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La vida de Víctor Ticay empieza a las 4:00 de la madrugada. Debe alistarse para ir a su trabajo en un campo de golf al que le da mantenimiento todas las mañanas. Alquila un cuarto en donde vive con su esposa y su hija de tres meses. Por ello, trata de bañarse y vestirse haciendo el menor ruido posible para no interrumpir el sueño de la pequeña.
El beso de despedida a su esposa no puede faltar antes de irse. A las 5:00 de la mañana está en su vehículo con dirección a su trabajo y media hora más tarde ya está registrando su entrada al campo de golf. Todo eso, mucho antes de que salga el sol en California, estado en donde vive ahora Ticay tras haber sido desterrado por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en septiembre de 2024.
Los días de Ticay en su natal Nandaime eran muy diferentes. Vivía solo con su esposa y estaba completamente dedicado a su oficio de periodista. Lograba un poco de dinero extra haciendo fotos y videos en eventos privados, hasta que la Policía lo encarceló el 6 de abril de 2023, un Jueves Santo.

Para entonces, la dictadura había prohibido todas las manifestaciones religiosas, pero ese día Ticay recuerda que los nandaimeños salieron para hacer una profesión que todos los años se hacía en el pueblo. Él se dispuso a ir a darle cobertura y cuando regresó a su casa, se lo llevaron preso a él, y a su esposa la retuvieron por tres horas en una delegación policial.
A Ticay lo convirtieron en preso político. Estuvo 517 días en prisión de los cuales no extraña ninguno. Cualquier lugar es mejor que aquella calurosa celda de la Modelo. “No me volví a quejar de nada después de que salí de la cárcel”, dice.
A pesar de las penurias y el maltrato que vivió, dice no guardar rencor. Es un sentimiento muy negativo para una persona bondadosa como él. Recientemente, Ticay terminó un tratamiento psicológico y la terapeuta le dijo que está bastante sano mentalmente y ha sabido reponerse tras la tempestad.
Está enfocado en garantizar que a su hija no le falte nada en la casa y por ello no protesta cuando debe ir al campo de golf. Como parte de su trabajo debe asegurarse del cuidado del césped, regarlo, controlar plagas y demás. También del mantenimiento de los búnkeres de arena y estanques, el cuidado de los árboles, y el mantenimiento general de las instalaciones y equipos de juego.
Nada parecido al periodismo que aún extraña, dice. Cuando tiene un tiempito en su día a día se pone a monitorear medios de comunicación para leer noticias y espera el día en que sus colegas informen sobre la caída del régimen Ortega Murillo.
Por ahora, las noticias que ve son preocupantes: las injusticias continúan, los presos políticos y desaparecidos aumentan cada día y China va haciéndose de más terreno en Nicaragua, al igual que Rusia se mete en el engranaje de la dictadura. “Pero va a caer la dictadura, de eso hay que estar seguros”, se anima.
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La calurosa celda
Ticay llegó a Estados Unidos junto con su esposa el 11 de diciembre de 2024 tras ser desterrado a Guatemala en septiembre de ese año. Fue de los primeros excarcelados en ser aceptado por las autoridades estadounidenses y fue ubicado en algún lugar de California que él prefiere no revelar por razones de seguridad.
Sin embargo, Ticay describe que el frío en ese país es mucho mejor que la celda calurosa de La Modelo en donde estuvo por más de 500 días.
Antes de ser encarcelado, en abril de 2023, Ticay ya tenía 10 años de haberse casado. Junto a su esposa tenían planes de tener a su primer bebé, pero su captura interrumpió sus intenciones. “Ella incluso había pasado consulta con su ginecóloga y estaba todo listo, pero ya no se pudo porque caí preso. Ya después de salir de la cárcel retomamos todo y aquí estamos ya con la niña”, detalla.
Antes de ser encarcelado, Ticay ya había recibido amenazas. El 16 de junio de 2020, un policía le puso un arma en la cabeza para decirle que dejara de informar sobre lo que sucedía en Nandaime “o te atenés a las consecuencias”. Luego lo golpearon durante una cobertura en la que intentaron robarle sus equipos de trabajo.
Después de eso trató de bajar su perfil, pero sin abandonar su trabajo periodístico como corresponsal de Acción 10 y de su propia plataforma digital llamada La Portada. Pero cuando la represión se recrudeció, todo empeoró para él. “Nunca me imaginé ser encarcelado por dar cobertura o hacer mi trabajo”, señala.

