La galardonada cineasta venezolana Mariana Rondón habló con AFP en Bogotá. ESTEBAN VEGA LA-ROTTA/AFP

La galardonada cineasta venezolana Mariana Rondón habló con AFP en Bogotá. ESTEBAN VEGA LA-ROTTA/AFP

«Es muy difícil hablar de esperanza» en Venezuela tras la tragedia, dice premiada directora de cine

"No hay ninguna solución de afuera que nos pueda aliviar, pero tampoco la hay desde adentro", afirma la cineasta venezolana Mariana Rondón

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Venezuela ya estaba devastada y llegaron los terremotos. Para la galardonada cineasta venezolana Mariana Rondón «en este momento es muy difícil hablar de esperanza» porque siente que «no hay salida» para su país, lamenta en una entrevista con la AFP en Bogotá.

Ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 2013, no puede esconder una mirada triste cuando habla del doble sismo que sacudió el estado de La Guaira hace un par de semanas y dejó más de 3.500 muertos.

Desde entonces se enferma, «como todo el mundo, viendo esas imágenes sin parar» sobre la desesperación y el rescate de cientos de pobladores bajo un manto de ruinas. 

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Hondo pesimismo

«Es muy difícil porque no, no hay salida. Lo que estamos es cada vez más dolidos, cada vez más heridos y sin perspectivas de hacia dónde ir. No hay ninguna solución de afuera que nos pueda aliviar, pero tampoco la hay desde adentro», dice la cineasta de 60 años en el marco del Bogotá Audiovisual Market (BAM).

Codirigida con la peruana Marité Ugás, su última película, «Aún es de noche en Caracas», aborda un colapso político en el país y parece más vigente que nunca, aunque fue concebida antes de los terremotos y la caída del expresidente Nicolás Maduro en enero.

«Yo creo que hay una cosa (…) que quedó clara en el terremoto y que está clara en la película y es que estamos solos. Nos toca trabajar en conjunto (…) para poder sobrevivir, para poder sacar adelante ese país», dice Rondón. 

Los migrantes identificados con su última obra

Basado en la novela «La hija de la española», de la venezolana Karina Sainz Borgo, el filme es un thriller distópico sobre lo que significa la pérdida en un país que se desmorona. 

Los actores y equipo detrás de cámaras participaron en ensayos para llevarlos «al límite» y que «el espectador que no lo estaba viviendo, pudiera entender de lo que se trata que tu vida cotidiana se resquebraje», explica Rondón, que vive entre México y Perú. 

La película no pudo estrenarse en salas de Venezuela, pues no cuenta con la aprobación oficial, pero parte de los millones de migrantes que huyeron de la crisis se han sentido identificados, añade.

Rodada enteramente en México y atravesada por temas universales, es una historia que resuena fuera de Venezuela.

Habla de «un mundo donde la democracia está tan frágil que en cualquier momento todo se quiebra, donde los populismos (…) pueden resquebrajar todo el tejido social y empezar a someter a la gente a un mundo sumamente violento», cuenta.

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Una familia de guerrilleros y mucha política

Vivimos en «un mundo donde la democracia está tan frágil que en cualquier momento todo se quiebra», sostiene la cineasta venezolana Mariana Rondón. ESTEBAN VEGA LA-ROTTA/AFP

Hija de exguerrilleros del las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) de Venezuela, su infancia estuvo marcada por la clandestinidad y el desplazamiento familiar. 

Estudió en Cuba y Francia, y asegura que «la mayoría» de sus películas son políticas. Hacer películas desde el exilio ha sido a la vez un motor de inspiración y un calvario cuando se torna en un espejo incómodo para el gobierno en Venezuela.

Le interesa particularmente «cómo el ejercicio del poder» termina afectando «la intimidad» y «la cotidianidad» de sus personajes. 

«Pasé casi diez años sin dirigir películas», después de «Pelo Malo», ganadora de la Concha de Oro, cuenta.

«Te planteas que no tienes país, que no tienes fondos» y es «terrible porque te tienes que replantear completamente tu vida». «Pero por otro lado, también te despojas de un montón de cosas superficiales que te impedían hacer películas», asegura.

Rondón dará una charla sobre «hacer los sueños posibles» en el cine, durante el BAM.

Pero «hace tiempo que no sueño», dice como abrebocas. 

¿Sueña con volver a Venezuela?

«Sí, pero todos sabemos que el país del que nos fuimos ya no existe. Ese ya no fue ni será. Ojalá exista uno mejor», responde.

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