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“Voces de dioses telúricos ordenaron desde el principio el éxodo de todas las razas que constituyeron la gran amalgama móvil pobladora de nuestro país”. (Cuadra, Pablo Antonio, El nicaragüense).
Darío en el discurso ofrecido ante el Ateneo leonés el 22 de diciembre de 1907, mencionó a un viajero andaluz Ángel Ganivet quien, en su Epistolario (1893), y en su Idearium (1896) habla de un desventurado e infeliz nicaragüense matagalpés, llegado a morir a un hospital belga y que a falta de traductor se le fue presentado para que lo ayudara a bien morir en el hospital Stuyvemberg de Bélgica. Diciendo Darío: “No sé cómo se llamaba aquel hombre de Matagalpa; pero sé que ese ignorado compatriota, en su modestia representativa, había visto como yo quizás, en las constelaciones que contemplaran sus ojos de viajero, las clásicas palabras: Navigare necesse est, vivere non est necesse”. (Rubén Darío, Intermezzo Tropical p. 17). (Es necesario navegar, no es necesario vivir). Párrafo terminado con la frase grecolatina que se hizo famosa en el mundo occidental cuando según Plutarco de Queronea (40-120 d.C.) moralista griego, la toma de Cneo Pompeyano (106-48 a. C.) quien la utiliza en latín, pero la recoge en griego, para arengar a sus tropas temerosas frente al violento mar que se negaban a llevar el trigo para alimentar a Roma. Frase trasladada a Francesco Petrarca (1304-1374, d. C.) para en un recorrido universal ser enviadas a la ciudad de Bremen, Alemania y aún más tarde a Rubén Darío, viniendo desde Plutarco hasta nosotros, para ser trasmitidas en aquel discurso para describir a ese nicaragüense anónimo curioso y siempre viajero de nuestras tierras.
Cabe mencionar también aquí a otro nicaragüense quien visitó a Darío cuando este vivía en París. Llegó diciéndole: “No le vengo a molestar ni a pedirle un centavo. Vengo a saludarle, porque es cónsul de mi tierra. Acabo de llegar a Francia en un barco que viene de la China, y en el cual soy marinero”. (Rubén Darío, Intermezzo Tropical p. 42-43).
Pablo Antonio Cuadra en su libro: El Nicaragüense, menciona a ese nuestro compatriota acostumbrado a rodar fortuna, que como en una narrativa picaresca de trotamundos nos hace llorar y a veces reír, con todas sus elocuencias y cuentos de caminos y de fortunas. Narrándonos el acontecer del famoso personaje principal de Daniel de Foe, a ese Robinson Crusoe, un héroe anónimo de nuestras tierras, que fue abandonado en una isla deshabitada del Pacífico por el filibustero Sharp en 1860. Posible personaje de la costa mosquitia, cogido prisionero, que supo subsistir en solitario por sus increíbles hazañas y habilidades y que fue encontrado cuatro años más tarde y rescatado por el famoso navegante inglés, Guillermo Dampier.
Somos pues, ese pueblo peregrino que vaga, huye y emigra, y no siempre por necesidad. Somos seres inquietos y curiosos. Venimos de un lugar que surgió del mar, que nació entre dos océanos, entre líneas de volcanes y de lagos. Patria que ha servido de puente geográfico y de paso y de unión entre las dos Américas.
“Por atavismo griego o por fenicia influencia / siempre he sentido en mí ansia de navegar/ y Jasón me ha legado su sublime experiencia / y el sentir en mi vida los misterios del mar”. (Rubén Darío, Retorno).
Rubén Darío cruzó varias veces los mares y océanos. Él mismo dijo en su autobiografía que había en sus venas gotas de sangre de indio chorotega o nagrando, y aún de negro africano.
Pablo Antonio Cuadra por igual fue también descendiente de una bisabuela llamada Agustina quien era mulata.
La primera poetisa reconocida por su talento musical y pianista además del de la poesía fue de Matagalpa, Nicaragua: Olga Solari Mongrío (1914-1974). Su madre Josefina Mongrío de Solari era mulata de origen dominicano. Olga era hermana de la bailarina y coreógrafa fundadora de la escuela de danza de Chile Malucha Solari Mongrío. (Euterpe, Musa de la Cultura que está en la cumbre del Kiosco en el parque Central de Managua esculpido por Ernesto Browne y modelada por Malucha. (Dato suministrado por el ingeniero Eddy Kühl).
Somos esa raza indo hispana y africana. La del viejo y del nuevo mundo que se abrazan. La “quinta raza” del continente americano, una aglomeración de todas las razas del mundo listos para construir una nueva civilización o raza “Cósmica” como la llamó José Vasconcelos.
“La España que llegó al Nuevo Mundo en los barcos de los descubridores y conquistadores, nos dio por lo menos, la mitad de nuestro ser”, nos lo dijo Carlos Fuentes en su obra: El espejo enterrado.
La autora es máster en literatura española.