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No es cualquier empresa la que llega a cumplir 100 años, sobre todo en el campo del periodismo y en un país tan convulso como Nicaragua. En su larga y accidentada historia, el Diario LA PRENSA que es el decano del periodismo nacional, ha tenido que superar muchos retos que quizás en su momento parecieron definitivos para su existencia.
Sin incluir las muchas publicaciones semanales o mensuales de efímera existencia, cuatro diarios desaparecieron desde 1979 por causas naturales: El Centroamericano, Barricada, La Tribuna y El Nuevo Diario. Estos diarios se extinguieron sin padecer causas exógenas tan dramáticas como las que le tocó superar a LA PRENSA.
La primera disyuntiva que marcó el rumbo inicial de LA PRENSA la tomó mi abuelo Pedro Joaquín Chamorro Zelaya pocos años después de su fundación que según la “Historia de La Prensa contada para la familia”, por mi tío Jaime Chamorro Cardenal (q.e.p.d.) ocurrió así:
“El diario La Prensa fue fundado el 2 de marzo de 1926 por el periodista Gabry Rivas y los empresarios Enrique y Pedro Belli, quienes suscribieron una sociedad llamada ‘Compañía Talleres Gráficos La Prensa’ con capital de C$5,000.00 que según rezaba la escritura de constitución autorizada por el Dr. Ramón Castillo era el valor de la maquinaria existente”.
“En el año 1928 Don Enrique Belli vendió sus derechos a Don Adolfo Díaz, quien dos meses más tarde se los vendió a Don Ernesto Solórzano Díaz. Este último también compró la parte de Don Gabry Rivas”.
“En el año de 1929 Don Pedro Belli quedó como único dueño de la compañía por compra que hizo a Don Ernesto Solorzano Díaz. Más tarde Don Ernesto vendió a Don Adolfo Ortega Díaz la mitad de las acciones, ambos formaron entonces una nueva sociedad bajo la razón social ‘Pedro Belli y Ortega Díaz LTD’. El año siguiente en 1930 el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Zelaya compró el 50 % y se constituyó la sociedad ‘Pedro Belli & Cía. Ltda’. Don Pedro Belli siendo socio de La Prensa le propuso a Don Pedro Joaquín que vendieran el periódico y se dedicaran a un negocio mucho mejor que alguien le había propuesto y que él estaba planeando, que era la fabricación de cigarrillos. Don Pedro Joaquín le fue a consultar al Padre Rossi que era un sacerdote de su confianza, el Padre le dijo: con un periódico se puede hacer mucho bien así como se puede hacer mucho mal, en sus manos se hará mucho bien, pero si cae en malas manos se va a hacer mucho mal. No lo venda Don Pedro”.
Mi abuelo le hizo caso a los sabios consejos del padre Rossi y no solo no vendió sus acciones, sino que juntó el capital necesario con su esposa Margarita Cardenal para que en 1932 le comprara las acciones a don Pedro Belli, quedando así como único propietario. Don Pedro por su parte fundó la Tabacalera Nicaragüense que luego fue adquirida por British Tabaco Company. El primer director de LA PRENSA don Pedro Joaquín Chamorro Zelaya le dio una tendencia marcadamente católica y decididamente conservadora, tal como él mismo la describiría en sus memorias.
Desde sus inicios, el Diario LA PRENSA padeció cierres y censuras, por ejemplo en febrero de 1934 el presidente Juan Bautista Sacasa suspende LA PRENSA por tres días con motivo del asesinato del general Augusto César Sandino.
El 10 de agosto de 1944 Anastasio Somoza García ordenó el cierre indefinido de LA PRENSA, porque hacía una campaña en contra de su primera reelección y mis abuelos tuvieron que salir al exilio en Nueva York; pero antes debieron vender dos propiedades rurales que tenían en El Crucero y cerca de Xiloá para poder pagar la cesantía de los trabajadores de LA PRENSA.
En Nueva York, mi abuelo Pedro Joaquín hizo investigaciones y traducciones en la biblioteca central de la ciudad y mi abuela Margarita trabajó en una fábrica de ropa. Recuerdo que mi padre atesoraba dentro una urna llena de recuerdos históricos, el recibo de la planilla del primer pago que recibió su madre durante el duro exilio que enfrentaron. El cierre duró un año y 10 meses, y regresaron del exilio en 1946, a los dos años Somoza García permitió la reapertura de LA PRENSA.
Al regresar mi padre de culminar sus estudios de leyes en México mi abuelo tuvo choques con él, porque era más impulsivo que él, pero poco a poco fue dando lugar al cambio generacional por lo que llamó a Pablo Antonio Cuadra que era más reposado. Fue el primer relevo generacional, mi abuelo murió en diciembre de 1952 y las páginas de LA PRENSA se abrieron bajo el título “El Diario de los Nicaragüenses” y bajo el lema “Al servicio de la verdad y la justicia”.
Fue así que al abrir las páginas de LA PRENSA al pueblo nicaragüense Pablo Antonio Cuadra (PAC), que fue nombrado codirector en 1953, la refirió en varias ocasiones como “La República de Papel”, es decir, “una mesa redonda de opiniones libres, en diálogo permanente, con libertad de crítica y de iniciativas en un trozo de papel. Si no había un poder legislativo libre y representativo, la voz del pueblo tenía su escaño en esa República de Papel; si no funcionaba con independencia el poder judicial, la denuncia o la queja del pueblo mantenían viva la idea de justicia republicana y donde apuntaba un injusto privilegio, en La Prensa de papel se reclamaba igualdad, verdad y justicia”.
El dúo, Pedro en la dirección y Pablo como codirector, dirigen LA PRENSA desde 1953 en que es nombrado PAC, hasta el 10 de enero de 1978, cuando es asesinado mi padre, lo que representa un gran reto para LA PRENSA, que ya había superado el encarcelamiento de mi padre y la censura de prensa en septiembre de 1956 a raíz del asesinato de Anastasio Somoza García. Luego el encarcelamiento de mi padre en 1959 a raíz de la fracasada rebelión aerotransportada de Olama y Mollejones.
Cuando asesinaron a mi padre, PAC declaró adolorido una frase profunda en un editorial que marcó el derrotero del Diario ante la tragedia: “Ahora todos seremos Pedro”.
Antes del magnicidio, LA PRENSA habría superado dos grandes retos: el terremoto del 23 de diciembre de 1972 que destruyó sus instalaciones y la estricta censura impuesta por Anastasio Somoza Debayle el 27 de diciembre de 1974 a raíz de la toma de la casa de Chema Castillo por el FSLN. La censura duró casi dos años.
El terremoto del 1972 provocó el traslado de sus instalaciones de la Calle del Triunfo a la Carretera Norte en una operación de una complejidad logística nunca antes vista que interrumpió su circulación por 3 meses hasta el 1 de marzo de 1973 cuando reapareció y el poeta José Coronel Urtecho envió aquel memorable telegrama de felicitaciones que mi padre atesoraba bajo el vidrio de su escritorio porque quizás sintetiza el papel del Diario en la historia contemporánea de Nicaragua, dice así: “Felicitaciones reaparición La Prensa, para la conciencia del país, cuando La Prensa deja de salir es como si no ocurriera nada, o todo fuera mentira”.
Ya años atrás, en 1931, LA PRENSA se había levantado también como el Ave Fénix después del primer gran terremoto que destruyó Managua, pero el destino quiso que para sobrevivir tuviera que volver a repetir la hazaña por segunda vez.
Apenas se había recuperado LA PRENSA de la censura somocista volviendo a circular en libertad a fines del año 1977, cuando el 10 de enero de 1978 fue asesinado su director mártir Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, lo que encendió la lucha insurreccional contra Anastasio Somoza Debayle, quien cuando estaba al borde de ser derrocado mandó a la Guardia Nacional a bombardear y quemar sus instalaciones el 11 de junio de 1979. LA PRENSA es destruida totalmente por tercera vez.
El 19 de julio de 1979 la Revolución Sandinista encontró a LA PRENSA desarticulada: su director mártir Pedro Joaquín Chamorro Cardenal había sido asesinado 18 meses antes, su principal edificio yacía colapsado con sus hierros retorcidos sobre su moderna rotativa Goss Urbanite, luego de haber sido bombardeado y quemado 40 días antes por la guardia somocista durante la insurrección final.
LA PRENSA reaparece el 16 de agosto de 1979 impresa en la rotativa de El Centroamericano de León, que había cerrado operaciones después de la Revolución, es decir, el diario se confeccionaba en Managua y viajaba diariamente en negativos a León donde era impreso en una pequeña pero moderna rotativa offset.
