Imagen de la Sangre de Cristo ya tiene ubicado su rostro que se desprendió cuando fue calcinada en julio de 2020. Foto: Tomada de las redes sociales de la Catedral Metropolitana

Cinco años desde el atentado contra la imagen de la Sangre de Cristo; colecta para restaurarla sigue vigente

El rostro de la imagen consagrada de la Sangre de Cristo ya fue incorporado a la figura, y ahora yace completa en su altar

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La imagen consagrada de la Sangre de Cristo, tras cinco años del incendio del 31 de julio de 2020, con el que intentaron reducirla a cenizas dentro de su capilla —en la Catedral Metropolitana, en Managua— sigue erguida.

El rostro de la imagen, que tras el incendio quedó desprendido y luego fue resguardado en una urna de cristal durante varios meses, finalmente, a cinco años del siniestro, luce incorporado a la figura, que ahora reposa sobre una nueva base sólida de madera preciosa.

Las mejoras y cuidados que ha tenido en los últimos años la Iglesia católica para preservar la imagen, todavía no son suficientes para permitir que los fieles católicos puedan acercarse, ya que no ha sido restaurada completamente.

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Las huellas del atentado en la imagen de la Sangre de Cristo siguen presentes; la figura todavía está ennegrecida y, al ser de madera, quedó visiblemente carbonizada.

La imagen actualmente yace en su altar, ubicado al centro de su capilla, que también conserva las marcas que dejó el fuego en ese lugar. Junto a esta, ahora también fueron ubicadas imágenes de la Santísima Virgen de Dolores y San Juan Apóstol y Evangelista.

Venerada desde un portón

La veneración de la Sangre de Cristo, hasta la fecha, y como consecuencia del atentado en 2020, se hace desde atrás de un portón oxidado que cierra el acceso principal a la capilla de la Sangre de Cristo. Desde ahí, decenas de fieles llegan diariamente para arrodillarse ante la imagen, rezar e incluso dejar sus ofrendas.

Desde el atentado, la imagen de la Sangre de Cristo no sale de su capilla a peregrinar. La Iglesia en los últimos años, únicamente, había expuesto el rostro de la figura, en una urna de cristal, junto a una pintura de esta, durante las procesiones que se han realizado tanto dentro como fuera de los terrenos de la Catedral Metropolitana.

La Arquidiócesis de Managua, dirigida por el cardenal Leopoldo Brenes, este año, públicamente, no ha actualizado sobre la situación de la restauración de la imagen, que, tras el incendio, inicialmente se impulsó colectas para restaurarla, se indicó también que se buscarían opciones fuera del país para concretarlo e incluso también se consideró la opción de hacer una réplica de esta.

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En la Catedral Metropolitana, confirmaron fieles católicos, todavía se siguen recibiendo donaciones en efectivo para la restauración de la imagen. Sin embargo, la Arquidiócesis de Managua en sus redes sociales oficiales ya no invita, como lo hacía entre 2020 y 2023, a que los feligreses se acerquen a donar para la restauración de la sagrada imagen de la Sangre de Cristo.

Este año, la Iglesia católica no ha anunciado una misa especial, como la que hizo en 2021 en desagravio por el atentado sufrido por la imagen. Este jueves 31 de julio coincide con el día en que las parroquias realizan la adoración del Santísimo.

Iglesia sostuvo que fue un «atentado»

La Iglesia católica, pese a la versión oficial que impuso la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo sobre que el incendio fue un “accidente”, sostuvo su postura sobre que esto fue producto de un “atentado”.

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Tras el incendio, sin que se diera una versión oficial de la Policía Nacional o Bomberos, la dictadora de Nicaragua, Rosario Murillo, a través de medios oficialistas lanzó su versión indicando que el fuego había iniciado por el contacto de una veladora con una cortina.

El cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de la Arquidiócesis de Managua, en ese entonces aclaró que no había velas ni cortinas en el interior de la capilla, calificando el hecho como “un acto terrorista”.

La imagen de la Sangre de Cristo sostenida sólo por cinco clavos, tras el atentado perpetrado por un hombre el 31 de julio de 2020. LA PRENSA/ ARCHIVO/ÓSCAR NAVARRETE

El papa Francisco (q.e.p.d.) en ese mismo año se pronunció sobre el hecho, señalando que había sido «un atentado en la Catedral», que había dañado y casi destruido «a la imagen de la Sangre de Cristo que ha estado por mucho tiempo entre el pueblo fiel».

El atentado se adjudicó, por lo que refirieron inicialmente los testigos del hecho, a un hombre que ingresó a la Catedral vestido con una camisa color celeste y holgada, que aparentemente habría lanzado un explosivo a la capilla de la Sangre de Cristo. El sujeto, según las publicaciones de ese entonces, habría preguntado por la ubicación exacta de la capilla de la Sangre de Cristo, ingresó a esta y minutos después comenzó el fuego en ese lugar.

Ante la postura sostenida por la Iglesia, la Policía Nacional y el Cuerpo de Bomberos —ambos controlados por la dictadura Ortega Murillo— ofrecieron una versión más elaborada de los hechos, señalando que este fue producto de un fenómeno de «solvatación», asegurando que «no fue intencional» y descartando «mano criminal».

La peaña con el rostro calcinado de la imagen, junto a una pintura de la Sangre de Cristo, ingresa a la Catedral Metropolitana el viernes 15 de abril de 2022, la última vez que la imagen hizo su recorrido tradicional, esto debido a las persecuciones y prohibiciones de los dictadores en contra de la Iglesia y el pueblo católico de Nicaragua. LA PRENSA/ARCHIVO/ÓSCAR NAVARRETE

La fuente de dicho fenómeno, según la versión policial, fueron los gases de un atomizador —con capacidad de menos de un litro— con alcohol isopropílico al 96 %, que supuestamente fue encontrado junto a la urna de la Sangre de Cristo, cerca de una veladora.

Investigaciones independientes, como la del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), organización cancelada y confiscada por la dictadura, en ese entonces descartaron la versión oficial, señalando que el fuego causado por esa cantidad de gases de alcohol y una vela no eran suficiente para derretir una estructura metálica y cristales que protegían a la consagrada imagen de la Sangre de Cristo.

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