Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Albores. Venezuela comenzó a desarrollar su industria petrolera a gran escala en la década de 1920, bajo el gobierno del general Juan Vicente Gómez. Son los años de lo que en Venezuela se conoce como “el Reventón”, dice la BBC. Fue el inicio de la explotación masiva de una materia prima que marcaría la historia del país y de la cual la economía mundial se volvía cada vez más dependiente.
Reservas. El país suramericano figura desde hace décadas como el país con las mayores “reservas probadas” de petróleo. En la actualidad sus reservas se estiman en más de 303 mil millones de barriles, el 17 por ciento de las reservas globales. Ese volumen supera el de Arabia Saudita (267 mil millones) y el de Irán (209 mil millones), que ocupan el segundo y el tercer lugar en el ranking mundial. En el cuarto está Canadá, con 163 mil millones de barriles, mientras que Irak se ubica en el quinto puesto, con 145 mil millones de barriles de crudo.
Caro. La Faja del Orinoco contiene la mayor parte del “oro negro” venezolano: crudos extrapesados y arenas bituminosas (una forma muy densa de petróleo crudo) que, técnicamente, aumentan las reservas probadas. Pero extraerlos es lento, caro y requiere diluyentes y refinería específica. Además, sus características obligan a inversiones en upgrader (procesamiento de crudo pesado) y mezcla con crudos más ligeros. La Faja, por sí sola, no garantiza una bonanza inmediata. Debido a esta y otras razones, en la práctica el resultado ha sido una enorme riqueza en papel.
Arabia Saudita. Aunque Venezuela tiene la mayor cantidad de petróleo bajo tierra, está lejos de ser el mayor productor del mundo. Su crudo es más denso y viscoso que el crudo ligero de Arabia Saudita, por lo que es más difícil y costoso de extraer y refinar. En 2025 Venezuela exportó entre 780 mil y 920 mil barriles por día (con un pico de 1.09 millones en septiembre), mientras que Arabia Saudita llegó a exportar 7.1 millones de barriles por día en octubre del mismo año.
Producción. La producción de petróleo de Venezuela alcanzó un pico de 3.5 millones de barriles por día en la década de 1970, lo que representaba más del 7 por ciento de la producción mundial. En la década de 2010 la cifra se desplomó a menos de 2 millones de barriles diarios y en la actualidad el país produce entre 900 mil y 1.1 millones de barriles por día, diez veces menos que Arabia Saudita. Según CNN, restaurar la producción a los máximos históricos requeriría una inversión de US$58 mil millones en infraestructura.
Dependencia. La economía venezolana ha mantenido por décadas una dependencia extrema del petróleo, lo que se sumó a malas decisiones políticas y colapso institucional. El Estado se ha financiado casi exclusivamente con la renta petrolera, sin diversificar la economía ni crear reservas sólidas. Se abandonaron agricultura, industria y producción interna. Cuando los precios del crudo cayeron y la producción empezó a desplomarse, no había un plan alternativo. El petróleo generó riqueza momentánea que solo sirvió para el clientelismo político, sin crear desarrollo real.
Colapso. La caída de la producción petrolera venezolana fue multifactorial. Durante el régimen de Hugo Chávez Frías, Petróleos de Venezuela (PDVSA) dejó de operar como una empresa petrolera y pasó a funcionar como un brazo político del Estado. En 2002-2003 perdió gran capital humano con despidos masivos de técnicos y gerentes especializados. En la década siguiente se redujo la inversión en mantenimiento, exploración y tecnología, mientras miles de millones de dólares se desviaban a gasto social, padrinazgos políticos y proyectos ajenos a la industria. A esto se sumaron controles de precios y de cambio que dificultaban importar equipos, repuestos y diluyentes indispensables para el crudo extrapesado. Para 2010, el deterioro ya era estructural: refinerías en mal estado, campos sin reinversión y corrupción creciente.
