Juan José Ramírez Rojas tiene 27 años viviendo en Costa Rica, desde que se quedó sin empleo en su natal San Jorge, en Rivas. LA PRENSA/ CORTESÍA

Juan José Ramírez Rojas tiene 27 años viviendo en Costa Rica, desde que se quedó sin empleo en su natal San Jorge, en Rivas. LA PRENSA/ CORTESÍA

La odisea del rivense que viajó con una estampa de la Virgen y hoy gestiona un hotel de lujo en Costa Rica

Un joven de San Jorge, Rivas, decidió irse a Costa Rica con una mochila ligera y dinero justo para dos pasajes. Casi tres décadas después, dirige el mantenimiento de un resort en Guanacaste.

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.
Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

El nicaragüense Juan José Ramírez Rojas, de 48 años, es actualmente el gerente de mantenimiento del hotel Riu que está en Guanacaste, Costa Rica, un resort de lujo.

Con ese empleo ha bachillerado a sus dos hijos, comprado casa, carro, ha viajado a Estados Unidos. Lo tiene todo.

Lea también: Pedro Bismarck Chau, el obispo en EE. UU. que extraña la fritanga nicaragüense

La hija mayor, Yaosca María, de 25, trabaja también en el hotel Riu-Guanacaste. Su otro hijo es Jordi, de 18.

Sin embargo, hace 27 años, Ramírez Rojas estaba en su natal San Jorge, Rivas, trabajando para un patrón al que ya solo le quedaba presupuesto para una semana de trabajo y luego lo enviaría al desempleo.

“Solo esta semana tenemos de trabajo”, le dijo el patrón a Ramírez Rojas.

En el hotel Riu-Guanacaste, donde Ramírez Rojas es gerente de mantenimiento. LA PRENSA/ CORTESÍA
En el hotel Riu-Guanacaste, donde Ramírez Rojas es gerente de mantenimiento. LA PRENSA/ CORTESÍA

Aunque en esa época tenía 21 años y estaba soltero, Ramírez Rojas tuvo que tomar una difícil decisión ante la falta de oportunidades en ese momento en su lugar de origen: irse al país vecino del sur, Costa Rica. Solo contaba con los datos de un amigo que, por carta, pues en esa época no había fácil acceso a una llamada de larga distancia, le decía que él estaba bien porque “al menos tengo trabajo”, le escribió.

Ramírez Rojas ni siquiera tuvo que hacer maletas, ya que no tenía nada, según le contó recientemente su historia de superación al periodista Eduardo Vega, del periódico costarricense La Teja.

En una mochila, Ramírez Rojas metió dos pantalones, dos camisas y una postal de la Virgen Concepción de María y, con el equivalente en ese momento a 10 mil colones, lo justo para pagar dos pasajes, emprendió el viaje hacia el lugar donde su amigo le decía que estaba, una finca en Matina, en la provincia costarricense de Limón.

La llegada: una pesadilla

El caso de Ramírez Rojas es un ejemplo de cómo los nicaragüenses salen del país a buscar mejor vida, pero antes deben enfrentar todos los obstáculos posibles.

Al llegar a San José, la capital costarricense, Ramírez Rojas sabía que debía ir a la terminal de los buses que van a Matina, y así se lo dijo al taxista que abordó aquel día de 1998 en el que había iniciado una nueva vida fuera de Nicaragua.

Lea también: Franck de las Mercedes: nacido en Nicaragua, made in USA

Sin embargo, el taxista le entendió que iba para Orotina y ese fue el bus que tomó el nicaragüense.

Totalmente extraviado porque, si Orotina está a 48 kilómetros al suroeste de San José, su lugar de destino, Matina, está a 134 kilómetros de la capital costarricense, pero del lado contrario, es decir, Ramírez Rojas tenía que regresar a San José para luego tomar un bus a Matina. Es casi cruzar todo lo ancho del país. El problema es que iba con lo justo del pasaje.

