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La Asamblea Nacional de la dictadura de Daniel Ortega aprobó este martes con trámite de urgencia la Ley que declara el 1 de julio «Día del Combatiente», la cual se suma a otra legislaciones que obligan a los trabajadores del Estado a marchar y participar en actividades del partido gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
El artículo 2 de esta Ley del 1 de julio establece que «el Gobierno central, los órganos del Estado, las instituciones públicas, las fuerzas militares y policiales, los centros de educación públicos y privados en todos los niveles, medios de comunicación, los gobiernos municipales y regionales realizarán actividades en unidad con las familias nicaragüenses, las comunidades y la juventud organizada, para celebrar en todo el territorio nacional el 1 de julio ‘Día del Combatiente'».
De igual manera, en abril pasado la Asamblea aprobó la Ley que declara «Abril, pueblo que defiende la paz», y en mayo fue aprobada la Ley que declara el 15 de mayo como el «Día Nacional de la Juventud Nicaragüense».
Leyes que sólo cambian el mes
Particularmente la ley de abril es muy parecida a la ley de julio, ya que también ordena que cada año en ese mes, «el Gobierno central, los órganos del Estado, las instituciones, las escuelas, colegios y universidades, medios de comunicación, los gobiernos municipales y regionales realizarán actividades en unidad con las familias nicaragüenses, las comunidades y la juventud organizada, para celebrar en todo el territorio nacional “Abril, Pueblo que defiende la Paz”.
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Como es habitual, los diputados elogiaron la ley del 1 de julio durante el proceso de aprobación. El diputado y jefe de la bancada oficialista, Edwin Castro, durante su intervención, lanzó improperios contra el pasado régimen somocista que fue derrocado por los sandinistas en julio de 1979, momento que conmemoran cada 19 de julio en un acto partidario.
Castro repitió la conocida frase que supuestamente dijo el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt en 1939.
«El hijo de puta de Somoza, el hijo de puta del imperio norteamericano, como ellos mismos lo catalogaron», expresó Castro.
En la Asamblea Nacional de Nicaragua, todas las leyes y decretos que envía la dictadura de Ortega y su esposa, Rosario Murillo, son aprobados de forma unánime, sin ningún cuestionamiento ni cambio.