Pero aparte de esos retos inmensos materiales como volver a imprimir, volver a volar como el Ave Fénix, pronto surgió un reto aún más profundo al que tendríamos que enfrentarnos: era la división interna, entre los que querían convertir a LA PRENSA en un vocero de la Revolución y los que queríamos que fuera un diario independiente y crítico, que era y sigue siendo la razón misma de su existencia.
La disyuntiva era muy sencilla: apoyar a la Revolución ciegamente, tal como era la moda de aquel entonces, o apoyarla desde un espíritu crítico constructivo, señalando el derrotero, lo bueno y lo malo… que para muchos no existía. Todos queríamos volar, pero en dos bandadas y en diferentes direcciones: crítica constructiva o acrítica propagandística.
La mayoría del sindicato y la redacción encabezados por el entonces director del Diario, mi tío Xavier Chamorro, apoyaban fervientemente la Revolución y se inclinaban por la segunda tendencia; por lo tanto, comenzaron a elaborar el diario consecuentemente como un nuevo vocero de la Revolución Sandinista.
La crisis interna en LA PRENSA finalmente se resuelve en mayo de 1980, cuando los 3 accionistas mayoritarios Carlos Holmann y Anita Chamorro, Jaime Chamorro y Violeta Barrios de Chamorro negocian con mi tío Xavier Chamorro y finalmente le compran su capital accionario. Este se traslada con el 80 porciento del personal a fundar El Nuevo Diario a dos cuadras de LA PRENSA.
Con su independencia y el espíritu crítico, LA PRENSA recuperó su circulación, que ya venía en picada, superando este nuevo reto que vino desde adentro y que sacudió sus cimientos familiares. Durante más de un año en 1981, LA PRENSA en una hazaña inédita en el mundo, reconstruye su rotativa Goss Urbanite de 8 unidades, albergada bajo un nuevo edificio y vuelve a imprimirse en Managua a inicios de 1982.
Luego el Diario debió enfrentar dos leyes muy restrictivas a la libertad de prensa conocidas como los decretos 511 (seguridad nacional) y 512 (economía nacional) que le provocaron 5 cierres temporales de 24 y 48 horas entre 1981 y el 15 de marzo de 1982 cuando el gobierno sandinista impone una férrea censura de prensa que dura cuatro años y medio.
Durante este período, el Diario interrumpió su circulación muchas veces “voluntariamente”, porque la censura lo había dejado prácticamente sin noticias que publicar y estaba estrictamente prohibido (bajo pena de clausura) que el diario circulara con espacios negros o blancos correspondientes al material censurado.
La censura previa, ya de por sí agotadora, extenuante y prolongada en el tiempo, desde marzo de 1982 a octubre de 1986, finalmente terminó, dando paso a otro capítulo difícil en la sobrevivencia de LA PRENSA: Daniel Ortega, ya siendo presidente de Nicaragua ordena el cierre indefinido del Diario.
Esta vez el cierre vino ya no por lo que el Diario publicaba, que era aprobado diariamente por la férrea censura, sino en represalia por la aprobación del Congreso de los Estados Unidos de un paquete de ayuda a la “Contra”. El cierre duró 18 largos meses, hasta que LA PRENSA volvió a circular, esta vez sin censura, como resultado de los Acuerdos de Paz Esquipulas II promovidos por el presidente costarricense, Oscar Arias Sánchez.
Después del triunfo de mi madre Violeta Barrios de Chamorro en 1990, LA PRENSA vivió por 16 años una primavera de libertad en que también florecieron muchos medios de comunicación independientes, hasta que llegó el retorno de Ortega al poder en 2007, cuando gradualmente al principio y violentamente al final, puso fin a la libertad de expresión y de prensa en Nicaragua como nunca se había visto en nuestra historia.
Está de más relatar aquí —como parte de estas letanías— cómo lo hizo, pero resumiendo desde junio de 2021: prisión y exilio de todos los periodistas y algunos propietarios; confiscación arbitraria de sus instalaciones físicas; desnacionalización y apatridia de tres de sus directivos: Juan Lorenzo, Cristiana y el autor. Ningún dictador se había atrevido a tratar de exterminar así a LA PRENSA durante su larga y accidentada existencia centenaria.
No obstante, no ha logrado detener ni un solo día la circulación del Diario, que en formato digital llega a miles de nicaragüenses por el internet con un contenido atractivo y veraz, haciendo honor a su compromiso centenario proclamado por sus fundadores, en cada edición: al servicio de la verdad y la justicia.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984