Momento en que el Johnny es rescatado. Él era uno de los cuatro pescadores nicaragüenses perdidos en alta mar tras naufragio en Costa Rica. Foto: Video compartido por LA PRENSA y tomado de redes sociales.

Momento en que Johnny es rescatado. Él era uno de los cuatro pescadores nicaragüenses perdidos en altamar tras naufragio en Costa Rica. Foto: Video compartido por LA PRENSA y tomado de redes sociales

Cuatro vidas a la deriva: la odisea de pescadores nicaragüenses que sobrevivieron a naufragio en Costa Rica

Dos de los sobrevivientes narraron a LA PRENSA los momentos más desesperantes que pasaron en altamar creyendo que no volverían a sus hogares

«Como un milagro» describe el nicaragüense Johnny Humberto Rodríguez Oporta su rescate en altamar, ocurrido el pasado martes 9 de junio en el Pacífico Norte de Costa Rica, tras permanecer desaparecido durante más de 30 horas, luego de que la embarcación en la que viajaba, junto con otros pescadores también nicaragüenses, se volcara.

En entrevista con LA PRENSA, Johnny Rodríguez, quien actualmente reside en Liberia, Guanacaste, recordó con nostalgia y estremecimiento las horas de angustia que vivió aferrado a la embarcación volcada en medio del océano, mientras mantenía la esperanza de ser rescatado. “Gracias a Dios estoy con vida; Él hizo el milagro, Él hizo todo”, expresó, aún conmovido y a pocos días de celebrar sus 32 años.

Todo comenzó la mañana del sábado 6 de junio. Eran las 5:00 a.m. cuando Johnny Rodríguez decidió zarpar hacia el Pacífico como parte de sus labores de pesca, uno de los oficios que aprendió desde muy joven y que, según contó, había retomado recientemente tras dedicarse por un tiempo a la construcción. Iba acompañado de Ariel Agustín Cordonero Sánchez, de 29 años; Arsenio José Aguirre Espinoza, quien era el capitán de la lancha, y el hijo de este último, José Aguirre.

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Los cuatro pescadores partieron desde Quepos, Puntarenas, con la intención de llegar al día siguiente hasta Playa Tamarindo, en Santa Cruz. Todos iban a bordo de la embarcación Kila, con algo de temor, pero decididos a avanzar a pesar de las condiciones climáticas. Comenzaron a ser azotados por las olas y los fuertes vientos cuando pasaban por Cabo Blanco.

Creían que podrían llegar hasta Playa Tamarindo o, en su defecto, a alguna isla donde refugiarse. Sin embargo, ya el domingo, poco antes de alcanzar su destino, el capitán decidió no continuar por temor a que ocurriera lo que parecía inminente: que la lancha se volcara. Aunque tenía experiencia en esas aguas, nunca las había visto tan bravas, según relató Johnny Rodríguez, quien es padre de dos niñas de 15 y 7 años, y un varón de 12.

No pudieron usar salvavidas

Fue en Playa Lagarto donde esperaron durante varias horas antes de continuar su trayecto hacia el norte del Pacífico costarricense. Cerca de las 10:00 de la noche del domingo 7 de junio, una ola estuvo a punto de volcar la embarcación, pero no lo logró. El miedo los invadía, por lo que decidieron mantenerse en espera y en constante alerta. Incluso bajaron los chalecos salvavidas como medida de precaución.

El nicaragüense Johnny Humberto Rodríguez Oporta, de 31 años, quien estuvo desaparecido en alta mar del Pacífico Norte de Costa Rica. Foto: Noticias Trivisión.
El nicaragüense Johnny Humberto Rodríguez Oporta, de 31 años, quien estuvo desaparecido en altamar del Pacífico Norte de Costa Rica. Foto: Noticias Trivisión.

Sin embargo, alrededor de las 2:00 de la madrugada del lunes, una ola finalmente los derribó y los lanzó al agua. No hubo tiempo de utilizar los salvavidas ni de recurrir a botellas vacías; cada uno intentó, por sus propios medios, evitar morir ahogado. Johnny Rodríguez recordó que tragó mucha agua en ese momento y que en su desesperada búsqueda por mantenerse a flote encontró la embarcación volcada.

Se aferró a ella como si fuera su última esperanza de vida. «Me agarré, pero en ese momento no lograba ver a ninguno de mis compañeros», relató, mientras aseguraba haber escuchado al capitán gritar pidiendo ayuda.

Desde ese instante comenzó una pesadilla de más de 30 horas a la intemperie, solo, sin compañía ni alimentos, en altamar. Revivió ese episodio como uno de los hechos más traumáticos de su vida. Recordó que la madrugada de ese lunes y las horas de la noche fueron los momentos más desesperantes que vivió: la ansiedad y el desaliento se apoderaron de él ante el temor de no ser rescatado, aunque mantenía su fe puesta en Dios.

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Señaló que durante ese tiempo evitó incluso hablar para no sentir más cansancio ni sed. No había agua dulce, por lo que debía resistir la necesidad de beber. Sus ojos estaban agotados por la falta de sueño y su cuerpo comenzaba a colapsar debido a la deshidratación. Sin embargo, en medio del silencio del mar, oraba con fe para que alguna embarcación llegara en su auxilio.

«Sin comer, sin beber nada, porque no había de dónde ni cómo; la lancha ya estaba desbaratada. En las horas más difíciles me aferré a Dios, pidiéndole fuerza y valentía para mantenerme positivo y no caer en el pánico. Recuerdo que no miraba nada más que agua», expresó.

