La UNO de 1990 y las elecciones de noviembre de 2026

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La transición ya inició. El proceso político rumbo a las elecciones generales del próximo 8 de noviembre de 2026 está en marcha; de eso no hay duda. No puede entenderse sino desde un abanico amplio de la geopolítica actual, en la cual la defensa de la seguridad nacional de Estados Unidos irradia hacia todo el hemisferio, saneándolo de rancias dictaduras castrochavistas, del crimen organizado y de las narcodictaduras amamantadas por sistemas foráneos, a las que el renacer de la Doctrina Monroe está conduciendo al final de sus días.

En 1990 se celebraron unas elecciones sumamente complejas, bajo el espectro final y mortífero de una guerra nacional y de una unidad amalgamada de catorce partidos políticos —desde comunistas hasta conservadores—, enfrentados al sandinismo, que llevaron como ganadora a doña Violeta Barrios de Chamorro, candidata de la entonces Unión Nacional Opositora (UNO). Ahora, Nicaragua se encamina nuevamente hacia unas elecciones este 8 de noviembre, aunque con diferencias sustanciales respecto a las celebradas hace 36 años.

El escenario actual es distinto. Aunque la economía no es favorable para la adquisición de la canasta básica en la mayoría de los hogares y exista un país maquillado urbanísticamente y sostenido por discursos oficiales relamidos, la verdad es dura frente a las cifras reales presentadas por economistas independientes.

El país ha vuelto a cargar y a superar la deuda externa heredada por el sandinismo de los años ochenta. Los niveles de pobreza siguen siendo alarmantes, el salario mínimo es el más bajo de Centroamérica y la institucionalidad se encuentra por el suelo. 

Para el régimen, la sostenibilidad es cada día más preocupante, máxime cuando ha perdido aliados estratégicos como Venezuela, China y Rusia, con quienes hasta hace poco hacía alardes de mantener estrechos lazos de prosperidad y apoyo, contraponiéndolos a Estados Unidos.

Estas realidades —las ya mencionadas y otras, como el cada vez más lejano respaldo internacional, el fantasma del “Estado ambiguo”, el crecimiento del descontento social, el rechazo disimulado a participar obligadamente en actos oficiales, las acusaciones por violaciones a los derechos humanos y los señalamientos vinculados al narcotráfico— han alterado profundamente la perdurabilidad de la administración Ortega Murillo tal como fue concebida hasta hace pocos meses, cuando la correlación política y electoral cambió en varios países de la región e implicando para el régimen una salida mediante un diálogo entre alguien representándolo y la oposición meramente política partidaria.

De cara a las elecciones de 2026, será conveniente fortalecer la unidad política con las estructuras partidarias internas, algo que ya comienza a darse, a pesar de la represión. El propio Daniel Ortega afirmó hace cinco años que gobernaría por un período de cinco años, lo que implica que nuevas elecciones debe celebrarse este próximo 8 de noviembre. 

A diferencia de 1990, el espectro partidario será más factible y menos numeroso. Ideológicamente, la contienda se perfilará entre derecha e izquierda: por un lado, liberales, conservadores y el voto antisandinista; por el otro, el sandinismo ortodoxo orteguista.  Esto podría traducirse para la oposición política en gestación, en una coalición entre partidos que recuperen sus personerías jurídicas: el Conservador, el Evangélico, Ciudadanos por la Libertad y el Liberal Independiente Histórico con la restitución de su representación legal a sus herederos legítimos.

Existen además el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), pero dada su condición oficialista, lo más probable es que concurran aliados al Frente Sandinista. La masa variopinta de la sociedad civil deberá incorporarse a alguna de estas fuerzas electorales, pues hasta hoy en ningún país una ONG ha ganado una elección.

Nicaragua será libre. Toda tormenta tiene su final. Se acerca la hora de asumir, con sentido de patria, el rol organizativo de una verdadera unidad política que, sumando todas las fuerzas en una sola alianza se convierta en una propuesta electoral sólida y victoriosa, capaz de garantizar paz, libertad y democracia para todos.

En 1990 se triunfó con unidad.  En 2026 sucederá lo mismo, la transición ya empezó. A pasar la voz.

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional y vocero del partido liberal independiente (PLI-Histórico).

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