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Los recientes avances en IA han generado grandes expectativas de aumentos sustanciales en la productividad. Los primeros estudios, como uno que muestra que la IA incrementó la productividad de los agentes de atención al cliente en un 15 por ciento de media (con un aumento mucho mayor para los trabajadores con menos experiencia), así como la evidencia emergente de aumentos de productividad impulsados por la IA en datos macroeconómicos, han aumentado aún más las esperanzas de un auge en la producción por trabajador.
Como ocurre con innovaciones anteriores, una cuestión clave es cómo se distribuirán los beneficios del aumento de la productividad. Históricamente, los avances tecnológicos han transformado los mercados laborales y, a menudo, han ampliado las brechas salariales y de empleo entre las personas según su nivel educativo. Más de la mitad de los cambios generales en la estructura salarial de Estados Unidos durante las últimas cuatro décadas se pueden atribuir a una disminución relativa de los salarios de los trabajadores manuales en la industria manufacturera y de los empleados administrativos cuyas tareas rutinarias podrían automatizarse.
Muchos temen que la IA incremente la desigualdad. Sin embargo, el hecho de que, a diferencia de las tecnologías anteriores, estos sistemas puedan realizar tareas cognitivas complejas plantea la posibilidad de que la IA democratice las habilidades. En otras palabras, la IA podría permitir que trabajadores con formación académica limitada realicen tareas que antes requerían una educación extensa, reduciendo así la brecha entre los trabajadores.
En un estudio reciente, mis coautores y yo examinamos el efecto de la IA en personas con un diploma de bachillerato en comparación con aquellas con un título de educación superior. Los participantes completaron una tarea basada en un escenario empresarial hipotético y realista: debían responder a un correo electrónico de su jefe analizando diversas fuentes de información. La mitad de ellos (seleccionados al azar) tenía acceso a un asistente virtual de IA integrado en la plataforma, mientras que la otra mitad no.
Descubrimos que la IA podría reducir la desigualdad entre trabajadores con diferentes niveles educativos. Si bien el acceso a la IA mejoró el desempeño de ambos grupos, el efecto fue mucho mayor para los participantes con menor nivel educativo. Aunque estos últimos obtuvieron resultados significativamente peores que los participantes con mayor nivel educativo sin ningún tipo de apoyo técnico, el acceso a la IA redujo en un 75 por ciento la brecha de desempeño inicial, con mejoras tanto en la calidad del contenido como en la redacción.
Para comprender la brecha restante, analizamos las interacciones de los participantes con el asistente de IA y encontramos diferencias cualitativas en su nivel de participación. Los usuarios con mayor nivel educativo tendían a proporcionar indicaciones estructuradas e instrucciones específicas para guiar al asistente en el proceso de análisis de la tarea y la generación del resultado final. Además, dado que muchos participantes combinaron el texto generado por la IA con sus propias aportaciones, la calidad aún parecía reflejar diferencias de productividad relacionadas con el nivel educativo.
Para determinar si el uso del asistente de IA afectó la capacidad de los participantes para articular y justificar su razonamiento una vez que este dejó de estar disponible, se les hicieron preguntas de seguimiento inmediatamente después de completar la tarea, sin acceso a la herramienta. No se encontró evidencia de que el uso previo de IA perjudicara el desempeño posterior en ninguno de los grupos. De hecho, algunos de los beneficios del asistente de IA se mantuvieron para los participantes sin educación postsecundaria, un hallazgo consistente con una implicación genuina con el problema en lugar de una mera delegación de tareas.
Sin duda, la IA generativa no elimina el papel del capital humano en el desempeño, ni iguala las habilidades fundamentales. En cambio, observamos que flexibiliza las restricciones de ejecución que resultan más limitantes para las personas con menor nivel educativo.
Que la IA acabe reduciendo o ampliando la desigualdad dependerá menos de la tecnología en sí que de las empresas e instituciones que moldeen su adopción y uso. Resulta preocupante que la evidencia reciente sugiera que el uso de la IA ya es más común entre los trabajadores con mayor nivel educativo. Las nuevas prácticas corporativas están reforzando esta tendencia, ya que las principales empresas tecnológicas van más allá de fomentar la adopción de la IA para exigirla, e incluso la incluyen en las evaluaciones de desempeño.
Dado que el impulso para la adopción de la IA se concentra principalmente en sectores altamente cualificados como el tecnológico, existe el riesgo de profundizar las desigualdades existentes en lugar de ampliar el acceso a los trabajadores que más se beneficiarían de ella. Este problema se agrava al constatar que la IA podría estar reduciendo la contratación para puestos de nivel inicial, que los trabajadores con menor formación suelen utilizar para acceder al mercado laboral, lo que aumenta la posibilidad de que ese acceso se vea truncado incluso a medida que estas herramientas mejoran y reducen cada vez más la brecha de rendimiento.
Las empresas, las escuelas y los gobiernos pueden ampliar significativamente las oportunidades invirtiendo en capacitación en IA, facilitando el acceso a estas herramientas y diseñando políticas que ayuden a los trabajadores con menor nivel educativo a utilizarlas de forma productiva, aumentando así el abanico de tareas que pueden realizar con eficacia. Los responsables políticos también deben garantizar, mediante normas e incentivos adecuados, que la IA complemente, en lugar de sustituir, a los trabajadores. Si el acceso, el conocimiento y el apoyo organizativo siguen concentrados en los sectores más favorecidos, los beneficios de la IA podrían percibirse de forma que se reproduzcan las desigualdades asociadas a los cambios tecnológicos del pasado.
La autora es decana académica y profesora asociada de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.
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