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LA PRENSA y otros medios de comunicación independientes informaron que el obispo emérito de Estelí, monseñor Juan Abelardo Mata, fue secuestrado el lunes de esta semana por fuerzas represivas de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, enemiga jurada de la Iglesia católica.
La información fue confirmada de hecho por el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, quien se encuentra en el exilio y ha sido despojado por la dictadura de su nacionalidad nicaragüense.
“Me indigna profundamente y repruebo en modo absoluto la agresión cometida por la policía del régimen contra mi hermano Mons. Juan Abelardo Mata, obispo emérito de Estelí”, escribió monseñor Báez en sus redes sociales. Y agregó: “Estas cobardes acciones solo demuestran la debilidad e irracionalidad de una dictadura criminal”.
Según las informaciones, el obispo emérito Mata reside en Tisma, departamento de Masaya, y tenía prohibido por la dictadura llegar a Estelí. Sin embargo, a pesar de la ilegal prohibición Mata fue a dicha ciudad la semana pasada, con motivo de la fiesta católica de San Juan y la celebración de su 80º cumpleaños. Puesto en Estelí, el obispo emérito fue invitado a oficiar una misa el domingo 28 de junio en una parroquia de la localidad, y en la homilía llamó a orar por la Iglesia perseguida de Nicaragua, en particular por los obispos, sacerdotes y demás servidores religiosos que han sido perseguidos y desterrados.
Al parecer eso es un delito para la dictadura anticatólica de Nicaragua, de manera que al día siguiente el obispo Mata y una acompañante fueron retenidos durante varias horas por la Policía de Estelí, y trasladados a Tisma.
Sin embargo, al día siguiente monseñor Mata fue secuestrado por una fuerza policial, lo mismo que el cura titular y un diácono de la parroquia de Estelí donde el obispo emérito ofició la misa y pronunció la homilía que enfureció a los codictadores. Finalmente, según informó LA PRENSA este miércoles 1 de julio, monseñor Juan Abelardo Mata fue dejado en libertad parcial con casa por cárcel.
Cabe destacar que en los medios de comunicación independientes no se dijo que monseñor Mata había sido detenido, sino que fue secuestrado. Es que la detención significa otra cosa, es un procedimiento legal o “una medida cautelar provisional que consiste en la privación temporal de la libertad ambulatoria de una persona, ordenada por una autoridad competente”.
El secuestro, en cambio, es la privación de su libertad de forma ilícita a una persona o grupo de personas. Y en países donde imperan feroces dictaduras represivas, como Nicaragua, el secuestro es perpetrado habitualmente por policías, agentes de seguridad del Estado o grupos paramilitares.
Como se ha dicho muchas veces, el secuestro y la desaparición forzada de personas perpetrados por agentes del Estado es un crimen de lesa humanidad tipificado en el Estatuto de Roma, que es la ley constitutiva del Tribunal Penal Internacional.
Precisamente la dictadura de Nicaragua ha sido denunciada reiteradamente por cometer ese y otros crímenes de lesa humanidad. Y en algunos foros y organismos internacionales, incluso se ha pedido que en aplicación del principio de la jurisdicción universal los codictadores de Nicaragua sean acusados ante la justicia penal internacional. Pero hasta ahora ningún gobierno democrático, cuyo ordenamiento legal reconoce ese principio, se ha decidido a hacerlo.
Es evidente que los codictadores se consideran impunes por la falta de acciones concretas de la comunidad democrática internacional, que no pasa de las declaraciones verbales y escritas contra los crímenes de la dictadura.
Y mientras pasa el tiempo se siguen y seguirán repitiendo los secuestros de personas, inclusive de religiosos como ha sido esta vez el caso de monseñor Juan Abelardo Mata. Quien gracias a Dios fue dejado preso en su casa y no secuestrado y hecho desaparecer en algún inmundo calabozo de la dictadura.