Santiago Merlo tiene 15 años y hace mandados en su bicicleta para recoger dinero y ayudar a su abuela. CORTESÍA

«Merlo Mandados»: el adolescente que pedalea bajo el sol de Chinandega para cuidar a su abuela 

Por las mañanas estudia y por las tardes recorre las calles de Chinandega para hacer mandados de sus vecinos. Su objetivo es ayudar a su abuelita aun cuando se expone a los peligros y a las burlas de algunos de los clientes.

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.
Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Cuando suena el timbre de salida, a las 12:00 del mediodía, Santiago Merlo sale de su colegio y se va corriendo a su casa para almorzar. El tiempo para él es dinero. Después de comer, hace sus tareas y cuando ya le bajó la comida, cerca de las 2:00 de la tarde, se sube a su bicicleta con una mochila en sus hombros para hacer los mandados de sus clientes. 

A esa hora, el sol aún pega fuerte en Chinandega, en donde este joven de 15 años emprendió hace menos de un mes su propio negocio: Merlo Mandados. Él le ofrece a los chinandeganos ir a hacer sus compras al supermercado, a alguna pulpería, farmacia o demás. También va a dejar objetos de un lugar a otro. Lo que sea que le pidan, él lo lleva en su desgastada bicicleta azul. 

Se nota que ha recorrido varios kilómetros. Se le ve en su rostro moreno y sus brazos oscurecidos por el sol inclemente que le quema la piel y calienta los adoquines de cada calle por la que va. En el sudor que cae de su frente, que se escurre por sus ojos cafés y se desliza por sus mejillas en las que se notan los primeros pasos hacia la pubertad. 

«Ahí voy buscando la sombra para no asolearme, pero a veces así toca. ¿Qué le vamos a hacer?», dice Santiago con la voz chillante e inocente de un adolescente, pero en cuyas palabras resaltan la determinación de un joven que quiere superarse y comerse el mundo. Su objetivo es claro: “Yo quería ayudar a mi mamita. Así como ella me ha ayudado a mí”, dice. 

Su mamita es su abuela, doña Juana Domínguez, una señora de 79 años que padece de arritmia cardíaca e hipertensión. Santiago vive solo con ella. “Mi mamá no se hace cargo. Ella está largo. Y a mi papá no lo conozco”, explica el menor quien toda su vida se ha criado con su abuelita. “Prácticamente ella es mi mamá”, dice. 

La señora vende arroz con leche en su casa porque no puede trabajar. Lo que gana no es suficiente para sobrevivir y ante la necesidad, Santiago se busca la vida pedaleando en las calles de Chinandega.

Lea también: Sacerdotes nicaragüenses que dejaron los hábitos y se casaron por amor

No es que su abuela lo mande, aclara Santiago. “La idea fue mía porque yo quiero ayudar a mi mamita”, insiste. Su motivación lo lleva a enfrentarse a los peligros de la calle: desde los vehículos hasta la delincuencia. “De que me da miedo, me da miedo, pero ando con mucho cuidado siempre”, dice.

Santiago tiene 15 años y quiere ser ingeniero en sistema cuando sea grande. CORTESÍA

 En los últimos días, relata, un cliente se burló de él. “Me pidió que le comprara unas cosas y se las llevara a su casa, y cuando llegué no salió, no me pagó y me mandó audios tratándome. A mí me gusta trabajar, pero no que se burlen de mí”, cuenta. 

En sus redes sociales, el joven expuso con más detalles lo que pasó junto a una captura de la conversación que tuvo con ese cliente. 

“Yo soy un niño que se dedica a hacer mandados. El día de hoy (2 de junio) me contactó este número. Yo compré todo lo que me dijo y después se burló de mí, y me dijo que ya no quería nada. Que me metiera las cosas en el c… Mi trabajo es honrado y no le hago daño a nadie. Me dijo que vivía frente al Rubén Darío y ya después no quiso salir y me mandó audios tratándome”, escribió.

Lo que sucedió con esa persona le dio ganas de dejar su negocio y olvidarse de todos. “Quería tirar la toalla, pero no me puedo rendir. Yo soy el único que le puede ayudar a mi mamita”, señala. 

20 córdobas por mandado 

Santiago hace entre cuatro y cinco mandados al día. Lo mandan a comprar pañales, leche para bebés, comida, medicamentos o demás artículos de primera necesidad. En otras ocasiones le piden que lleve objetos de un punto de la ciudad a otro. Él nunca dice que no, salvo que aquello que le pidan llevar sea muy pesado o grande y no pueda llevarlo en la bicicleta. 

La distancia a veces puede hacer que el precio del mandado suba a 30 córdobas. Cuando ya son las 7:00 de la noche, Santiago se pone rumbo a su casa con las ganancias de ese día. 

La idea de este negocio, explica Santiago, surgió hace unas semanas cuando vio que su abuelita hacía todo lo posible por estirar los pocos ingresos que tiene. El alto costo de la canasta básica en Nicaragua hacía que eso fuera casi imposible. Las necesidades en su casa lo empujaron al trabajo infantil.

Lea también: José Antonio Delgado, médico y tiktoker: “Informar fue mi mayor delito”

Antes de esto, Santiago probó a buscar un dinero extra de otras maneras. “Antes salía a lustrar zapatos. Después lavaba motos, chapodaba y hacía de lo que me saliera”, dice el joven, quien se describe a sí mismo como “chambeador”. 

Una noche de abril, a Santiago se le ocurrió la idea de hacer mandados en su bicicleta. Le pidió a una vecina suya que tiene una impresora en su casa que le ayudara a hacer un diseño y se lo imprimiera, y así nació el logotipo de Merlo Mandados. 

Al día siguiente repartió las hojas con el logo y su número de teléfono entre sus vecinos. Al poco tiempo ya lo estaban llamando para hacer sus primeros mandados. 

“A veces las tengo que ir a dejar rápido porque la gente necesita sus cosas con urgencia”, relata el joven antes de subirse a su bicicleta para empezar con sus encomiendas del día. 

Mientras pedalea de un lugar a otro, cansado y sediento, bajo el impecable sol de occidente, los pensamientos asaltan su cabeza. “A veces siento que no puedo y tengo ganas de tirar la toalla”, comenta. Pero inmediatamente piensa en su motivación principal y espanta esas ideas negativas. 

“Estoy haciendo lo posible para salir adelante con mi mamita”, se recuerda a sí mismo.

Quiere ser ingeniero 

A Santiago no le gustan mucho las matemáticas. Confiesa que esa es la materia que menos le atrae en el colegio y aunque ponga atención, no se le dan bien las ecuaciones.

Él está cursando el segundo año de secundaria en el Instituto Miguel Ángel Ortez y Guillén, de Chinandega, ubicado sobre la carretera que lleva hacia El Viejo. 

En ese colegio es donde se le encuentra todas las mañanas. Sus notas están “más o menos, pero voy bien”, comenta.

Su clase favorita es Educación Física. Aunque no le gustan mucho los números, quiere convertirse en ingeniero en sistemas, dice. 

Cuando sea grande espera devolverle todo a la mujer que lo crio por su cuenta, y por eso no quiere dejar de estudiar. Por ahora, Santiago sólo tiene su bicicleta, su juventud y el deseo de pedalear hacia adelante con la mochila cargada para ayudar a su abuelita. 

La Prensa Domingo Adolescente Chinandega Nicaragua archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí