Niñez desprotegida en un mar de información

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Internet vino a revolucionar la forma en la que hacemos casi todo. En lugar de hacer largas filas en los bancos recurrimos a las bancas en línea, si queremos pedir un trámite muchas instituciones lo permiten en sus portales, pero lamentablemente si queremos dejar a un niño o niña por unas horas no contratamos niñera, le damos un celular o una Tablet.

Sostuve una conversación sobre este tema con unos amigos y comentábamos que cuando éramos niños nuestros padres nos daban orientaciones y nosotros cumplíamos por nuestra seguridad. Siempre les recuerdo una vez que mi mamá nos dejó solos y nos dijo “no le abren a nadie” y llegó una tía. Mi hermana, que siempre nos ha cuidado le dijo que no podía dejarla pasar. A ese nivel llegábamos, pero estamos vivos, responsables (en buena medida) y mis hermanos son padres espectaculares.

Hoy veo a muchos padres y madres darles a sus hijos dispositivos móviles sin el mínimo control parental. Siempre que doy charlas en los colegios sobre este tema a los adultos les pregunto si dejarían a sus hijos solos en el mar. La respuesta es “obvio que no” pero es justo lo que hacen si les dan acceso a un mar de información.

En el mar hay tiburones, como en internet hay delincuentes y en ocasiones una delincuencia organizada. Si los adultos son víctimas de estafas en línea, qué les hace creer que sus hijos no caerán en un engaño por esta vía.

No me canso de decir que desde ARO Comunicaciones asumimos esta responsabilidad social empresarial para acompañar paso a paso la introducción de los menores. Entendiendo la lógica el proceso se vuelve simple.  Por ejemplo, si quieres que tu hijo nade lo tiras al mar, lo pones en una piscina con flotadores.

Esos primeros flotadores para la tranquilidad de las familias y la seguridad de los niños podrían ser dispositivos sencillos como GPS o esos relojes “marca patito” que sirven para llamar y mandar mensajes dentro de redes telefónicas, no internet.

Luego le dices cómo se mueven brazos y piernas y por supuesto, cómo sacar la cabeza para respirar, entonces le puedes introducir a dispositivos con internet pero con el control parental adecuado. Y aquí recuerdo que aplicaciones como Whatsapp y Facebook no permiten que se suscriban menores de 13 años, no le enseñemos a nuestros niños a mentir.

Finalmente hay que entrar al mar pero ya sabemos que ellos saben moverse, solo necesitamos ver de vez en cuando que no se vayan muy a lo profundo. En este punto la supervisión puede ser mínima pero necesaria. No dejen que se muevan si una vista que los cuide.

Y claro, cuando ya son adultos ellos mismos volverán a consultar cuando tengan duda o sientan que hay una zona que desconocen para nadar.

Si a estas alturas los adultos no conocen los riesgos por charlas, por libros, películas y series entonces no tengo mucho que aportar porque ahí sí que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Tengo fe en que las generaciones jóvenes sabrán navegar en internet y que los pequeños logren sobrevivir si los dejan sin cuido alguno en esas aguas. Pero sobre todo que encontrarán que cuando tienes la información necesaria nadar es placentero, recreativo, informativo y un ejercicio que te ayuda a ser mejor. En el caso de la información en Internet te permite conocer la realidad en la que vives y tomar mejores decisiones. Espero que esa sea una vía para formar al ciudadano que Nicaragua tanto necesita.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

Opinión
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