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Ese día de 1776, el Congreso adoptó la Declaración de Independencia, dos días después de una votación sobre la separación del Reino Unido. La Declaración, redactada por Thomas Jefferson (quien finalmente se convirtió en presidente y murió el día 4 de julio de 1826), es básicamente el certificado de nacimiento de Estados Unidos: ese día se declaró a Estados Unidos una nación independiente del poder británico.
Benjamín Franklin, John Adams, Thomas Jefferson, Roger Sherman y Robert R. Livingston formaron el comité que redactó la Declaración. Jefferson, considerado el escritor más fuerte y elocuente, escribió la mayor parte del documento. El comité y el Congreso en su conjunto hicieron un total de 86 cambios al borrador de Jefferson. Aunque estos padres fundadores firmaron el documento en la década de 1700, el Día de la Independencia no se convirtió oficialmente en feriado sino hasta 1870, y se convirtió en feriado pagado por el gobierno federal en 1941.
Esa es parte de la historia a grandes rasgos del porqué de la celebración del 4 de julio en los Estados Unidos. Desgraciadamente el espíritu de independencia y recuperación de libertades que celebraron las 13 colonias se perdieron con la llegada del más reciente inquilino de la Casa Blanca. Este 4 de julio del 2025, el poder ejecutivo celebró el triunfo obtenido por Donald Trump en el Senado y el Congreso, además de la celebración de la construcción de la jaula para encerrar seres humanos construida en los Everglades de la Florida, bautizada como aligator alcatraz en alusión a las famosas ergástulas en San Francisco California.
No hay duda de que el señor Trump tiene mucho que celebrar, pues en el nuevo presupuesto consiguió dinero para aumentar el número de jueces de inmigración a su medida, contratar 20,000 nuevos agentes de ICE, continuará construyendo el muro entre EE. UU. y México. En fin, su persecución contra los inmigrantes va viento en popa. Mi pregunta es; ¿dónde están los criminales presidente Trump? Porque lo que a diario vemos en las redes sociales son arrestos en centros de trabajo, arrestos a ancianos, mujeres niños y usando sus mismos datos, menos del 30 por ciento del total de arrestados en proceso de deportación, tienen récord criminal. Pero eso de seguro lo tiene sin cuidado, su racismo no se detendrá, aunque en su frenesí de deportaciones, esté poniendo en peligro parte importante de la economía de ese otrora gran país.
No me extrañaría que en algún momento Francia solicite que le devuelvan la Estatua de la Libertad, estatua que vio llegar como inmigrantes a la madre del hoy presidente y a cienes de miles de inmigrantes que con su esfuerzo han contribuido al engrandecimiento de los Estados Unidos. Podría escribir mil cuartillas denunciando las aberraciones que se están cometiendo en contra de los inmigrantes, así como las aberraciones que se están auto infringiendo y que están convirtiendo la justicia en ese país al mejor estilo de países totalitarios del mundo.
Ya se habla y con razón, del sometimiento del poder judicial al ejecutivo, se pueden predecir sentencias según la ideología del juez que la suscribirá. Pero lo peor de lo peor, es que en su lucha por lograr la deportación de los 11 millones de inmigrantes prometida, el presidente Trump ha logrado sacar lo peor de un grupo de admiradores del Ku Klux Klan hoy convertidos en oficiales de ICE, quienes con violencia innecesaria arrestan trabajadores y familias enteras. Por lo que repito la pregunta: ¿Dónde están los criminales? La respuesta es simple. En la cabeza del presidente Trump, en ninguna otra parte.
Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo racista, al mal que hoy aqueja a la sociedad norteamericana le quedan 40 meses de existencia. Quiera Dios que la próxima persona que ocupe la Casa Blanca demuela todas las aberraciones que hoy se están cometiendo contra los inmigrantes, no inmigrantes, ciudadanos americanos perseguidos y acosados por el color de su piel.
Que Dios bendiga y salve a América y proteja nuestras comunidades hispanas.
El autor es analista político.