Un homenaje a nuestros artesanos

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La semana pasada (antes del lunes 4 de agosto) fui con la familia al sector de Catarina en busca de unas butaquitas para un minibar que estoy acondicionando en un rinconcito de mi casa. En ocasiones anteriores he visitado los diferentes quioscos que ofrecen toda clase de muebles, desde sillas abuelitas hasta otros muebles más elaborados. Siempre por curiosidad pregunto por los que me parecen con más diseños y por supuesto el precio es alto y siempre me han parecido un poco caros. En esta ocasión no fue diferente, visité varios quioscos de venta en busca de mis butaquitos y en uno de ellos me llamó la atención una butaquita hecha a la medida de lo que andaba buscando.

Sólo que cuando me acerqué a indagar por el precio, el vendedor se encontraba negociando un juego de cuarto de lo más bello y delicado que he visto, los posibles compradores eran una pareja ya mayor que según pude escuchar lo querían para llevárselo a su país que si mal no recuerdo era Holanda. Me llamó la atención en cómo ambos (el señor y su esposa) ponían especial atención en los detalles, en el acabado de las decoraciones, pasaban sus manos sobre la madera para sentir cualquier imperfección. Cuando terminaron su inspección se dirigieron al vendedor le preguntaron por su valor, cuando este les dijo 2,500 dólares pero les puedo hacer una rebaja, el señor le preguntó: ¿Cuánto? El vendedor le contestó que se los dejaba en 2,300 dólares empacados listo para su exportación. Cuando la pareja escuchó el precio, sin titubear un instante dijeron “nos lo llevamos”.

Debo decirle que era un juego de cuarto maravilloso, estilo europeo, de caoba finamente tallada, digno de cualquiera de las realezas europeas. Mientras el señor realizaba los trámites de la compra pagando con tarjeta una parte y el resto en efectivo, yo aproveché para conversar con la esposa, le comenté que se estaban llevando un juego de cuarto digno de la realeza inglesa, lo que le causó risa. A continuación, me dijo que lo querían para regalárselo a una hija recién casada. Siguiendo con mi curiosidad de las razones de haber cerrado una compra de tanto valor tan rápido, le pregunté que cuánto podría valer un juego de esa calidad en caoba pura y tan fantásticamente diseñado en su país, sin titubear me contestó que entre 10 y 12 mil dólares. Se me olvidaba decirles que mi conversación con ella fue en inglés por lo que el dueño del negocio jamás se dio cuenta del valor de su arte en Europa.

Hasta aquí mi comentario. Ahora quiero comentarles mi conversación con el dueño del local una vez que la pareja europea se fue. Le pregunté que con cuánta regularidad hace un negocio como ese, a lo que me contestó que con bastante frecuencia, me mostró unos catálogos pues también hacen muebles al gusto del cliente. Me comentó también que desde hace varios años han recibido asistencia y apoyo de Suecia creo que me dijo, que ellos han traído equipos especiales para trabajar la madera y les han dado talleres para aprender técnicas europeas, que como son máquinas muy caras, ellos diseñaron un sistema rotativo en que los artesanos esperan su turno para trabajar sus muebles alcanzando la calidad que usted vio, me dijo.

Quiero enfatizar que los muebles que vi no tienen nada que ver con la artesanía tradicional, son muebles con un acabado ultrafino, con calidad y sobre todo con estilo europeo la mayoría. Estoy seguro que más de uno de ustedes, amigos lectores, habrán pasado por el sector de Tisma y tomado el camino hacia Nandasmo, allí habrán podido observar los muebles de que les he hablado. Para finalizar sólo me queda felicitar a esos artesanos nicaragüenses que con sus manos prodigiosas y ahora con una maquinaria y técnica de primer mundo, son capaces de crear esas maravillas que son apreciadas por los extranjeros que nos visitan. Hoy ya no sólo procesan hamacas, sombreros, etcétera, ahora procesan muebles dignos de estar en los más exclusivos escaparates europeos o norteamericanos. Un aplauso y mis respetos por el emprendimiento de esos laboriosos artesanos.

El autor es analista político.

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