Se debería exigir a Putin que restaure la democracia local en Rusia

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Mientras los húngaros celebran la derrota del populismo autoritario y los estadounidenses conmemoran 250 años de libertad, los rusos también pueden anhelar el fin de la dictadura corrupta del presidente Vladimir Putin. Sin embargo, harían bien en recordar que la Declaración de Independencia de Estados Unidos, por ejemplo, no fue solo una proclamación idealista de derechos, sino también una declaración práctica sobre la importancia de empoderar a los consejos locales elegidos por el pueblo.

Desde que las revoluciones estadounidense y francesa tomaron caminos tan radicalmente diferentes, la democracia ha tenido más probabilidades de sobrevivir y prosperar cuando tiene fuertes raíces en la política local. Este mensaje debería resonar en los rusos que recuerdan su propia historia. Después de todo, incluso Lenin reconoció el valor de llamar a su régimen “soviético”, tras su falsa promesa de empoderar a los consejos locales en 1918.

Por supuesto, no fue hasta 1990 que el gobierno soviético, bajo el mandato de Mijaíl Gorbachov, permitió a la ciudadanía elegir entre candidatos en elecciones regionales competitivas. Pero esa decisión resultó ser transformadora. La introducción de la democracia local generó una fuerza irresistible de rendición de cuentas popular que se extendió a los niveles superiores del gobierno, culminando en la disolución de la Unión Soviética en diciembre de 1991.

Antes de las elecciones de 1990, muchos expertos habían asumido que el principal efecto de la democracia local sería brindar mayor autonomía a las regiones pobladas por minorías étnicas. Pero los rusos étnicos y las minorías valoraban la importancia de un gobierno responsable a nivel local. Incluso en Tatarstán, donde los rusos étnicos representaban aproximadamente el 42 por ciento de la población, un referéndum sobre autonomía regional celebrado en 1992 se aprobó con más del 61 por ciento de los votos. Quienes hoy buscan restaurar la democracia en Rusia deberían recordar esta lección crucial sobre el amplio atractivo del autogobierno local.

Sin duda, el curso posterior de la política local en Rusia fue más problemático y a menudo decepcionante, con procesos empañados por el fraude electoral en muchas regiones. Pero los votantes continuaron exigiendo rendición de cuentas política en las elecciones regionales, y una fracción considerable de los funcionarios en ejercicio que se presentaron a la reelección entre 1995 y 2004 fueron destituidos.

Tras la llegada de Putin a la presidencia de Rusia en el año 2000, sus primeras medidas para reinstaurar el autoritarismo se centraron en debilitar y desmantelar las instituciones de la democracia local. Después de que se suspendieran las elecciones para gobernadores regionales en 2004, los gobernadores y alcaldes pasaron a depender de la aprobación del Kremlin, no de sus votantes, y el gobierno local se convirtió en un instrumento efectivo de control central. Los consejos locales electos quedaron con escaso o nulo poder real, y las últimas voces de la oposición democrática fueron silenciadas tras la imposición de facto de la ley marcial en 2022.

Además, los primeros años de la década de 1990, cuando las esperanzas para la democracia local en Rusia eran más altas, lamentablemente también se recuerdan como un período doloroso de debilidad del gobierno central en medio de los enormes desafíos de la transición económica del comunismo. Sin embargo, las democracias exitosas en todo el mundo han demostrado que la descentralización de un poder sustancial a los gobiernos locales electos no es incompatible con un gobierno central fuerte.

Entre las democracias prósperas de la OCDE, por ejemplo, las autoridades subnacionales con responsabilidad local suelen gestionar entre el 20 por ciento y el 50 por ciento del gasto público, dejando la mayor parte del presupuesto público bajo el control de los líderes nacionales electos. Cuando las reformas de descentralización en Ucrania después de 2015 asignaron una parte significativa de los ingresos públicos a un nuevo sistema de gobiernos municipales elegidos localmente, el efecto fue reforzar la resiliencia nacional de Ucrania frente a los desafíos posteriores de una guerra a gran escala.

Así, los rusos de hoy pueden tener la certeza de que unos gobiernos locales responsables, con poder real para servir a sus comunidades, no tienen por qué ir en detrimento de un gobierno central fuerte y eficaz. Por supuesto, el Kremlin intentará utilizar su control de los medios de comunicación para limitar la difusión de estos mensajes democráticos. Pero estos mensajes aún pueden calar si conectan con las aspiraciones de la ciudadanía de mejores servicios públicos.

También es cierto que la viabilidad de la democracia local en Rusia puede depender de reformas a las disposiciones legales e institucionales que los gobernantes han utilizado para reprimir a la oposición. Por lo tanto, quienes defienden la democracia rusa deberían elaborar propuestas de reforma, basadas en el conocimiento de expertos, que proporcionen una base institucional más sólida para el gobierno local democrático, comenzando por subsanar las lagunas legales que las autoridades han utilizado para descalificar a los candidatos de la oposición.

Con planes de reforma razonables, los grupos de oposición democrática deberían animar a los rusos de todo el país a considerar cómo un gobierno local con rendición de cuentas electoral podría mejorar sus vidas. Cada mensaje —ya sea difundido a través de las redes sociales o de lo que los disidentes de la era soviética llamaban samizdat— que ayude a la gente de Rusia a imaginar un futuro más democrático en sus comunidades locales presentaría una alternativa muy necesaria a la actual opresión militarizada, que parece ser lo único que el régimen de Putin tiene para ofrecer a su pueblo. Fue Putin quien destruyó la promesa de la democracia local en Rusia; ahora, se le debe exigir que la restaure.

Solo un gobierno democráticamente responsable puede brindar los servicios públicos necesarios para mejorar el bienestar del pueblo ruso. Si bien un renacimiento democrático exitoso en Rusia puede llevar tiempo, los crecientes costos de la corrupción y la guerra bajo el régimen autoritario de Putin exigen urgentemente nuevos esfuerzos para impulsar la rendición de cuentas política en todas las regiones. Comenzando con iniciativas pequeñas, los defensores de la democracia podrían, al igual que una generación anterior, promover cambios que antes parecían inimaginables.

El autor es premio Nobel de Economía de 2007, profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Chicago.

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí