Había sobrevivido a tres terremotos y un incendio, pero el 31 de julio de 2020 un incendio dejó en ruinas la imagen que lleva más de 300 años en el país. A tres años del primer gran ataque contra la Iglesia católica, la dictadura ha aumentado su represión contra los líderes religiosos.
Todo sucedió de prisa. Un sujeto encapuchado lanzó una bomba molotov dentro de la capilla donde feligreses le rezaban a la Sangre de Cristo; el autor de los hechos rápidamente se dio a la fuga, huyendo por los muros laterales de la Catedral Metropolitana de Managua, dejando caos tras él. Las llamas se alzaron y carbonizaron todo, incluyendo la imagen.
El cardenal Leopoldo Brenes afirmó que el atentado fue «un acto terrorista». La Policía, bajo las órdenes del orteguismo, descartó mano criminal. Explicaron que la razón del incendio fue la combinación de vapores de alcohol y el calor en la capilla, por las velas encendidas.
El seminarista Alexander Román comentó a la Revista Domingo que la imagen calcinada representa que Jesús comparte el dolor de la ciudadanía nicaragüense. El papa Francisco también aseveró que el hecho fue «un atentado», y expresó su cercanía y dolor hacia el pueblo creyente de Nicaragua.



Aumento de censura
En estos últimos tres años el régimen ha intensificado sus diversas agresiones contra la Iglesia católica. El motivo de que se haya convertido en uno de sus principales focos de represión es que algunos de sus líderes durante el contexto de las protestas abrieron las puertas de los templos para que manifestantes se refugiaran de las agresiones de policías.
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Además, en estos cincos años de crisis sociopolítica estos líderes religiosos se han convertido en fuertes críticos del régimen.
En un intento por silenciar a la feligresía, 11 emisoras católicas y cuatro emisoras locales, entre ellas el Canal Católico, han sido canceladas. La orden de cancelación fue emitida por el Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones (Telcor).
Religiosos detenidos
El régimen mantiene a siete religiosos en sus mazmorras como presos políticos. El caso más destacado ha sido el de monseñor Rolando Álvarez, que este 19 de agosto cumple un año de detención arbitraria. Luego de negarse al exilio forzado fue condenado a 26 años de prisión por traición a la patria. Además, fue desnacionalizado como nicaragüense.
El último detenido fue el padre Fernando Zamora y personas cercanas comentaron a LA PRENSA que no están seguros de dónde se encuentra porque las autoridades no les permiten verlo, asegurando que no tiene derecho a visita. La captura del sacerdote Iván Montesinos Sauceda fue dada a conocer por la Policía, afirmando que se encuentra bajo investigación.
Los sacerdotes Eugenio Rodríguez y Leonardo Guevara fueron trasladados por una supuesta investigación sobre asuntos administrativos de la extinta Cáritas Diocesana de Estelí, cancelada por el Ministerio de Gobernación (Migob).
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En el caso de los sacerdotes Manuel Salvador García y monseñor José Urbina, ambos fueron detenidos en 2022 y condenados por las autoridades al servicio de la dictadura y se encuentran cumpliendo condena arbitraria en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como La Modelo.