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José Ignacio Bergoglio almorzaba con unos amigos en Ituzaingó, un pequeño pueblo al oeste de Buenos Aires, Argentina, cuando el 13 de marzo de 2013 los cardenales de todo el mundo estaban reunidos en un cónclave en el Vaticano para decidir quién sería el próximo líder de la Iglesia católica.
En el televisor de la casa donde estaba, sintonizaban las noticias y estaban a la espera de la salida del humo blanco. De repente, uno de los periodistas argentinos advirtió: ojo con Bergoglio. “Yo me reía”, recuerda José Ignacio, el sobrino de Jorge Mario Bergoglio, el entonces cardenal argentino que participaba en aquel cónclave.
El humo blanco empezó a asomar y salió un religioso ante la Plaza de San Pedro a decir en latín: “Habemus Papam”. José Ignacio y sus amigos hicieron silencio para escuchar de quien se trataba. Y el religioso, en perfecto italiano pero entendible en español mencionó: Giorgio Mario.

“Caí de rodillas al piso frente al televisor”. E inmediatamente salió su tío vestido de blanco convertido en el Papa Francisco.
“Me fui a llorar. Un montón de cosas pasaron por mi cabeza. En un momento de lucidez llamé por teléfono a mi madre y estábamos los dos llorando. La gente en la calle era una fiesta. Los coches pasaban tocando las bocinas. Veías a la gente festejar como hacía mucho tiempo que no se festejaba en Argentina. La gente se bajaba de los autos y venían, me abrazaban, nos abrazábamos”, recuerda.
Desde entonces, para el mundo pasó a ser el Papa Francisco, pero para José Ignacio siguió siendo su tío Jorge Mario, esa figura paterna con la que creció y se crio. El pasado 21 de abril, Francisco cumplió un año de haber fallecido por problemas respiratorios que ya acarreaba desde muy joven.
El Papa Francisco fue el mayor de cinco hermanos. Le seguían Alberto Horacio, Marta Regina, María Elena y Óscar Adrián. Solamente María Elena pudo ver su ascenso como máximo líder de la Iglesia y su hijo José Ignacio es quien habla con la Revista DOMINGO.
En esta entrevista, su sobrino recuerda al anterior líder de la Iglesia católica. Lo extrañan, pues aún continúan de luto sobre todo por no haber asistido a su funeral ni haber visitado su tumba hasta la fecha. A pesar de la distancia, hablaban todos los domingos.
José Ignacio también nos cuenta sobre la gestión de su tío como papa y de cómo veía a la dictadura de Nicaragua, a la que el mismo Francisco llegó a catalogar como “guaranga”, una palabra popular argentina que significa “grosera”.
Hace poco se cumplió un año de la muerte de su tío el Papa Francisco, ¿cómo lo vive la familia?
Es un caso particular porque perder un ser querido que vive tan lejos, no poder despedirlo, hace que lleve más tiempo asimilar lo que pasó y terminar de caer en esta realidad que es que ya no lo tenemos entre nosotros, ni los domingos. Esa cotidianidad de las llamadas que nos hacía y que hoy ya no existe.
Ha sido lento el duelo entonces.
Ha sido muy difícil porque las características de quién fue Jorge y el lugar que el desempeñaba dentro de la Iglesia hizo que nos costara al principio poder entender la noticia de lo que estábamos viviendo porque más allá del dolor como familiares y seres queridos, estaba también el dolor como católicos y obviamente la demanda y la necesidad de la prensa de comunicarse con nosotros. Entonces eso hizo que el proceso sea tal vez un poco más lento. Hoy lo estamos llevando con mucha más entereza y con los recuerdos lindos que nos dejó no solo como papa, sino también como ese tío cariñoso que ha sido.

Usted no pudo asistir al funeral al igual que el resto de la familia, ¿por qué?
Algunos primos han podido viajar y otros hemos decidido quedarnos porque entendíamos tal vez que era lo correcto.
Uno pensaría que el Vaticano podría colaborar para que la familia del papa pudiese viajar para despedirlo.