Ramírez Rojas se dio cuenta que estaba perdido cuando preguntó si ya estaba cerca de llegar a un túnel que está poco antes de llegar a la ciudad de Guápiles, en la ruta a Matina, pero una señora le respondió: “¿Cuál túnel, muchacho? Aquí es Orotina”.

Ramírez Rojas en la época que salió de Nicaragua hacia Costa Rica. LA PRENSA/ CORTESÍA
Ramírez Rojas en la época que salió de Nicaragua hacia Costa Rica. LA PRENSA/ CORTESÍA

En ese momento, el nicaragüense casi se pone a llorar. La señora vio su aflicción y le regaló dos mil colones, una acción que Ramírez Rojas no olvida y le gustaría mucho volver a ver a esa mujer para agradecerle el gesto.

Ese día, no pudo encontrar bus que lo llevara de regreso a San José y Ramírez Rojas durmió en la terminal de buses de Orotina, soportando el frío de la madrugada, pues si no tenía para pasajes, menos para un hospedaje.

Al día siguiente, logró llegar a la finca donde estaba su amigo.

Trabajar al 200 por ciento

Ramírez Rojas halló trabajo en una bananera en la que estuvo ocho años, al final de los cuales se aburrió del ritmo de trabajo y decidió irse a buscar un empleo mejor.

En Matina dejó a su compañera de vida, con la que ya había procreado dos hijos, para mientras veía cómo le iba, y se fue a Guanacaste con la esperanza de hallar trabajo en electricidad, un oficio del que apenas sabía algo.

Dos años después de haber llegado a Guanacaste, en el 2008, conoció a un ingeniero que estaba en la construcción del hotel Riu de Guanacaste, y lo llevó para que trabajara en esa obra.

El hotel Riu-Guanacaste está considerado como un resort cinco estrellas. LA PRENSA/ CORTESÍA
El hotel Riu-Guanacaste está considerado como un resort cinco estrellas. LA PRENSA/ CORTESÍA

Al llegar al lugar de la construcción, Ramírez Rojas se perdió porque era bien grande, pero se quedó ahí.

Al terminarse la construcción, y entrar el hotel a operar, un español, que era el jefe de mantenimiento del hotel, le dijo a Ramírez Rojas: “Quiero que te quedes (trabajando) conmigo, quiero que seas mi apoyo”.

El nicaragüense cree que fue la disciplina con la que trabajó en la construcción lo que le habría gustado al español de él.

Lea también: Sheila Santana, una artista costarricense orgullosa de sus raíces nicaragüenses

Aceptó el empleo, a pesar de que el salario era la mitad de lo que ganaba como obrero de la construcción.

Desde el primer día lo que hizo el nicaragüense fue echarse el hotel “al hombro”, porque era el primero en llegar a trabajar y el último en irse. Nunca se negaba a hacer lo que le pedían que hiciera.

“Cuando te gusta algo, das el ciento por ciento. Yo di el 200 por ciento”, le dijo Ramírez Rojas al periodista costarricense Eduardo Vega, de La Teja.

Con la expresidenta costarricense Laura Chinchilla, en el hotel. LA PRENSA/ CORTESÍA
Con la expresidenta costarricense Laura Chinchilla, en el hotel. LA PRENSA/ CORTESÍA

Así, el nicaragüense pasó de técnico raso en el hotel, a supervisor y luego a encargado máximo del mantenimiento del hotel. Hoy es gerente de mantenimiento y está muy agradecido con las oportunidades que ha tenido no solo en el hotel Riu-Guanacaste, sino también con el país de Costa Rica.

“Voy a Nicaragua y por la tarde ya me quiero devolver. Lo que tengo, lo tengo aquí”, afirma.

Hace años llevó a operar a su hijo menor, Jordi, nacido con paladar hendido, al Hospital del Niño, en San José. Allí vio un detalle que no olvidó: en mesas, televisores, ventiladores y otros equipos aparecía la misma frase: “Donado por Liga Deportiva Alajuelense”.

Desde entonces sigue a ese club con la misma constancia con la que, años atrás, se subió al autobús equivocado y decidió no regresar.

La Prensa Domingo Costa Rica migrante nica archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí