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Con una extensión de unos 7,400 kilómetros cuadrados, situada a lo largo de la frontera entre Nicaragua y Honduras, la Reserva de Biosfera de Bosawas es la más grande de Centroamérica. Pero en las últimas décadas se asentaron en ella fincas ganaderas y explotaciones mineras, que destruyen su selva tropical. Según el sitio especializado Mongabay, los datos preliminares de 2025 indican que siguió perdiendo bosque y las imágenes satelitales muestran manchas marrones reveladoras de que cada vez estas son más profundas en lo que queda de su selva tropical.
En 1997 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, conocida como Unesco, declaró a Bosawas reserva de biósfera. Sin embargo, según datos satelitales del Laboratorio de Análisis y Descubrimiento Global de Tierras de la Universidad de Maryland, visualizados en la plataforma de monitoreo Global Forest Watch, desde principios de este siglo Bosawas ha perdido más del 30 por ciento de su cobertura forestal primaria.
Y en 2024, la deforestación alcanzó un récord con la tala de 740 kilómetros cuadrados, que equivalen al 10 por ciento de la superficie terrestre de la reserva. Además, los datos muestran que en ese año los incendios forestales también se incrementaron en la reserva y provocaron la pérdida del 35 por ciento de la cobertura arbórea; esto representa un aumento del 700 por ciento en relación con el 2023.
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Bosawas es el hogar de miskitos y mayangnas
En Bosawas habitan grupos indígenas miskitos y mayangnas, así como una innumerables fauna, como monos araña de Geoffrey ( Ateles geoffroyi ) y tapires de Baird ( Tapirus bairdii ), en peligro de extinción. También, las salamandras de musgo de Saslaya ( Nototriton saslaya ), en peligro crítico de extinción, que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.
El reportaje de Mongabay detalla que, según defensores indígenas, la ganadería ilegal es una de las principales causas de la pérdida de bosque en la reserva. Los ganaderos que invaden esas tierras talan el bosque para sembrar pasto para alimentar al ganado. La actividad perjudica tanto a las comunidades indígenas como a la vida silvestre.
“Si un ganadero viene y ocupa mil acres cerca de una comunidad, esa comunidad pierde el acceso a la caza, la pesca e incluso a fuentes de agua limpia”, dijo Wari, un defensor de los derechos indígenas en Bosawas que habló con Mongabay en 2023 y pidió, por cuestiones de seguridad, ser identificado solo por su nombre de pila.
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Minería artesanal amenaza la reserva
La minería también es una amenaza para Bosawas: un informe de 2022 de la organización no gubernamental nicaragüense, Fundación del Río, determinó que el 66 por ciento de la reserva está rodeada de concesiones mineras metálicas.
Un miembro de una comunidad indígena que habló con Mongabay en 2023, bajo condición de anonimato, afirmó que los miembros de la comunidad han sido víctimas de violencia por parte de forasteros que invaden Bosawas.
Debido a la escalada de violaciones de derechos humanos, tanto en la Reserva de Bosawas como en Río San Juan, en 2024, el Fondo Verde para el Clima de las Naciones Unidas canceló un proyecto de conservación destinado a reducir la deforestación en ambas reservas.
“El bosque es la Madre Tierra para nosotros porque es la madre que nos proporciona lo que necesitamos para sobrevivir, para alimentarnos y protegernos”, aseguró otro líder indígena que también pidió permanecer en el anonimato por cuestiones de seguridad.
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La ganadería ilegal en Bosawas
El reportaje de Mongabay también cita una investigación realizada por los grupos ambientalistas internacionales ReWild y Patrol Campaign, publicada en octubre de 2025, en la que revelaron que los ganaderos han continuado deforestando las áreas protegidas y los territorios indígenas de Nicaragua, a pesar de años de reformas en el sector. Y que la carne que producen de manera ilegal en esas zonas se mezcla con la que produce legalmente la industria y se exporta al extranjero.
En una carta abierta que hace referencia a la investigación y firmada por ReWild, Patrol y la organización internacional de vigilancia Agencia de Investigación Ambiental, los conservacionistas instan a los minoristas que importan carne de res nicaragüense a investigar sus suministros e implementar estrictas políticas de abastecimiento y medidas de trazabilidad.
“Esta ‘carne de conflicto’ fomenta los abusos contra los derechos humanos y acelera la deforestación en ecosistemas críticos como la Reserva de la Biosfera de Bosawas y la Reserva Biológica Indio Maíz”, afirma la carta. También menciona que “estas áreas no solo albergan fauna amenazada, sino que también forman parte de las irremplazables reservas de carbono y biodiversidad de nuestro planeta”.
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