La captura mediática fracasó en Hungría, y Estados Unidos podría ser el próximo

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Las recientes elecciones en Hungría supusieron un duro revés para el ex primer ministro Viktor Orbán y su partido Fidesz, tras 16 años de erosión democrática bajo su mandato. Los votantes rechazaron de forma abrumadora la particular «democracia iliberal» de Orbán, adoptada por aspirantes a autócratas en todo el mundo, lo que constituyó un rotundo recordatorio de que el cambio aún es posible, incluso cuando la oposición parece desesperanzada.

La destitución de Orbán es también una prueba del poder del periodismo independiente. Durante su mandato, los medios de comunicación independientes de Hungría trabajaron bajo una enorme presión para denunciar la asombrosa corrupción y los abusos de poder de su gobierno. En los últimos 16 años, ofrecieron un flujo constante de información fidedigna sobre los excesos, los escándalos y la corrupción del régimen, en medio de una avalancha de propaganda y desinformación producida por los medios estatales.

En un momento en que la democracia está siendo atacada a nivel mundial, la experiencia de Hungría subraya el papel indispensable de una prensa libre en la defensa contra la autocracia. Al denunciar la corrupción y exigir responsabilidades a los líderes, el periodismo independiente constituye un poderoso antídoto contra la propaganda y las falsedades que sustentan los regímenes autoritarios.

La derrota electoral de Fidesz también pone de manifiesto una grave deficiencia en el modelo de control mediático que Orbán implementó y que aspirantes a autócratas de todo el mundo han intentado emular. En esencia, se basa en la premisa de que los sistemas mediáticos pueden controlarse y utilizarse como instrumentos de poder político. Sin embargo, este resultado no es inevitable y, de hecho, puede revertirse.

Como demuestra la experiencia de Hungría, los vastos sistemas de propaganda no son ni impermeables ni infalibles. Al final de su mandato, el gobierno de Orbán y sus aliados controlaban aproximadamente el 80 por ciento del panorama mediático del país, incluyendo la televisión y la radio públicas y privadas, los periódicos nacionales y regionales, y los medios digitales, junto con una extensa red de influencers y troles en línea. Sin embargo , ni siquiera ese enorme aparato fue suficiente para asegurar la victoria en las urnas.

Esto debería hacer sonar las alarmas entre los líderes autoritarios de Europa y de otros lugares, especialmente entre el presidente estadounidense Donald Trump. Durante el último año, su administración y sus partidarios multimillonarios han intentado replicar el modelo de Orbán, transformando la industria mediática estadounidense, sobre todo mediante la fusión pendiente entre Paramount Skydance y Warner Bros. Discovery, que concentrdo pondría a importantes medios de comunicación —como CNN y CBS— en manos afines a MAGA.

Lo que distingue el modelo húngaro de control mediático de formas más manifiestas de represión —como la censura de información crítica, el cierre de periódicos o el encarcelamiento de periodistas— es que busca cooptar a la prensa en lugar de silenciarla. Los medios de comunicación son adquiridos por propietarios afines al régimen, los organismos reguladores se politizan y la publicidad se utiliza para recompensar la cobertura favorable. Mientras tanto, las emisoras públicas se debilitan, se contrata personal leal al régimen o se les retira la financiación.

Estas estrategias requieren ingentes recursos y la cooperación de élites empresariales dispuestas a sacrificar la democracia por beneficios económicos. En Hungría, el imperio mediático de Orbán se construyó con miles de millones de euros procedentes de fondos públicos malversados por empresas y propietarios de medios afines a Fidesz.

Los oligarcas tecnológicos que ahora apoyan a Trump parecen estar haciendo un cálculo similar: ofrecer lealtad política a cambio de beneficios económicos y lucrativos contratos gubernamentales. Tres de los hombres más ricos del mundo —Jeff Bezos de Amazon, Larry Ellison de Oracle y Elon Musk— han sido fundamentales en los esfuerzos de Trump por construir un ecosistema mediático alineado con MAGA que pudiera funcionar como su máquina de propaganda personal.

Si bien estas tácticas pueden ser más sutiles que las empleadas por regímenes abiertamente autoritarios, el objetivo es el mismo: despojar a los medios de comunicación de su función de vigilancia y transformarlos en un instrumento al servicio de quienes ostentan el poder. Como Orbán les dijo a los fieles de MAGA en la Conferencia de Acción Política Conservadora en Budapest en 2022, la clave del poder es “tener tus propios medios de comunicación”.

Durante ese mismo discurso, Orbán sugirió que Tucker Carlson —que por entonces aún formaba parte de la órbita de Trump— debería ser transmitido a la audiencia estadounidense «las 24 horas del día, los 7 días de la semana». Este comentario puso de manifiesto el principal defecto de su modelo de propaganda: la creencia de que inundar al público con mensajes a favor del régimen garantiza el control.

La maquinaria propagandística de la Unión Soviética se basaba en la misma premisa falsa y, en última instancia, resultó mucho menos eficaz de lo que parecía. Las noticias e ideas independientes circulaban a través de periódicos clandestinos, panfletos y libros que pasaban de lector a lector, mientras que millones de personas en todo el bloque soviético —incluidos funcionarios comunistas— sintonizaban las emisiones de radio occidentales para obtener información fidedigna sobre sus propios países.

Lo que líderes como Orbán suelen subestimar es la resiliencia y la determinación de los medios independientes para sacar la verdad a la luz. Los medios pueden ser censurados, controlados o clausurados, pero los periodistas y las redacciones seguirán encontrando la manera de cumplir la función esencial de una prensa libre: investigar, publicar e informar.

La experiencia reciente de Hungría es un buen ejemplo. Incluso después de años de intimidación política y campañas de desinformación respaldadas por el Estado, la demanda de verdad demostró ser más fuerte que las fuerzas que buscaban suprimirla.

La autora es directora de Incidencia Política en el Instituto Internacional de Prensa.

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

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