Este lunes 16 de febrero el codictador de Nicaragua, Daniel Ortega, dijo que Taiwán “es basura”. Lo dijo en un discurso que pronunció en una ceremonia de entrega de buses chinos, que por la oscuridad en la que la dictadura maneja los asuntos de interés público y nacional, no se dice si son regalados o vendidos al crédito o de contado.
Ortega aseguró falazmente que desde los años 90 del siglo pasado hasta 2021, la misión diplomática de Taiwán en Nicaragua “usurpaba” el espacio. Omitiendo el dictador que con plena legitimidad la presidenta Violeta Barrios de Chamorro restableció en 1990 las relaciones diplomáticas de Nicaragua con Taiwán.
Las relaciones diplomáticas de Nicaragua con China democrática se establecieron en 1930, mucho antes de la creación de la China comunista que data de 1949. Pero los sandinistas, cuando tomaron el poder en 1979 rompieron las relaciones con la República China de Taiwán, porque era una democracia, y las establecieron con la China comunista solo por afinidad ideológica, pues el cambio no reportó ningún beneficio para Nicaragua.
Doña Violeta, cuando asumió la Presidencia de Nicaragua el 25 de abril de 1990, después de que derrotó a Daniel Ortega en las elecciones del 25 de febrero del mismo año, restableció las relaciones con Taiwán, pero no las rompió con China comunista. Ella quería mantener relaciones con los dos países asiáticos, pero los dirigentes comunistas chinos decidieron romperlas porque en su prepotencia totalitaria no toleran la existencia del Estado libre y democrático de Taiwán.
Como era de esperarse, cuando el gobierno de doña Violeta restableció las relaciones con Taiwán, este país asiático se convirtió en uno de los mayores cooperantes y aliados comerciales de Nicaragua. Las relaciones entre los dos países se desarrollaron y estrecharon en beneficio de ambas partes, pero más de la nicaragüense, lo cual hay que reconocerlo por honestidad política.
Varios años después, en enero de 2007 el presidente de Taiwán, Chen Shui-bian, vino a Nicaragua para acompañar en su toma de posesión presidencial a Daniel Ortega, quien había ganado precariamente las elecciones del 8 de noviembre anterior con el 38 por ciento de los votos. Las ganó porque los liberales torpemente dividieron el voto popular que sumó más del 53 por ciento entre sus dos candidatos, Eduardo Montealegre y José Rizo.
Posteriormente, en agosto de 2007, el vicepresidente de Daniel Ortega, Jaime Morales Carazo (antiguo liberal y contrarrevolucionario convertido “milagrosamente” al sandinismo orteguista), visitó oficialmente Taiwán para estrechar aún más las buenas relaciones y sacarle más cooperación. Y en octubre del mismo año, el entonces canciller de Daniel Ortega, Samuel Santos, fue también a Taiwán a fin de intercambiar notas oficiales para que entrara en vigencia el Tratado de Libre Comercio entre los dos países.
Gracias a ese tratado el comercio bilateral aumentó en un 220 por ciento, al pasar de 51.97 millones de dólares en 2007 a 166.4 millones en 2020, siendo la parte nicaragüense la más favorecida. Además, desde comienzos de 2007 hasta la ruptura de relaciones en diciembre de 2021, la cooperación taiwanesa cifró alrededor de 200 millones de dólares en financiamiento a proyectos de viviendas populares y cooperación para el desarrollo tecnológico y agrícola, así como ayuda por los desastres naturales, entre otras inversiones taiwanesas en ayuda incondicional.
De manera que al romper las relaciones de Nicaragua con Taiwán para satisfacer el capricho imperialista de sus camaradas de China comunista, Daniel Ortega cumplió el refrán español de “morder la mano que te da de comer». Que significa ser desagradecido e ingrato, actuar con hostilidad e incluso traición a quien lo ha apoyado, lo ha sustentado y le ha dado beneficios esenciales.
Las reglas del buen vivir establecen que en las relaciones humanas, como entre los pueblos y los Estados del mundo civilizado, se debe actuar con respeto y sensatez, con lealtad y agradecimiento a quien te ayuda generosamente sin importar las diferencias ideológicas, políticas, religiosas y de cualquier otra clase que haya entre las partes.
Ser agradecido es de bien nacidos, dice otro antiguo refrán español atribuido a Don Quijote y devenido en precepto de buena educación y de respetuosa convivencia humana, nacional e internacional. Pero es obvio que esa virtud no es propia de dictadores cimarrones, malévolos y malagradecidos, que avergüenzan a la gente que por desgracia dominan y oprimen.