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Ayer (jueves 19 de junio de 2025) asesinaron en Costa Rica al mayor en retiro Roberto Samcam, exiliado en ese país desde 2018. Una de las pocas fuentes que entrevistaban los medios de comunicación en el exilio y que brindaba su identidad. Es lamentable que se silencien voces por el simple hecho de pensar diferente.
Desde 2023 el Observatorio de Agresiones a la Libertad de Prensa de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN) había advertido el incremento en agresiones transnacionales. Es impresionante que el nivel de agresiones llegue a privar de la vida a una persona y el agresor sea siempre el mismo.
Lo más triste es que dentro de Nicaragua este tipo de acontecimientos pasen “sin pena ni gloria”. Como los ataques a Joao Maldonado, quien fue víctima en dos ocasiones de disparos.
Es muy pronto para emitir una opinión sobre la reacción que tendrá Costa Rica sobre este asesinato, pero lo cierto es que como un país que ha recibido a refugiados y les ha brindado esa condición tiene la responsabilidad de cuidarlos. Los costarricenses han sido un salvavidas enorme para quienes abandonan Nicaragua por la persecución, asedio, la violencia y el miedo.
¿Pero este salvavidas es seguro? O está picado con algún pequeño orificio donde se está saliendo el aire y permitiendo que quienes buscan auxilio queden expuestos. Aplaudo la apertura de los vecinos del sur de Nicaragua, pero con un gran poder viene una gran responsabilidad. Sé que los nicaragüenses no son fáciles de cuidar, no nos gustan las injusticias y mucho menos quedarnos callados ante ellas.
No quiero pensar que el funeral de doña Violeta Barrios de Chamorro, expresidente de Nicaragua fue un punto para vigilar a los opositores, periodistas y otros nicaragüenses refugiados en Costa Rica, porque la lección sería que también en un país distinto deben esconderse, encerrarse y olvidarse de emitir comentarios, como las entrevistas que brindaba Samcam.
No puedo dejar de pensar en todos los colegas que entrevistaban a Samcam para analizar lo que ocurría en Nicaragua, por las mujeres madres de los asesinados que resisten en Costa Rica y se animan a emprender, por mis amigos que trabajan defendiendo derechos humanos. Pero como he repetido muchas veces estos días es normal sentir nervios, pero no podemos sentir miedo, el miedo nos detiene y para los que somos personas de fe, el miedo no es de Dios.
Espero que la reacción de los nicaragüenses dentro y fuera del país sea de indignación porque esto no debería normalizarse ni pasar desapercibido, que la reacción de Costa Rica sea la búsqueda de la justicia y que una vez más la comunidad internacional se dé cuenta que la crueldad que viven los que piensan diferente al régimen de Ortega y Murillo no conoce fronteras.
Aprovecho este espacio para decir que los refugiados, asilados y exiliados nicaragüenses no la tienen nada fácil. Entre la inestabilidad económica, los trámites de legalización y empezar un proyecto de vida, deben lidiar con la inseguridad de normas como las de Donald Trump y agresiones transnacionales.
Y cierro con algo que me ha gustado mencionar en este tipo de artículos: Nicaragua no es solo un territorio, Nicaragua son los nicaragüenses estén donde estén. Espero, así como hemos sido el mal ejemplo por agresiones y violaciones a los derechos humanos, seamos pioneros en tener una nación que supera la diferencia de fronteras. Si no se puede reconstruir una Nicaragua desde dentro que se haga desde afuera con el cariño y la unidad que ha caracterizado a quienes tienen en sus venas sangre pinolera.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.