Desde el lunes lo acompañaban unas banderas que podían servir como señal de su ubicación, pero 24 horas después el mar se las llevó. Pensó en lanzarse para recuperarlas, pero desistió al considerar el riesgo de enredarse en los cables y ahogarse. Entonces continuó esperando.

Un rescate emocionante

Fue la mañana del martes, horas antes de su rescate, que estuvo a punto de perder la paciencia; incluso creía que estaba perdiendo la cordura. Para ese día, el oleaje y la lluvia habían cesado, y el sol comenzaba a aparecer. Al marcar las 12:00 del mediodía, el cielo lucía despejado, mientras él empezaba a sentirse abrumado por la ansiedad y el desánimo. El hambre y la sed ya lo golpeaban con fuerza.

Sin embargo, una «luz al final del túnel» le devolvió la esperanza y le dio la mayor alegría de su vida. En más de 15 años dedicándose a la pesca nunca había anhelado tanto salir del mar y no volver, como en ese momento. Mientras se aferraba a la lancha volcada y agitaba su camisa, alrededor de las 2:00 de la tarde una embarcación comenzó a acercarse desde la distancia.

Fue uno de los momentos más emocionantes de su vida. Empezó a llorar cuando los tripulantes le gritaron que llegaban por él. Con emoción y alivio, aseguró que «fue un milagro de Dios». «No sé cómo explicarlo; fue algo que sinceramente le pedí tanto a Dios», recordó Johnny Rodríguez.

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En la embarcación de rescate le brindaron alimento, agua y abrigo. Finalmente, lograron llegar a la orilla, en Santa Cruz, donde ya lo esperaban sus amigos y los otros pescadores nicaragüenses, quienes también habían sobrevivido con valentía y determinación al nadar sin descanso durante varias horas, aferrados a botellas vacías. Fueron los primeros en aparecer tras el naufragio.

Ariel Agustín Cordonero Sánchez relató a LA PRENSA que utilizó una boya como medio de transporte hasta tierra firme. Nadó durante más de seis horas junto al capitán, quien logró reunirse con él tras el naufragio. Por su parte, el hijo del capitán usó una botella vacía para mantenerse a flote y alcanzar la orilla.

El abrazo a su familia

Ariel Cordonero, padre de tres hijos y originario de Masachapa, Managua, recordó que tras el vuelco de la embarcación, comenzó a nadar sin rumbo. Decidió no sujetarse a la lancha, pues temía que pudiera hundirse, y optó por aferrarse a otro objeto para mantenerse a flote mientras las fuertes olas lo azotaban. En ese momento, una boya lo golpeó con fuerza, y desde entonces se sostuvo de ella para sobrevivir.

Ariel Agustín Cordonero Sánchez, otro de los pescadores nicaragüense que sobrevivió a un naufragio en Costa Rica. Foto: Cortesía/Ariel Cordonero.
Ariel Agustín Cordonero Sánchez, otro de los pescadores nicaragüenses que sobrevivió a un naufragio en Costa Rica. Foto: Cortesía/Ariel Cordonero.

Mientras las olas seguían golpeando, él se alejaba cada vez más de la embarcación, sin saber nada del paradero de sus compañeros. En su lucha contra el viento y la marea, comenzó a nadar en dirección a la orilla. En ese recorrido, apenas iniciado, logró rescatar al capitán, quien, entre patadas desesperadas, seguía aferrándose a la vida para no hundirse ni ahogarse.

«Ambos tomamos la decisión de nadar hacia la orilla», expresó el pescador. Fueron alrededor de seis horas de nado. Entre el cansancio y el miedo, continuaron avanzando, incluso contra la fuerza de la marea, que parecía alejarlos de la boya que los mantenía a flote.

Ariel relató que alrededor de las 8:00 de la mañana de ese lunes lograron llegar a tierra firme. Aunque no conocía la zona, recordó que se trataba de una hacienda llamada Pinilla, cercana a Playa Tamarindo, la cual describió como un lugar exclusivo.

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Al llegar, pidieron ayuda y fueron auxiliados por paramédicos de la Cruz Roja Costarricense (CRC). El hijo del capitán, milagrosamente, fue el primero en alcanzar la orilla y ya estaba siendo atendido por personal médico.

«Dicen que el hijo del capitán llegó antes que nosotros. Se le hizo más fácil nadar hasta la orilla porque iba solo y, según entiendo, se aferró a una pichinga de agua vacía, mientras que yo venía con su papá», añadió.

Volvieron a Nicaragua

Tras esta experiencia, marcada por la esperanza y la fe, cada uno regresó a su hogar y coincidieron en no volver a la pesca. En el caso de Ariel, considera que, al menos por un tiempo, es mejor alejarse del mar mientras él se recupera emocionalmente, ya que reconoce que la pesca es su vida y no podría abandonarla de forma definitiva.

Lancha Kila que tripulaban los cuatro pescadores nicaragüense que naufragaron el pasado lunes 8 de junio en el Pacífico norte de Costa Rica. Foto: Erwin Vlogs/Facebook.
Lancha Kila tripulada por los cuatro pescadores nicaragüenses que naufragaron el pasado lunes 8 de junio en el Pacífico norte de Costa Rica. Foto: Erwin Vlogs/Facebook.

Por su parte, Johnny cree que lo más prudente es dejar esa labor como una etapa superada y aprovechar esta nueva oportunidad que le da la vida. «Ya no vuelvo a la pesca», insistió el último nicaragüense rescatado.

En tanto, el capitán decidió regresar a su casa en San José, Costa Rica, donde vive con su familia, mientras que su hijo volvió a Masachapa, de donde es originario y desde donde migró junto a Ariel para trabajar una temporada en la pesca.

Sucesos Costa Rica naufragio nicaragüense pescador

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