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El deterioro de las “celebraciones” sandinistas en el marco del aniversario de la Revolución de 1979 es cada vez más evidente, mientras el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo consolida su modelo autoritario. A cinco días del 19 de julio, cuando se conmemoran 46 años de la Revolución Sandinista, el régimen ha omitido varias actividades que tradicionalmente celebraba el sandinismo. En su lugar, ha obligado a trabajadores estatales y docentes a llenar las calles mediante caravanas partidarias.
Para el opositor Héctor Mairena, la conmemoración del 19 de julio, que alguna vez marcó un hito en la historia del país, se ha transformado en un acto familiar y partidario.
“Esa fiesta nacional fue gradualmente apropiada por un partido político. Aunque después de 1990 aún se celebraba de manera popular, la apropiación de esa fecha tan emblemática fue alejando a los nicaragüenses. Ahora es una celebración cerrada, casi familiar, que además refleja otra realidad: el escuálido apoyo que tiene la dictadura de Ortega y Murillo, algo que se ha profundizado”, afirmó Mairena.
El régimen intenta llenar las calles con empleados públicos
En lugar de organizar actividades tradicionales como el Repliegue Táctico a Masaya o el Repliegue al Vapor, el régimen ha obligado a trabajadores del Estado a participar en caminatas los fines de semana.
“Ante la falta de apoyo espontáneo y voluntario, el régimen obliga a los empleados públicos, policías y militares a asistir a estos actos. Lo hace para aparentar fuerza. Pero sabemos que hay inconformidad entre los trabajadores, quienes por necesidad de conservar sus empleos se ven obligados a participar”, añadió Mairena.
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Además, la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo aprobó con trámite de urgencia una ley que declara el 1 de julio como «Día del Combatiente». Esta nueva efemérides se suma a otras disposiciones legales que obligan a los trabajadores del Estado a marchar y participar en actividades organizadas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
El artículo 2 de esta nueva ley establece que “el Gobierno central, los órganos del Estado, las instituciones públicas, las fuerzas militares y policiales, los centros educativos públicos y privados en todos los niveles, medios de comunicación, y los gobiernos municipales y regionales realizarán actividades en unidad con las familias nicaragüenses, las comunidades y la juventud organizada, para celebrar en todo el territorio nacional el 1 de julio ‘Día del Combatiente’”.

Falta de apoyo popular
“No hay apoyo popular a estas celebraciones, que hoy se han convertido en actos para exaltar a Ortega y Murillo. Existe un rechazo generalizado a ese culto a la personalidad, y el respaldo al Frente Sandinista ha disminuido. Además, es evidente que la salud de Ortega no es buena. Habrá que ver qué ocurre este 19 de julio con respecto a su presencia, pero siempre hay incertidumbre sobre si aparecerá o no. En su última aparición pública fue notorio el deterioro de su salud”, indicó Mairena.
El Repliegue Táctico a Masaya, realizado en junio de 1979, consistió en una retirada estratégica de combatientes sandinistas y población civil desde Managua hacia Masaya, ciudad ubicada a unos 28 kilómetros al sureste de la capital.
La ruta original partía de los barrios orientales de Managua, que estaban en insurrección, hacia Masaya, ya tomada por los guerrilleros del FSLN. Cientos de personas fueron asesinadas en ese trayecto. En los últimos años, el régimen ha replicado la actividad en fechas variables y desde diferentes puntos de salida, aunque siempre con destino a Masaya. Sin embargo, disidentes sandinistas que participaron en el Repliegue original critican la manera en que se celebra hoy en día, con “bacanales de guaro y bailes” encabezados por Ortega y Murillo.
El 13 de julio de 2018, pocos días después de ejecutar la llamada “Operación limpieza” que desmontó los tranques, Ortega conmemoró el Repliegue dentro de la delegación policial de Masaya, rodeado de policías y paramilitares.

Se desvirtuó «la lucha» contra Somoza
El historiador costarricense Vladimir de la Cruz, quien apoyó la Revolución desde su país, considera que las actividades impulsadas por la familia Ortega-Murillo desde que retomaron el poder han desvirtuado el significado de la lucha contra Anastasio Somoza.
“En los textos actuales casi no se menciona a los líderes históricos de la Revolución. Se ha ocultado su papel. Eso es una traición a la historia de Nicaragua. Uno puede interpretar los hechos, pero no puede borrarlos. Hoy, quienes controlan el FSLN han distorsionado su esencia. Y creo que, cuando desaparezcan físicamente Ortega y Murillo, surgirán más problemas”, advirtió De la Cruz.

De la multitud a la soledad diplomática
El 19 de julio de 2017 fue la última vez que la celebración del aniversario de la Revolución Sandinista contó con la presencia de varios presidentes aliados de Ortega: Evo Morales (Bolivia), Miguel Díaz-Canel (Cuba), Salvador Sánchez Cerén (El Salvador), y los expresidentes Manuel Zelaya (Honduras) y Álvaro Colom (Guatemala).
En 2018, en plena crisis sociopolítica, la asistencia fue notoriamente menor. Destacó la presencia del entonces nuncio apostólico, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, y su secretario, monseñor Andrea Piccioni. La represión iniciada en abril de ese año había dejado más de 300 asesinados, según la CIDH.
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La pandemia de covid-19 modificó el acto de 2020, que fue trasladado de la Plaza la Fe a la Plaza de la Revolución, donde se colocó una estrella de cinco puntas y las sillas fueron dispuestas en círculo, con acceso restringido.

En 2021, se repitió esa escenografía en la misma plaza, con una estrella gigante y la cifra «42/19», por el 42 aniversario de la Revolución. El único invitado fue el canciller de Abjasia, Kove Daur, representante de un territorio no reconocido por la ONU y que Nicaragua respalda en línea con los intereses de Rusia.
En 2022, con medidas de seguridad reforzadas, destacó la presencia del primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, quien recibió la Orden Augusto Sandino y pronunció un largo discurso.
En 2023, la celebración se trasladó frente al antiguo Estadio Nacional Dennis Martínez, con la participación de Apollinaire Joachim Kyélem de Tambéla, primer ministro de Burkina Faso.
Finalmente, en 2024, el acto regresó a la Plaza la Fe. Según el régimen, asistieron 700 invitados internacionales, incluyendo delegaciones de Cuba, Rusia, Bielorrusia, Argelia e Irán. A pesar de un fuerte cordón de seguridad, el evento no fue multitudinario.