Tengo entendido que dentro de los protocolos del Vaticano existe la posibilidad. La verdad es que en el momento que recibes la noticia, tenés que pensar todo muy rápido y tal vez ni siquiera nos interesamos en ese protocolo. Sí se han puesto a disposición de la familia distintas personas del gobierno provincial y del gobierno nacional, pero en el caso de mi hermano, mi mamá, mi mujer y yo, habíamos tomado la decisión de quedarnos acá en Argentina.
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¿Cómo está su mamá María Elena? Ella era bastante cercana a su hermano, el papa
Está bien. Ella obviamente lo extraña y tiene esos sentimientos de nostalgia. Le hace falta su hermano, pero es un recuerdo grato el que tenemos más allá de cómo ocurrió, y la distancia y todo. Lo recuerda con mucha entereza.
Entiendo que el Papa Francisco era como una figura paterna para usted.
Bueno, la realidad es que cuando yo tengo seis meses, mi papá se va de casa sin dejar ningún tipo de rastro. Pasaron los años y yo me crie con mi mamá, con mis tíos maternos, con mis primos maternos. Ya de grande tuve dos intentos de encontrar a mi papá y de hablar, aunque sea una conversación, no de forzar una relación, pero sí de que sepa que tenía un hijo, que yo no tenía ningún tipo de rencor ni nada. No fueron experiencias satisfactorias. Me encontré con un paredón. Entonces fui encontrando en Jorge esa figura paternalista que tanto me faltó.
¿Cambió en algo esa figura cuando su tío se convirtió en el Papa Francisco?
La primera vez que lo vi ya convertido en papa fue en el año 2015. La segunda en el año 2019 y la última fue en el año 2024. Lo que me pasó la primera vez fue ese shock de entrar y ver a mi tío y ver al papa y no poder abstraerme de que era el papa. Después fui más consciente de que estaba visitando a mi tío que a la vez era el Santo Padre. Pero la última vez si me encontré con un papa que estaba muy cansado.
¿Cambió él en algo al convertirse en papa?
No. Francisco siguió siendo Jorge y creo que ese fue uno de los pilares más grandes de su papado, sin ningún lugar a la duda. Jorge siempre se consideró un instrumento de Dios.

¿Cómo fue para él lidiar con los grandes conflictos del mundo estando al frente de una de las instituciones de mayor prestigio en el planeta como la Iglesia católica?
Yo recuerdo una conversación que tuvimos después de un viaje que hizo a Brasil donde lo veíamos tan cercano a la gente y los pobres custodios que se encontraban desbordados y que no podían hacerlo cumplir con el protocolo. También teníamos esa imagen siempre fresca de del atentado a Juan Pablo II.
Entonces le preguntamos si él no tenía miedo de que le pase algo y su respuesta fue como que: “Soy un hombre de Dios y le pedí a Dios que haga de mí lo que él necesita. Yo voy a estar y voy a ser el papa mientras él quiera que sea papa, voy a durar lo que él quiera que dure”. Él trató de hacer lo que Dios le pedía que haga y sobre todo de sostener una enorme coherencia entre lo que decía y lo que hacía.
En los últimos años antes de su muerte, su tío estuvo muy enfermo. ¿Estaban preparados para su muerte?
Siempre lo veíamos sobreponerse de sus convalecencias y decíamos: “Tenemos Jorge para rato”. Y después de que estuvo 38 días ingresado, verlo en ese enorme acto de fe y amor, cuando salió a la Plaza de San Pedro y dar la bendición y después hacer el recorrido con todo aquello lleno de fieles, de personas que querían abrazarlo, que querían besarlo. Yo vi eso y dije: “Tenemos Francisco para 10 años”.
Ese 21 de abril (del año pasado) fue un día de mucha consternación porque todos lo que lo habíamos visto en la Plaza de San Pedro el día anterior cerca de los fieles, de repente encontrarnos con esa noticia, nos dejó helados. Nos enteramos muy temprano y fuimos mi hermano y yo quienes fuimos a comunicarle a mi madre de su muerte.
