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Debido a que la serie mundial del béisbol en los Estados Unidos, que no es más que una serie de siete juegos a ganar cuatro, entre el campeón de la liga americana y el campeón de la liga nacional se juega en otoño, por ello se le conoce con ese nombre. Este año el clásico de otoño se está jugando entre los Dodgers de los Ángeles y los Blue Jays de Toronto. El 24 de octubre y el sábado 25 se jugaron los dos primeros juegos en la ciudad de Toronto, Canadá; juegos que fueron ganados, uno por los Blue Jays once carreras contra cuatro de los Dodgers de los Ángeles; y el otro por los Dodgers que anotó cinco carreras por solo una de los Blue Jays.
Hace bastante tiempo platicando con un ingeniero, este me dijo que era increíble la mentalidad mercantilista del sistema norteamericano y para explicármelo de mejor manera, me comentó que estando una vez en Europa, en una reunión dos ingenieros se refirieron a su último trabajo, el primero de origen francés dijo que acababa de terminar una mansión estilo mediterránea con balcones mirando al mar, piso de mármol, piscina, etcétera. El segundo que era norteamericano solo dijo que el acababa de terminar una mansión que costó doce millones de dólares, esa fue su única referencia para que los presentes se imaginaran dicha mansión.
Les he hecho este pequeño relato para graficarles la mentalidad del norteamericano, si le preguntas qué carro compró, te responde que le costó tantos miles de dólares. Pues, el clásico de otoño está diseñado para hacer miles de millones de dólares en utilidades, el país entero se paraliza ante cada juego y, como dije antes, los miles de millones de dólares comienzan a fluir, los anuncios son costosísimos, las entradas a cada juego ya no se diga y si te querés comer un hot dog y una cerveza, preparate porque ronda los cuarenta dólares.
Pero, ¿cómo se llega al clásico de otoño? Cada equipo en la temporada regular juega 162 partidos, una cifra que se ha mantenido desde 1961 para la Liga Americana y 1962 para la Liga Nacional. Este calendario se distribuye enfrentando a cada equipo contra los otros cuatro de su división (13 partidos contra cada uno), contra 10 equipos de su propia liga (seis o siete partidos contra cada uno), y contra 14 oponentes interligas (una combinación de series de tres y cinco partidos). Luego hay otra eliminatoria a siete juegos para sacar al campeón de cada liga, así que estamos hablando de un aproximado de 178 partidos para conocer al campeón mundial.
Durante todo ese tiempo las utilidades de los dueños de equipos son obscenas, diría mi amigo, hay jugadores que ganan hasta 70 millones de dólares por temporada y el pago promedio por jugador anda arriba de los 10 millones. En una ocasión compré una chaqueta de los yankes para un amigo y me costó 249 dólares, las gorras superan los 50 dólares, las entradas a los estadios son millonarias y no se diga para ver los juegos de la serie mundial. Si vivís en los Estados Unidos y querés ver un juego por televisión, tenés que pagar, de lo contrario te bloquean el canal. En fin todo al derredor del pasatiempo nacional de los Estados Unidos está perfectamente calculado hasta el más mínimo detalle, para exprimirle hasta el último centavo al aficionado.
Mis hijas y nietos acaban de estar en Disney World hace poco y les sorprendió cómo ha cambiado todo en esos parques temáticos, si querés ver el juego de luces tenés que pagar extra, para ver el desfile de noche también se paga extra y si no querés hacer filas, también tenés que pagar extra. En otras palabras, que el sueño de Walt Disney de un mundo infantil se ha convertido en una máquina para hacer dinero. Hoy no podés ir a esos lugares si no llevás un mínimo de mil dólares para un día, para una familia de cuatro.
Mi punto es exponerles cómo el sistema está diseñado para producir la mayor ganancia posible en todos los aspectos de la vida del ciudadano promedio. Este prójimo para comprarse una gorra y una camiseta de su jugador favorito se gasta media semana de trabajo. Pero así es el sistema y lo seguirá siendo por mucho tiempo más. Por el momento me despido porque voy a prepararme para ver el tercer partido de la serie mundial y ya di orden que no estoy para nadie.
El autor es analista político.