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El pasado 4 de julio dio inicio una inundación en el estado de Texas, Estados Unidos, que será recordada por siglos, pues los destrozos y pérdidas de vidas que dejó a su paso son los más devastadores que se recuerdan. En otras palabras, fue una inundación catastrófica y pasarán años para poder reconstruir muchas comunidades que quedaron arrasadas a su paso. A la fecha, se contabilizan más de cien muertes confirmadas y cerca de doscientas personas desaparecidas.
A raíz de dicha inundación comenzaron las recriminaciones contra las autoridades del estado, pues es un estado republicano seguidor de las políticas antiinmigrantes del presidente Donald Trump. En las redes sociales se ha compartido por decenas de miles una información, en que se asegura que el gobernador había expresado no hace mucho que si al mismísimo Dios se le ocurría entrar a Texas indocumentado, lo deportaba.
Deseo aclarar que no he tenido oportunidad de escuchar dicha afirmación, pero tampoco he visto que haya sido desmentida por quien se dice que lo dijo, por lo que le daré el beneficio de la duda. Con la salvedad, y en esto soy categórico, que no me cabe la menor duda que si los señores de ICE (sujetos al servicio de Trump cuyo trabajo consiste en cazar inmigrantes) se encuentran a Dios, lo esposan y lo encierran. ¿Se imaginan semejante aberración? Imaginemos por un momento el dialogo entre el Creador del universo y los esbirros del inquilino de la Casa Blanca.
En una de las carreteras del estado de Texas viene caminando un hombre alto, delgado, de pelo largo y con una espesa barba, vestido con una larga túnica blanca. A lo lejos se divisa un convoy de camiones militares los que, en la medida que se acercan, comienzan a leerse las siglas de ICE, FBI y National Guard (guardia nacional). Al llegar junto al caminante, se detienen y bajan de los camiones fuertemente armados y le preguntan: “¿Quién es usted, muéstreme sus documentos?” A lo que Dios le responde: “No tengo documentos, no los necesito”. Ante dicha repuesta, le piden que ponga las manos contra uno de los camiones y le dicen: “Es usted indocumentado, acaba de cruzar la frontera ilegalmente”. Dios les contesta: “Yo no reconozco fronteras, soy el Creador del universo”. Más de uno se suelta una carcajada y pide a los otros que lo esposen y lo suban a uno de los camiones.
Dios no ofrece resistencia, pero les advierte de su error diciéndoles: “Hijos míos, me queda claro que ninguno de ustedes cree en mí, ni en mi existencia. Hace siglos unos fariseos también se burlaron de mí en una ciudad y tuve que enviar a mis ángeles para purificarla”. Como ninguno era cristiano y estaba claro que no creían que existe un Dios creador del universo, no sabían que estaba hablando de Sodoma y Gomorra.
Allí terminó el diálogo, lo llevaron a un centro de detención y lo pusieron en un calabozo en solitario porque según ellos además de ser indocumentado estaba loco. Cuando regresaron a tomarle fotos y sus huellas, se llevaron la gran sorpresa de encontrar el calabozo completamente vacío, el prisionero había desaparecido.
Amigos, actualmente son millones en los Estados Unidos y alrededor del mundo que afirman que lo que ha sucedido en Texas y ahora en otros estados, en los que se incluye al mismísimo Washington, es un castigo divino. Al respecto sólo puedo decirles que Dios suele manifestarse de muchas formas, así como es imposible de explicar cómo un río suba su nivel nueve metros en 45 minutos, también es imposible de explicar las vidas que se han salvado milagrosamente. Sólo quienes no creen que existe un Dios son capaces de autorizar y celebrar las cosas que se están viendo en contra de seres humanos que con su fuerza de trabajo honrado han contribuido a hacer de los Estados Unidos lo que actualmente es.
Creo que desgraciadamente todavía no hemos terminado de ver la justicia divina a través de los diferentes fenómenos atmosféricos sin precedentes que se están suscitando en los Estados Unidos, fenómenos que espero que cesen pronto, pues cada vez son más los que aclaman al Rey de Reyes para que tenga misericordia de ellos. Esos creyentes aplacarán la ira de Dios y pueden estar seguros que más temprano que tarde verán el castigo divino a los responsables de las barbaries que a diario vemos en las redes sociales contra una parte de su pueblo.
Todos los que han negado la existencia o el temor a Dios han tenido un castigo ejemplar y en esta ocasión no creo que sea una excepción. Dios no tendrá piedad con ellos.
El autor es analista político.