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A sus 60 años, apoyada en un bastón, de prominente cabellera gris y vestida de blanco, Violeta Barrios de Chamorro asumió el 25 de abril de 1990 la presidencia de un país en guerra, empobrecido y dividido por sentimientos políticos.
Era una de las etapas más devastadoras para Nicaragua, y doña Violeta, como le llaman de cariño los nicaragüenses, sabía que su principal tarea era “devolver la armonía y el equilibrio a la familia nicaragüense” y demostrar que la reconciliación era “más gratificante que la victoria” militar. Eso relató ella misma en sus memorias llamadas Sueños del corazón.
Su legado fue ese: la paz. Se dice sencillo, pero no fue una tarea fácil para esa mujer de poca experiencia política, pero con ideas claras sobre lo que se debía hacer en ese momento y bajo aquellas circunstancias. Doña Violeta le devolvió la esperanza a todo un país que la había perdido.
Aunque el principal reconocimiento que se le otorga es haber encaminado a Nicaragua hacia la ruta de la paz y la reconciliación y dejar atrás décadas de dictadura y guerra, para iniciar un proceso de democratización, la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, también impulsó una transformación económica que sentó las bases para alcanzar los niveles de crecimiento y desarrollo que han caracterizado al país desde entonces.

Su victoria electoral de 1990 fue el inicio del cambio. En medio de críticas de sus detractores y personas que no creían en ella, consiguió el desarme de la Contrarrevolución, la reducción de efectivos militares, la profesionalización de la Policía y el Ejército, y sentó las bases para el respeto a las libertades públicas. Eso y más la convierten en una de las figuras más importantes de la historia de Nicaragua.
También impulsó la reactivación de la económica porque el país estaba en bancarrota. Las reservas internacionales estaban en cero, al igual que la inversión privada. El córdoba prácticamente no valía nada ni funcionaba como medio de pago.
“El dólar en diez años había pasado a valer diez millones de córdobas. La pobreza había alcanzado niveles nunca antes vistos,”, explica un economista en condición de anonimato.
“Si a estos logros económicos sumamos el desarme, la paz, la democracia que hemos perdido, y la justicia social, desfigurada actualmente, doña Violeta heredó al país una patria libre, democrática y económicamente estable. Ella pasa a la historia, no solo como una gran política hábil y democrática, sino como una de las más grandes estadistas, sino la más grande, que Nicaragua ha tenido en su historia”, valora el economista.
Tal y como prometió, su gobierno trajo paz y reconciliación a Nicaragua, y abolió el Servicio Militar, pero también impulsó una transformación económica que sentó las bases para alcanzar buenos niveles de crecimiento y desarrollo.
El control de la inflación y la reducción del Estado
Los tres principales desafíos económicos que enfrentó su gobierno fueron: estabilizar los precios, porque se registraba una hiperinflación que había alcanzado un pico de 33,547.9 por ciento (en 1988); retomar el crecimiento, dado que la economía llevaba casi una década sumergida en una profunda depresión; y generar empleo.
“El desempleo real estaba escondido en la burocracia gubernamental y en grandes e ineficientes empresas estatales y era muy superior al oficial”, explican fuentes empresariales. Durante su gestión se hicieron esfuerzos para que al país se le perdonara gran parte de la deuda externa que los sandinistas le dejaron al país.
“El país exportaba apenas 330 millones de dólares anuales y tenía una deuda externa de 12,500 millones de dólares cuyo servicio anual (pagos que debía hacer el Estado a los acreedores) era más de tres veces las exportaciones totales y cada año la contracción empobrecía más y más a la población, que alcanzó niveles de ingreso per cápita real equivalentes a los de los años cincuenta”, detalla una fuente económica.
“El déficit fiscal sobre el PIB era del 12 por ciento, las reservas internacionales estaban en cero, la inversión privada también en cero, la moneda había pasado de diez córdobas por un dólar a diez millones de córdobas por dólar y eso que ya los sandinistas-orteguistas le había quitado tres ceros o sea que el dólar en diez años había pasado a valer diez mil millones de córdobas”, explica la fuente.
El financiamiento externo estaba suspendido. “Los créditos de las instituciones financieras como el FMI (Fondo Monetario Internacional), Banco Mundial (BM), BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica), estaban cerrados, ya que el Estado no había pagado, había atrasos de amortizaciones a principal e intereses. Los créditos oficiales, también estaban cerrados, ya que el gobierno no abonaba a sus deudas a los países, los créditos de suplidores en términos comerciales también estaban cerrados, aunque existían elevados créditos en especies a precios excesivos pagaderos con las futuras exportaciones a precios bajos”, expone otra fuente económica.
En medio de esos esfuerzos, Daniel Ortega puso “piedras” a la recuperación de la economía. Los sandinistas se manifestaban constantemente, instalaban tranques y barricadas y promovían huelgas que paralizaban la actividad económica del país e impedían la recuperación.
En medio del boicot sandinista, doña Violeta echó a andar su plan de reducir el aparato estatal, reprivatizar la economía, generar confianza en los actores económicos para atraer a los nicaragüenses que se habían llevado sus inversiones al exterior y propiciar que la banca privada se enfocara en apoyar las exportaciones para reducir el déficit fiscal, mediante la generación de ingresos y reducción de gastos.
También consiguió reducir la deuda externa desde 12 mil millones de dólares a 6,500 millones. Incluso ganó credibilidad ante los organismos internacionales y otros países como Estados Unidos, que hoy por hoy es el principal socio comercial de Nicaragua.
Todas esas medidas correctivas económicas permitieron insertar al país nuevamente en los círculos comerciales y financieros internacionales. También “autorizó la apertura de los primeros once bancos privados desde la nacionalización en 1979, saneando y capitalizando tres bancos estatales. Logró incrementar en 41 por ciento la oferta de electricidad, logró pasar de setenta mil a 148,700 líneas fijas de telefonía y abrió el mercado a la telefonía celular, entre otros logros”, detalla una fuente empresarial
“En otras palabras lo que hizo fue restablecer la confianza, pero más importante aún la confianza en los mismos nicaragüenses para que cada uno sintiera que podíamos recuperar Nicaragua y enrumbarla por el camino de la paz y el crecimiento económico”, asegura otra fuente, quien admite que fue “un periodo de mucho sacrificio” en que el país entero tuvo que “apretarse la faja”.
Cuando término su gestión, doña Violeta entregó un país en paz, con democracia, con inversión, con banca privada, con una moneda estable y con las bases para que siguiera creciendo la economía. Mientras estuvo en el poder, la economía creció por primera vez más del 6 por ciento en tiempos de democracia. También había respeto a los derechos humanos y las libertades públicas. Nicaragua, volvió a ser república.
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Esa mujer que en contra de todo pronóstico hizo lo imposible, murió el pasado 14 de junio a los 95 años, exiliada y acompañada por sus hijos en Costa Rica. Este lunes se celebrará la misa de cuerpo presente en el templo Votivo del Sagrado Corazón de Jesús, a las 12 del mediodía, en San José, la capital costarricense.
“Si a estos logros económicos sumamos el desarme y la paz, la democracia que hemos en gran parte perdido, y la justicia social, desfigurada actualmente, doña Violeta heredó al país una patria libre, democrática y económicamente estable. Ella pasa a la historia, no solo como una gran política hábil y democrática, sino como una de las más grandes estadistas, sino la más grande, que Nicaragua ha tenido en su historia”, sostiene una fuente empresarial.
Violeta y Pedro Joaquín
Doña Violeta nació el 18 de octubre de 1929 en Rivas. Fue la segunda hija de los siete que procrearon don Carlos Barrios Sacasa y doña Amalia Torres Hurtado.
De su madre, aprendió que “se puede ser en el fondo fuerte, pero moderado en la forma de expresarse” y que “el convencimiento en las propias creencias debe expresarse con la mayor de las cortesías”; y de su padre, que “la mejor forma de ejercer la autoridad es mediante la persuasión y solo adquiere carácter sagrado cuando se apoya con el ejemplo”. De ellos forjó su liderazgo.
Estudió en colegios católicos de Rivas y Granada. Luego, se fue a estudiar a Texas y Virginia. El fallecimiento de su padre en 1947 la obligó a regresar a Nicaragua y tres años más tarde se casó con el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Pedro Joaquín sufrió cárcel, destierro, torturas, persecución y todo tipo de vejámenes de la dictadura somocista. Doña Violeta fue su fiel acompañante en todo ese duro trayecto que terminó de manera fatal. Sicarios asesinaron a Pedro Joaquín el 10 de enero de 1978.
Tras el asesinato de su esposo, doña Violeta convirtió su casa en un museo, casi un altar, en honor a su amado. La foto que ella le mandó a la cárcel para que pudiera ver a sus hijos, la motocicleta en la que él andaba “todas las mañanitas, desde las 5:00, por toda Managua”; su brocha de afeitarse; el “barril viejísimo donde hacía su guaro”, que luego regalaba a sus amigos; la ropa ensangrentada, los zapatos, los lentes usados ese último día; el carro que conducía cuando le dispararon y que ella guardaba como “reliquia”, porque confiaba en que algún día “el pueblo de Nicaragua” se daría cuenta de “quién fue Pedro Joaquín Chamorro y por qué murió”. La biblioteca tal como él la dejó, con dos paredes cubiertas por los libros que ella le compró para que los leyera en la cárcel. Y el piano que ella tocaba en sus momentos de soledad.
Nunca se volvió a casar y cuando la periodista Lucía Pineda Ubau le preguntó por qué, le respondió: “Mi amor me lo arrebataron, me lo asesinaron, no me estoy casando ni hace veinte y tantos años (que llevo) de viuda, ni ahora. Ya lo tuve”.
Violeta y los sandinistas
Doña Violeta asumió como propia la lucha de su esposo. Asumió la presidencia de la Junta Directiva del diario LA PRENSA, y cuando la dictadura somocista se caía en pedazos, fue designada para formar parte de la Junta de Gobierno y Reconstrucción Nacional junto a Daniel Ortega, Sergio Ramírez, Alfonso Robelo y Moisés Hassan.
Estuvo ahí solo por ocho meses y renunció a la misma porque consideró que los sandinistas habían abandonado los principios democráticos. LA PRENSA criticó al sandinismo. Eso le valió multas, cierres temporales, censura y todo tipo represalias contra el diario.

El 2 de septiembre de 1989, la Unión Nacional Opositora (UNO) escogió a doña Violeta como su candidata para las elecciones presidenciales de 1990. Su principal rival era Daniel Ortega.
En su libro, Sueños del corazón, doña Violeta reconoce que su candidatura “fue producto de las circunstancias” y que aceptó el reto por su esposo y por el país. “Yo me entregué a ella para que Pedro y Nicaragua pudieran triunfar a través de mí”, escribió.
Su campaña se caracterizó por un discurso en el que hablaba de paz, prometía la eliminación del Servicio Militar y la reconciliación de los nicaragüenses. Tan solo 55 días antes de las elecciones, sufrió una caída y se fracturó la rodilla derecha. Eso no le impidió desplazarse por el país, en silla de ruedas o en muletas, ella iba por los pueblos y ciudades prometiendo esa paz que se miraba tan lejana en aquellos tiempos.
