¿Podrán la prensa y el pueblo defender con éxito la democracia en EE. UU.?

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En los últimos seis meses han sucedido tantas cosas en la vida política de los Estados Unidos de Norteamérica, que desdicen mucho de la democracia que por décadas han hecho gala ante el mundo. Trataré de enumerar algunas de las muchas que se han dado, pues el espacio en este artículo no me permite enumerarlas todas.

Comienzo con las noticias que se han hecho públicas sobre la presión que el Ejecutivo está poniendo sobre el poder Judicial. Por lo menos yo no tenía idea que los jueces eran nombrados por los presidentes o políticos poderosos. Estoy seguro que habrán leído que se puede predecir la forma de sentenciar un caso de un juez, según el político que lo nombró. También hemos sido testigos de despidos de jueces porque sus sentencias no han sido del agrado del inquilino de la Casa Blanca, especialmente en temas de inmigración.

En toda democracia su columna vertebral es el poder Judicial. Una vez que este es comprometido o invadido por el poder Ejecutivo, es cuestión de tiempo para que esa democracia comience a erosionarse. Lo mismo sucede cuando el Ejecutivo hace uso excesivo de decretos para evitar al poder Legislativo, que en el caso de los Estados Unidos está representado por el senado y congresistas.

Otro caso que es digno de comentar, es la protección que ciertos gobernadores y funcionarios del Ejecutivo tienen por parte del presidente, a sabiendas que sus decisiones o actuaciones están violando la Constitución de la que se han enorgullecido por siglos. La amenaza de usar los dineros federales para castigar a los gobernadores que no se doblegan ante las arbitrariedades del actual presidente, es otra cosa que desdice mucho de la democracia representativa practicada por siglos.

Si bien es cierto que hay muchas prerrogativas presidenciales en el comercio, taxativas, etcétera, el abuso de estas no solo compromete la buena marcha del país, sino que la convierte en un mecanismo de venganza política que al final como bumerang impacta negativamente en el mismísimo pueblo norteamericano. Aquí permítanme hacer referencia a esa magnífica presidenta que tienen los mexicanos, Claudia Sheinbaum, cuando dijo que ni en el corto ni en el mediano plazo el pueblo norteamericano se puede dar el lujo de prescindir de los jitomates, legumbres y aguacates mexicanos. No había terminado de decirlo cuando el grito de los ciudadanos en los supermercados se dejó escuchar y el presidente Donald Trump tuvo que echar marcha atrás en los aranceles que había impuesto.

Ahora permítanme explicar la razón del título de este artículo. Es bien sencilla, he visto al igual que otros cienes de miles dentro y fuera de los Estados Unidos la benevolencia o complacencia tanto del poder judicial como de muchos senadores y congresistas, con las arbitrariedades y violaciones a la Constitución por parte de autoridades policiacas, del FBI, de la misma Casa Blanca sin que intenten hacer nada para detener esos desmanes y como todo absolutista no creo que se detenga sino se levanta el pueblo apoyado por la prensa y salgan en defensa de su democracia.

Para explicarlo de mejor manera, permítanme referirme al más reciente ataque a la democracia por parte del oficialismo (léase trumpismo). Me refiero a la intención de hacer cambios a los mapas electorales para favorecerse a sí mismos y lograr obtener los votos necesarios para continuar en el poder. Yo no sé como le llamarán a esa práctica en los Estados Unidos o en otros países, pero yo les llamo practicar fraude electoral así de simple. Si los que defienden la democracia y la prensa independiente, no logran impedir esa desvergüenza el tiempo que le queda de vida a la democracia norteamericana es corto y en nada podrá distinguirse de países que llamamos totalitarios.

Dios salve América en este momento tan difícil  por el que están pasando, siempre creí que las políticas de pesos y contrapesos de su sistema jurídico era una garantía de democracia, pero les confieso que ahora no estoy tan seguro.

El autor es analista político.

COMENTARIOS

  1. Hace 11 meses

    La democracia impera mas que nunca. Si Trump no ha vencido en las elecciones, el EE.UU. del que tenemos idea hubiera desaparecido en los proximo cinco años. Los EE.UU. se hubieran convertido en una California donde existe la dictadura de un solo partido: El partido democrata. Cualquier otro partido que se atreva a presentarse en California el aparato juridico del Partido Democrata entra en accion paraa eliminar a todo rival. Es lo mismo que hace Ortega. Preguntele a Leo Lacayo de San Francisco que le pasó por hacer campaña por el partido republicano en California. Los democratas le echaron todo el sistema judicial para eliminarlo y robarle indirectamente su propiedad. En California solo el Partido Democrata corre por los puestos publicos. Es lo mismo que ocurre en Nicaragua.

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