudo”, subordinado al partido en el poder. Sin embargo, ninguna de estas tragedias, ni el martirio impuesto por una estructura política autoritaria, disminuyen su legado. Por el contrario, su trayectoria le ha otorgado una resiliencia que hoy le permite proyectarse como una de las principales puertas hacia una futura unidad opositora electoral.

Fundado en 1944, tras los primeros intentos reeleccionistas del primero de los Somoza, el PLI ha trascendido coyunturas y forma parte de la memoria democrática de Nicaragua. Su historia está ligada a algunos de los episodios más relevantes de la lucha cívica y electoral del país. Nació para ofrecer una alternativa liberal, republicana y democrática, sin servir a gobiernos continuistas ni a legitimar proyectos autoritarios.

Durante décadas fue refugio de ciudadanos que creyeron en el voto, la alternancia en el poder y el respeto a las libertades públicas. Por sus filas pasaron hombres y mujeres que entendieron la política como un servicio a la nación y no como un instrumento de dominación. Su bandera roja y la estrella blanca llegó a convertirse en un símbolo de esperanza para amplios sectores.

Precisamente por ese peso histórico, el PLI ha sido objeto de disputas políticas que, desde la perspectiva de sus dirigentes históricos, terminaron despojándolo de su conducción legítima y del ejercicio efectivo de su personalidad jurídica. Ese hecho no solo afectó a una organización política, sino también a miles de ciudadanos identificados con el liberalismo independiente.

Frente a la transición que, según diversos sectores opositores, ya ha comenzado, aunque aún no haya sido oficializada por Daniel Ortega, el proceso no puede limitarse a la convocatoria de elecciones y a la presencia de observadores internacionales. También debe reparar las injusticias políticas cometidas contra las organizaciones privadas de su representación legítima. En ese contexto, el Estado nicaragüense deberá restituir la representación legal del PLI a sus legítimos herederos históricos, entre ellos Valmore Valladares —quien actualmente enfrenta un inhumano calvario entre la casa por cárcel y el grave deterioro de su salud—, así como a otros dirigentes que han preservado los principios, la identidad y la continuidad histórica del partido.

En los últimos días han comenzado a circular filtraciones y versiones sobre presuntos acuerdos preelectorales que involucrarían a personas vinculadas al oficialismo para participar en una futura contienda utilizando la bandera y la personalidad jurídica del PLI, actualmente secuestrada. Hasta ahora, esa información no ha sido confirmada oficialmente. No obstante, de comprobarse, constituiría una grave afrenta contra la historia del partido y un intento de utilizar un símbolo democrático para conferir legitimidad a un proceso cuestionado, lo que previsiblemente encontraría un amplio rechazo de la comunidad internacional y de los nuevos esquemas de cooperación democrática y seguridad hemisférica.

Una nación que aspire a superar la pobreza, la corrupción y los viejos atavismos no solo necesita emprendedores, empresarios y profesionales capaces; también requiere partidos políticos auténticos, transparentes y libres, no estructuras subordinadas a intereses ajenos a la voluntad popular ni organizaciones controladas por mafias enquistadas en sus dirigencias.

No existen democracias sólidas con oposiciones infuncionales ni administrando desde el poder los símbolos históricos de sus adversarios. La democracia se fortalece respetando la voluntad ciudadana, garantizando igualdad de condiciones para todas las fuerzas políticas y devolviendo a cada institución su verdadera identidad.

En esta etapa de su historia, el PLI histórico ha compartido con el pueblo nicaragüense y con la comunidad internacional su lucha por la recuperación de su representación legal. Al mismo tiempo, ha defendido el derecho de otras organizaciones políticas, como el Partido Evangélico, Ciudadanos por la Libertad (CxL), Partido Conservador y los sectores del relevo generacional vinculados a la Resistencia Nicaragüense, “la Contra”, con sus estructuras del relevo generacional, promoviendo una cultura de respeto, sinergia, empatía y sana competencia política, lo que supone dejar atrás prácticas excluyentes y comprender que las personerías jurídicas pueden cambiar de manos, pero la herencia, la legitimidad y el legado histórico jamás.

El autor es escritor nicaragüense exiliado en Estados Unidos, columnista internacional, vocero del Partido Liberal Independiente (PLI-histórico) y secretario general del PLI-Internacional.

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