Cuando se lo llevaron preso a La Modelo, en Tipitapa, lo metieron a una celda con otros 49 presos políticos. Ahí estaba también Jasson Salazar, un joven miembro de la Alianza Cívica que fue secuestrado en esos días. Tanto a Ticay como a Salazar, los demás presos los marginaron porque sus familiares les decían que no se juntaran con ellos “para que no se dieran tanto color porque éramos como los más visibles”.
En esos primeros días, “yo casi me muero”, recuerda Ticay. La comida que les llevaban tenían restos de insectos como cucarachas o chocorrones. “Lo único que podías hacer era apartar eso y comerte lo bueno, pero ya iba contaminado”, relata.
Como no había más que comer, además de que los guardias obligaban a los presos a consumir la comida, Ticay no tuvo de otra que ingerirla y luego pasó más de una semana con fuerte vómito y diarrea, además de un dolor de estómago intenso. “Jasson me decía que tenía que aguantar, que tenía que vivir, que no me podía morir ahí”.
Se recuperó prácticamente solo de aquella infección intestinal, sin medicamentos ni asistencia médica, pero la comida no mejoró. “Yo creo que mi cuerpo terminó acostumbrándose más bien”, valora.
Con el tiempo, los otros presos políticos fueron acercándose a él y los guardias se dieron cuenta de que Ticay podía cortar cabello. Cada mes, cuando se acercaban visitas, le daban una máquina para que les cortara el pelo a sus compañeros.
“Pasaba todo el día cortando cabello, pero a mí me encantaba porque era el momento de salir de la celda, de ese calor y tomar agua helada de un oasis que había ahí donde nos llevaban para cortar pelo”, recuerda Ticay.
La celda era como un infierno que ardía de tanto calor, recuerda. Dormían en una loseta de cemento. No necesitaban cobijas porque la temperatura era muy alta, pero los mosquitos interrumpían su sueño todas las noches. Otras veces eran los guardias quienes llegaban a sacarlo de la celda para interrogarlo.
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Le preguntaban quién lo financiaba, que cuánto le pagaban y que cómo hacía sus noticias. Incluso le pidieron que les analizara cómo se hacía una nota informativa, la estructura, las fuentes y demás. “Prácticamente les di una clase de periodismo”, recuerda.
Reencuentro
Ticay se reencontró con su esposa 10 días después de ser desterrado, el 15 de septiembre de 2024. Ella llegó a Guatemala, a donde lo mandaron junto con otros 134 presos políticos y luego, en diciembre, se fueron juntos para Estados Unidos.

“Después del encierro, es como cuando soltás a un perro en el parque”, describe Ticay cómo fue para él llegar a California, a su nuevo hogar, en libertad.
Por ahora está alquilando un cuarto, pero planea moverse a un apartamento en las próximas semanas para estar más cómodo con su hija. Tras un año en ese país, asegura que la vida no es fácil a como muchos creen. “Ni conocés a tu vecino porque salís del trabajo a la casa y no te da tiempo de ver a nadie”.
Llega a la 1:30 de la tarde después de trabajar. A esa hora le ayuda a su esposa a cuidar de su bebé mientras se reparten los oficios diarios como cocinar, limpiar el cuarto, lavar ropa o ir de compras.
Disfruta pasar el tiempo con su bebé hasta que se va a dormir entre las 9:00 y 10:00 de la noche. Confía en que cuando su hija crezca le contará todo lo que él vivió en la cárcel “para que sea una joven consiente y valore la importancia de la democracia”.
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