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Una delegación de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo llegó a Caracas este viernes para participar en el encuentro «Parlamentarios y Parlamentarias del Gran Caribe por la Paz» en Caracas, Venezuela.
Esto en medio de una serie de despliegues y operativos militares de la Armada de los Estados Unidos en el Caribe, con el fin declarado de combatir al narcotráfico, pero que Venezuela ha denunciado como una «agresión imperialista» en contra de la dictadura chavista de Nicolás Maduro.
La delegación la encabeza el cocanciller sandinista Denis Moncada Colindres y la componen Arling Alonso, vicepresidente de la Asamblea Nacional bajo control de la dictadura; el jefe de bancada del Frente Sandinista, Edwin Castro; y los diputados también sandinistas Carlos Emilio López y Yitsy Hernández.
Asimismo les acompaña la embajadora nicaragüense en Caracas Daysi Torres y su equipo.
La delegación participó en la inauguración del encuentro el viernes, celebrado por Murillo en su alocución cotidiana del viernes como un gesto de «defensa de la soberanía y paz de nuestra América».
Una alianza peligrosa
«Es una provocación torpe», valora para LA PRENSA el especialista en resolución de conflictos y paz por la Universidad para la Paz (UPEACE) de Naciones Unidas, Álex Aguirre. «Expone la debilidad del régimen sandinista», añade.
Aguirre apunta que el régimen en Nicaragua no tiene niguna clase de poder real, ni en términos militares ni mucho económicos, para influir en el tablero geopolítico en el que juega Estados Unidos. De modo que la alianza con Maduro no pasa de ser un gesto simbólico, ideológico, de cara a cualquier agresión real o imaginada.
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En ello concuerda el exdiputado liberal Alfredo Gutiérrez, quien ubica la actitud del régimen «entre cobarde y aduladora».
«Daniel Ortega, más allá de una pequeña ayuda política del régimen chavista, no tiene ningún tipo de interés u ocurrencia de mandar fuerzas militares o paramilitares en apoyo a Maduro, como pasa con Cuba también, que se pronunció en apoyo», considera el exegislador liberal.
Es, asegura también Aguirre, un vínculo «profundamente peligroso para Nicaragua».
«En lugar de buscar aliados que promuevan democracia, desarrollo y derechos humanos, o comenzar a abrir el espacio cívico de cara a una transición hacia sus hijos, abraza a un régimen sancionado, acusado de crímenes de lesa humanidad y que está al bode de la navaja, porque Estados Unidos puede perseguir por tierra a los jefes del narcotráfico en cualquier momento», explica.
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La cooperación con Venezuela, asegura el experto, no supone otra cosa para el país sino «más aislamiento, más vergüenza internacional y más complicidad con el autoritarismo» chavista, un reflejo de las propias tendencias autoritarias del sandinismo para con los nicaragüenses.
«En Nicaragua, más de 70 presos políticos siguen tras las rejas; en Venezuela, la hambruna y el éxodo masivo de millones son prueba del fracaso chavista», concluye.