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Como están las circunstancias actuales, es difícil imaginarse que alguien en lo individual a nivel social y gremial —por muy apartado, desconfiado, y alérgico que este sea a los vaivenes de la política—, no esté preocupado, o al tanto de la severa crisis que enfrenta el régimen de Daniel Ortega, el Ejército, la Policía y la propia burocracia estatal; menos la élite empresarial acuerpada en el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep, hoy descabezado sin representación legal como casi todas las instituciones registradas ante el Estado), lo que supone un cambio de señales en sus socavados laberintos de intereses y beneficios a los que llegó con el Gobierno desde el propio 2007, cuando dio inicio la segunda administración sandinista.
No obstante, en estas horas de intensidad política las decisiones y aptitudes tienden a cambiar y posicionarse del lado correcto de la historia, como muchos vienen haciendo frente a una próspera realidad que nos conduzca a una transición que culmine en unas elecciones transparentes este próximo 8 de noviembre, para lo cual deben encontrarse cauces que conlleven al restablecimiento de todos los partidos clausurados y reestablecer la representación legal al PLI-histórico.
Y si este interés, esta preocupación por cuanto acontece, ronda en aquellos sectores que han tenido vínculos con el régimen, también y con mucha mayor sensibilidad y empatía lo están en todos y cada uno de los nicaragüenses, así como en gran parte de la comunidad internacional, la cual siempre ha demandado diálogo político para llegar a acuerdos entre nicaragüenses.
Difícil creerlo y cada día que pasa apuntan hacia ellos muchas miradas franqueadas por el anonimato y el reclamo interior de una sociedad paupérrima de libertad y hambreada por la economía próspera, pero solo para la élite, como suele suceder en todo régimen socialista y comunista.
Esta capa gerencial continúa engordando sus finanzas pese a la desigual parsimonia económica y a la rala competitividad, que solo les ha permitido ampliar sus capitales según estadísticas económicas.
La realidad obliga además a la toma de conciencia de que la situación empeorara si no se logra llegar a negociaciones en las que sin merodeos y en base a las designaciones de la geopolítica de seguridad nacional para Estados Unidos y el hemisferio, deberán consignarse como parte de un entendimiento razonable y continental para bien de toda Nicaragua. Incluso puede reabrirse el mismo canal institucional entre Gobierno y empresarios, esta vez con miras al avance de la transición democrática.
Empresarios, banqueros y ejecutivos de estos, representados en el Cosep y en el Incae (también cerrado y confiscado) se asociaron íntimamente con el poder, celebrando acuerdos “revolucionarios” desde sus propias bocas y exhibiendo un servilismo difícil de justificar. Hoy, cuando el pueblo y la oposición luchan por restablecer la democracia con apoyo internacional, de Estados Unidos bajo la administración conservadora del presidente Donald Trump, será sensato un mensaje empresarial en que sienten su posición sobre la crisis actual y sus repercusiones presentes y colaterales de no alcanzar el diálogo político.
La Nicaragua venidera exigirá inversiones, libre mercado y competitividad real, y es ahí donde el empresariado deberá jugar su rol con visión de nación, sin acomodos bajo la manga del gobierno de turno y sin fronteras mentales que busquen privilegios meramente locales por encima de la competitividad local y externa.
Pero ahora, al igual que el Ejército y la Policía entre otras instancias, el empresariado debe apostar por su dignidad y su rol ante la historia. A fin de cuentas, no existen empresas exitosas donde sólo pobres sin capacidades adquisitivas conviven. La creatividad, el empuje gerencial, la empatía y la requerida convivencia sin sobresaltos le harán bien a Nicaragua. Y el empresariado está llamado a dar su aporte sustancial, emprendedor y humano.
El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional y vocero en el exterior del Partido Liberal Independiente (PLI-histórico).