Él criticaba mucho a las dictaduras de Venezuela y Nicaragua. Incluso le llamó “guaranga” a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Sí, eso era parte de su sentido de estar en contra de las injusticias, de la opresión al pueblo, a los más débiles. Yo recuerdo que se le acusaba de ser un papa de izquierda, papa peronista, papa socialista, populista. Él decía: “lo único que hago es seguir las líneas de la doctrina de la justicia social de nuestra Iglesia. No sigo una ideología política, yo sigo nuestra propia doctrina social”. Y la doctrina social habla de esto, de que las dictaduras son malas porque un pueblo que no es libre por causa de sus gobiernos, que es oprimido, que no tiene acceso al trabajo digno, a la salud pública y de calidad, a la educación pública y de calidad, que no tiene igualdad de condiciones entre ricos y pobres, es un pueblo que no es libre.
A su tío le llamaban “el papa viajero” porque visitó muchos países. ¿Cree que habría visitado algunos de estos países en conflicto en nuestra región como Venezuela, Cuba o Nicaragua?
Sin lugar a duda le hubiera gustado mucho visitar Nicaragua. Lo mismo los otros países. De hecho, la última vez que lo vi te decía que fue en marzo de 2024 y en ese entonces hablando me contó que tenía planificado dependiendo de cómo saliera un viaje a África, tenía planificado viajar a Argentina y Uruguay que los tenía pendientes. Él era un papá que le gustaba poder llegar con su mensaje a todas partes y no solo eso, era un papa que le gustaba visitar los países en conflicto y las diócesis para poder también ver de primera mano lo que ocurría en esos países. Son varios los ejemplos donde después de una visita papal ha habido también importantes cambios.
Francisco también lidió con encarcelamiento de sus sacerdotes y de obispos en Nicaragua.
Sí, lo ocurrido en Nicaragua, en Venezuela. Lo que está pasando ahora en Medio Oriente, en la parroquia de Gaza. Él era un papa que estaba muy al tanto de Nicaragua y todas las situaciones y trataba de mantenerse siempre en contacto con la realidad. Hay muchos países que también tienen gobiernos que desde una dirección democrática ejercen total y plenamente una suerte de dictadura por imponer condiciones desfavorables para los que menos tienen. Y él estaba en contra de todo eso.

Él mismo vivió la dictadura militar en Argentina.
Sí, él ya era sacerdote en la época de la dictadura. De hecho, él era el superior de los jesuitas para Argentina y Uruguay. Yo creo que lo que más lo transformó más allá de todo lo que sufrió tratando de ayudar a tanta gente, a algunos con éxito y otros, lamentablemente no. Pero lo que más lo forjó, lo que más le curtió la piel como decimos acá, es que una vez que sale la dictadura él fue degradado de su cargo y fue enviado a la provincia de Córdoba.
Tuvo ahí tal vez una suerte de crisis y tuvo que volver a empezar y terminó formado a lo que vino a ser el arzobispo de Buenos Aires, el cardenal de Argentina y después el Papa Francisco.
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Su tío fue llevado a los tribunales por el caso de dos sacerdotes jesuitas que fueron torturados por la dictadura argentina. Se pensaba que Bergoglio pudo haber sido responsable.
Ese episodio a él le generó mucha angustia porque su verdadero objetivo, su misión siempre fue la de proteger. Él ayudó a muchísima gente a escapar de la dictadura de Videla, que nos hizo tanto mal y que nos sigue haciendo tanto mal porque es una herida que nunca ha cicatrizado. Dios nos habla de perdón y a Jorge fue algo que le costó entender, que él no había tenido nada que ver, que no había sido culpable. Jorge de verdad quiso salvar a esos dos hombres.
¿Se sentía culpable por lo que pasó con los sacerdotes?
Se sentía mal. No culpable. Cada decisión que tomó siempre fue para ayudar y proteger.
¿Cómo ve al nuevo Papa León XIV?
Sinceramente y para ser justos me cuesta mucho poder hablar del Papa León XIV porque me cuesta mucho seguirlo. Es parte de este proceso de duelo que todavía no termina. También que las comparaciones son odiosas y vas a tener quienes digan tal o cual cosa. La verdad es que yo miro al Vaticano y me cuesta ver que no esté Francisco ahí. Me cuesta ver que no esté Jorge, que no esté mi tío. Me cuesta tal vez terminar de aceptar que ya no está entre nosotros.
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