Eliana García, embarazada de 38 semanas, corrió a un campo de béisbol la tarde del 24 de junio, cuando dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 golpearon el estado La Guaira, PAULA RAMÓN/AFP

Eliana García, embarazada de 38 semanas, corrió a un campo de béisbol la tarde del 24 de junio, cuando dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 golpearon el estado La Guaira. PAULA RAMÓN/AFP

La increíble historia de Eliana García que parió su bebé a la hora de los terremotos en Venezuela

Eliana rompió fuente cuando huía en medio de edificios que colapsaban en masa y dio a luz en un campo de beisbol

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Los médicos le habían dicho a Eliana García que su primer hijo tendría que nacer por cesárea. Pero cuando las contracciones se adelantaron mientras se resguardaba junto a su familia del violento doble sismo que sacudió Venezuela, no le quedó más remedio que parir.

García, embarazada de 38 semanas, corrió a un campo de béisbol la tarde del 24 de junio, cuando dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon el estado La Guaira, en la costa venezolana.

Allí buscaron refugio junto a decenas de personas que evitaban las calles bordeadas de edificios que se desplomaban como un pesado dominó, cuando la joven de 19 años sintió un líquido escurriéndole entre sus piernas.

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Doctores preveían una cesárea

Los médicos le habían dicho a la madre primeriza que no podía parir de forma natural por tener la pelvis estrecha. Una cesárea estaba programada para una semana después, pero comenzaron las contracciones.

«Sentía como ganas de hacer pipí. Pero pujaba y pujaba y como no salía nada entendí que el bebé venía», dice García a la AFP en un refugio.

La acostaron sobre la única sábana que lograron sacar en medio de la estampida, en un reflejo de protección por su avanzado embarazo.

Era la madrugada del 25 de junio. A oscuras y descalza, su cuñada Julia Di Giuseppe fue en busca de ayuda. 

Un infierno alrededor

A su alrededor, la ciudad costera que en otras circunstancias habría seguido las celebraciones de San Juan, era un hervidero de gritos, llantos, socorristas escalando las ruinas para auxiliar a personas atrapadas en edificios y motos zigzagueando entre los escombros.

 
Nadie atendió las súplicas de Di Giuseppe, quien regresó al campo de béisbol justo para escuchar que su cuñada estaba dando a luz.

«Ahí le rogué a una paramédica que estaba buscando a sus familiares entre las ruinas, y ella, pues, se puso a ayudar», cuenta la mujer de 37 años.

Asistida por una noble paramédica

El niño se llamará Gael Jesús, confesó Eliana García, la joven madre. PAULA RAMÓN/AFP
El niño se llamará Gael Jesús, confesó Eliana García, la joven madre. PAULA RAMÓN/AFP

Sin agua ni guantes, y apenas con alcohol en gel, la paramédica asistió el parto alumbrada por las linternas de los teléfonos que aún tenían batería.

García, rodeada por decenas de personas que olvidaron por unos segundos sus dramas personales, comenzó a pujar… entre las réplicas del doble sismo.

El bebé, varón para sorpresa de la familia que esperaba una niña, nació pero no lloró.

Una salva de aplausos lo habría hecho llorar, o al menos así lo recuerda Di Giuseppe.

«Ahí no teníamos cómo cortar el cordón, y la gente comenzó a quitarse las colitas del cabello y lo amarramos en dos extremos, con mucho alcohol» para cortarlo con unas tijeritas de uñas.

García no recuerda nada más a partir de entonces. 

Sus familiares la cargaron como pudieron, primero en brazos, luego en una carreta motorizada, y finalmente en una ambulancia que la dejó en un hospital público.

Desbordados por los heridos de los terremotos, los médicos la atendieron, pero no había vacunas para inmunizar al bebé.

Toda la familia fue reubicada en un colegio público que sirve como refugio en La Guaira, la región costera más golpeada por el doble sismo que ya acumula más de 3.600 muertos, según cifras oficiales. 

Dos sobrinas murieron

Di Giuseppe rompe en llanto al ver al bebé mientras su madre lo amamanta: «Lo salvamos a él, pero perdimos a nuestras dos sobrinas».

Las niñas, de 14 y 11 años, fueron encontradas entre los escombros del edificio popular en el que vivían. Desfiguradas por toneladas de concreto, su padre las reconoció apenas por la pulsera plateada que la mayor llevaba en el brazo.

La madre de las pequeñas, que es hermana de García, y un sobrino están desaparecidos, algo que no da paz a la familia. 

Eliana García ya había decidido el nombre de la que creía sería su primogénita. Aunque si los pronósticos fallaban y nacía varón, pensaba llamarlo Daniel Eduardo. 

«Pero mi hermana siempre me decía que le pusiera Gael», solloza la joven. «Así que por ella decidí llamarlo Gael Jesús. Es mi forma de tenerla aquí».

Por Paula Ramón en Maiquetía, Venezuela

Gael Jesús y su mamá están por ahora en una escuela local que sirve como refugio. Otras chicas refugiadas ayudan a Eliana a cuidar al bebé. PAULA RAMÓN/AFP
Gael Jesús y su mamá están por ahora en una escuela local que sirve como refugio. Otras chicas refugiadas ayudan a Eliana a cuidar al bebé. PAULA RAMÓN/AFP

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