Según el diccionario de la lengua española la transición es la “acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”. Y en su sentido político es “el transcurrir de una etapa histórica hacia otra diferente… el proceso de sustitución de un régimen autoritario, implantado y ejercido al margen de la ley, por uno democrático”.
En algunas ocasiones la transición ocurre de manera pacífica, sin traumas ni rupturas. Es así cuando los representantes de ambos regímenes, el que se va y el que llega, se ponen de acuerdo para realizar el cambio. O porque quienes representan al régimen saliente no ponen resistencia al cambio. Esto es lo que los expertos llaman una “transición pacífica”.
Pero en otras ocasiones la transición se realiza con traumas, en condiciones no pacíficas, lo que sucede cuando los representantes del régimen autoritario que ha caducado se resisten a dejar el poder. Pero, de todas maneras, aunque sea enfrentando obstáculos y resolviendo cualquier clase de dificultades, el proceso de cambios avanza hacia el nuevo régimen democrático.
En Nicaragua hubo en 1979 un cambio de régimen. Pero no fue una transición porque ocurrió violentamente, al ser derrocada la dictadura somocista y sustituida inmediatamente con otra dictadura, pero de signo contrario. Una verdadera transición de la dictadura a la democracia fue la de 1990, cuando se pasó del régimen autoritario y procomunista de los sandinistas al gobierno democrático de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro y la Unión Nacional Opositora (UNO).
Otras transiciones muy conocidas de nuestra época fueron las de Portugal en 1974; España, a partir de 1977; Argentina en 1983 y Chile en 1988. Todas fueron iguales en el fondo, en cuanto a que significaron el paso de un régimen (autoritario) a otro (democrático). Pero también cada una fue diferente en sus formas, por las peculiaridades de cada país.
En algunos casos las transiciones han sido facilitadas por los representantes del régimen que va a desaparecer. Así fue, por ejemplo, en España y Chile. Pero otras veces esos mismos elementos ofrecen una enconada resistencia que llega a extremos criminales, como ocurrió en los años 90 en Nicaragua, cuando los sandinistas promovieron y ejecutaron huelgas y asonadas callejeras, acciones armadas y hasta asesinatos políticos, para sabotear la transición a la democracia.
Actualmente, a partir de que el 3 de enero pasado EE. UU. derrocó al dictador de Venezuela, Nicolas Maduro, y lo tomó prisionero, comenzó en ese país una transición sui generis, diferente a las anteriormente conocidas que tiene desconcertados a muchos políticos. Es que el dictador Nicolás Maduro fue derrocado, pero la dictadura permanece con un gobierno ilegítimo apoyado por EE. UU., que ejerce allí una especie de protectorado de nuevo tipo, valga la expresión.
En realidad, lo que está ocurriendo en Venezuela no se puede entender si se le compara con las transiciones prototípicas o clásicas que mencionamos antes, porque tiene características y formas muy particulares. El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ha tratado de definir lo que está ocurriendo en Venezuela. En su informe al Senado, a fines de enero, explicó que se trata de un proceso de estabilización política y recuperación económica, para llegar a una fase de transición propiamente dicha “en la que tengamos una Venezuela amiga, estable, próspera y democrática, en la que todos los sectores de la sociedad estén representados en elecciones libres y justas»
Por su parte, el estratega político profesional (no partidista), Juan José Redón, venezolano de prestigio internacional, explica que “la transición no es un evento, es un proceso, es un rompecabezas que se arma sobre la marcha». Dice que Venezuela ha pasado de la resistencia al “acomodamiento”, a “un estado intermedio donde las autoridades de hecho y las aspiraciones de derecho deben convivir para evitar el abismo de un Estado fallido”.
Y ¿cómo y cuándo será la nueva transición en Nicaragua? La verdad es que nadie lo sabe, aunque muchos especulen con eso. De lo que se puede tener seguridad es de que habrá una nueva transición en Nicaragua, eso nadie lo podrá impedir.
La experiencia venezolana nos está recordando que la transición a la democracia no se prepara como una elaboración culinaria. Es decir, con una receta que indica lo que se debe hacer paso a paso, qué ingredientes usar y cuánto poner de cada uno, cómo combinarlos y a qué temperatura cocinarlos en cada momento de la elaboración. Una receta que se cumple rigurosamente o se arruina la elaboración.
Es la realidad, que siempre enseña e ilustra mucho más que la teoría, la que va a indicar cómo será la nueva e inevitable transición nicaragüense. Así como está enseñando sobre la de Venezuela.