Hasta que finalmente llegó el 25 de febrero de 1990. Ante la incredulidad de muchos, incluso de los propios sandinistas, doña Violeta ganó con el 54.7 % de los votos. Derrotó a Daniel Ortega y se convirtió en la primera mujer electa presidenta de Nicaragua y de toda América.gustar
Ortega no tuvo más remedio que aceptar su derrota. Él mismo se fue a la casa de doña Violeta para felicitarla, pero al atravesar el jardín y entrar a la sala, perdió la compostura. “Daniel se echó a llorar”, cuenta doña Violeta en su libro. Y como quien consuela a un niño que acaba de sufrir una caída, ella lo abrazó diciéndole: “Mi muchacho, no pasa nada”.

El 25 de abril de 1990 recibió la banda presidencial en el viejo Estadio Nacional de Beisbol. Los sandinistas que estaban en el público le lanzaron piedras, agua y hasta orines. Ella relató una anécdota de ese momento al periodista Fabián Medina en 1996. “Antes de que comenzara el acto, me encontré con Daniel (Ortega) y me reclamó que esa gente de la UNO le había tirado piedras, palos y le dije: ´Mirame a mí cómo estoy, con mi ropa manchada, así es que estamos iguales´, le dije”.
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También hubo varias revueltas sandinistas y surgieron nuevos grupos armados como los “recontras” y “recompas”, y doña Violeta incluso enfrentó el descrédito por su supuesta dependencia de su yerno Antonio Lacayo Oyanguren. Se decía “que era una dunda” dijo la propia doña Violeta en una entrevista en 1996.
El anuncio de la sustitución del Jefe del Ejército
Pero su prueba más dura la vivió quizás en septiembre de 1993, cuando mandó a retiro al general Humberto Ortega, el hermano de Daniel. Fue en el centro de convenciones Olof Palme que hizo el anuncio y después los hermanos Ortega la emplazaron y casi la agreden. Ese día estuvo a punto de renunciar a la presidencia.
“Yo soy muy poca para llorar y ese día lloré mucho. Lloré en mi baño, en mi cuarto, sola, para no hacer sufrir al resto de mi gente. Eso fue horrible, pero ni cuando mataron a Pedro, Dios mío, dándole fuerza a mis hijos, a mi familia, a todos. Ese fue un día muy triste para mí, pero ya después lo acepté y seguí trabajando”, relató en una entrevista.

El retiro de doña Violeta
Tras entregarle la banda presidencial a Arnoldo Alemán el 10 de enero de 1997, doña Violeta se retiró de la política. Publicó sus memorias y se dedicó a su familia, con la satisfacción de haber hecho realidad el sueño de su amado Pedro Joaquín.
Pocos años después, en el 2000, aparecieron los primeros signos del alzheimer. Para entonces ya tenía 71 años y a menudo repetía cosas que ya había dicho. La llevaron a consulta y el médico dijo que efectivamente pasaba algo extraño, pero que no podía afirmarse que se tratara de esa enfermedad, pues el cerebro de la expresidenta mostraba un envejecimiento propio de una persona de su edad.
Sin embargo, le recetaron un medicamento que probablemente hizo que el desarrollo del alzheimer se ralentizara. Se lo terminaron diagnosticando oficialmente en el año 2007. Ese mismo año, Daniel Ortega regresó al poder.

Luego, a finales de 2018, sufrió un accidente cerebrovascular que la dejó en condición delicada. Para entonces, Daniel Ortega ya había sacado su parte más malévola y el país estaba sumido en una crisis política sin precedentes.
Dos hijos de doña Violeta, Pedro Joaquín y Cristiana Chamorro Barrios, fueron encarcelados y posteriormente desterrados por Ortega. Carlos Fernando Chamorro, otro de los hijos, fue obligado a partir al exilio. Los tres fueron desnacionalizados en 2023.
Ese mismo año, los hijos de doña Violeta decidieron sacarla de Nicaragua y llevarla al exilio con ellos en Costa Rica en donde falleció el pasado 14 de junio. Por ahora, su familia ha dicho que sus restos permanecerán en el vecino país “hasta que Nicaragua vuelva a ser república”, esa que Pedro Joaquín soñó; que doña Violeta construyó; y que Daniel Ortega destruyó.