Lea también: La fuga del oro de Venezuela: Maduro envió 127 toneladas a Suiza durante 5 años
Refinado. Venezuela contó históricamente con una de las mayores capacidades de refinación de América Latina dentro de su propio territorio. Sin embargo, durante varias décadas también utilizó refinerías en Aruba, Curazao y otros centros extranjeros como complemento estratégico para procesar parte de su crudo, en especial el más pesado. Esa red externa facilitó su acceso a mercados internacionales, pero introdujo vulnerabilidades cuando contratos o relaciones políticas se rompieron. En la actualidad, el deterioro del sistema refinador nacional limita el aprovechamiento pleno del crudo y obliga a Venezuela a venderlo con grandes descuentos.
Sanciones. Las sanciones petroleras de Estados Unidos contra Venezuela iniciaron en 2017 y agravaron la crisis. Abarcan medidas técnicas, comerciales o financieras que impiden la venta de petróleo venezolano en Estados Unidos, así como el uso de los mercados financieros estadounidenses para tramitar pagos del petróleo venezolano o para comercializar los bonos de deuda venezolanos de la petrolera estatal PDVSA. También impiden el envío de componentes como diluentes para mejorar el petróleo pesado y extrapesado venezolano. A finales de 2025 el presidente Donald Trump ordenó el “bloqueo total y completo de los petroleros sancionados” que entraran y salieran de Venezuela.
Nicaragua. Entre 2008 y el primer trimestre de 2015, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo recibió 4,251 millones de dólares en cooperación venezolana. De ellos, 3,396 millones de dólares correspondían a préstamos otorgados por PDVSA a Nicaragua, según cifras oficiales. Si se cuenta desde 2007, son 3,426 millones. Bajo los términos de un acuerdo suscrito con Hugo Chávez Frías, Ortega obtuvo un plazo de 25 años para pagar la mitad de todo el petróleo importado desde Venezuela, a una tasa de interés de apenas el 2 por ciento. La dictadura manejó estos recursos con completa discrecionalidad y los usó para capitalizar sus propias empresas y las de sus allegados.
China. El país asiático ha sido hasta ahora el principal comprador de crudo de Venezuela. En los últimos años se ha beneficiado de cargamentos sancionados vendidos con fuertes descuentos. “Refinerías privadas y estatales han recibido cargamentos a través de participaciones chinas en campos petroleros, mediante acuerdos de petróleo por préstamos, así como con compras puntuales en el mercado spot, usando yuanes chinos y los llamados petroleros de la ‘flota oscura’ para eludir las restricciones de Estados Unidos”, explica Bloomberg News. La caída de Nicolás Maduro empujaría a las refinerías chinas hacia el petróleo canadiense, que también es pesado. Sin embargo, el gigante asiático podría no necesitar tanto crudo, puesto que se mueve con rapidez hacia los vehículos eléctricos.
Cuba. El petróleo venezolano ha sido clave para el sostenimiento de la dictadura cubana. Solo de enero a noviembre de 2025, Venezuela envió más de 9 millones de barriles de petróleo a Cuba. Un corte del flujo de petróleo venezolano pondría a la isla en graves aprietos. Algunos analistas esperan que Estados Unidos permita que el crudo siga fluyendo hacia Cuba. Esto “para evitar una crisis humanitaria, migratoria y una situación de estado fallido en la isla, siguiendo el mismo pragmatismo político aplicado a Venezuela para priorizar la estabilidad sobre un cambio de régimen desorganizado y caótico”, dijo el economista cubano Pavel Vidal a CNN.
Trump. Tras la captura de Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, Trump no dejó lugar a dudas sobre su interés en el petróleo venezolano. Su propósito es “administrar” Venezuela mientras se da una “transición segura”, “arreglar” la infraestructura petrolera venezolana y vender “grandes cantidades” de crudo a otros países. También expuso un plan a corto plazo para vender en Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano a precio de mercado (el país consume más de 20 millones de barriles diarios). El gobierno de Trump mencionó una serie de exigencias que Venezuela debe aceptar para reanudar su producción de petróleo, entre ellas cortar lazos con China, Irán, Rusia y Cuba, y asociarse de manera exclusiva con Estados Unidos en ese campo.