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Guillermina Zapata ve sobre la Catedral de Managua a un tipo con colochos agitando una bandera azul y blanco. El muchacho se baja y al verla corre a su encuentro y le muestra que las franjas azul y blanco tienen sangre y le dice “esta es la sangre de su hijo”. Ella junto con otras 19 madres nicaragüenses perdieron a sus hijos justo en un día en que debían celebrar la maternidad.
Esas madres se suman a más de 300 que en 2018 perdieron a sus hijos producto de la represión que incluso hoy no tiene sentido. Y cómo entender que en un Día de las Madres un ser humano disparara contra otro y dejara ese dolor en más mujeres nicaragüenses.
Recuerdo que en algún momento miré un mural de la iglesia del barrio Riguero que tenía a una madre con la foto de su hijo y esa misma escena la vi en las protestas de 2018, sentí un dolor inmenso de que un pueblo que aún conociendo su historia esté condenado a repetirla.
Creo que muchos no olvidarán ese 30 de mayo y me parece increíble que en los comentarios de Facebook de LA PRENSA cuando escribo cosas así me digan “ya olvídalo”, me pregunto qué pasaría si todos lo olvidáramos.
Años después, un Día de las Madres fue la última vez que pude tomarme una foto con mi familia, ese mayo celebramos en un restaurante con mucho significado para nosotros, mi papá llevaba a mi mamá a comer a ese sitio y un par de veces nos colábamos mis hermanos y yo.
Espero poder repetir esa foto, no pierdo la esperanza de que si lo malo puede repetirse lo bueno también. Creo que se vuelve justo y necesario que no nos rindamos en nuestro intento por repetir esos momentos buenos, como las personas que pierden su humanidad y asesinan a hijos el Día de las Madres no se rindieron y causaron tanto dolor.
Después de leer la historia de quien está en el poder y pudo detener esa masacre, me hago otra pregunta, cómo una mujer que perdió a su hijo y que conoce ese dolor fue capaz de permitir esa masacre y luego llamar a quienes sufrían con ofensas.
Cómo esa misma mujer pudo llamarse a sí misma “yo como madre de todos ustedes”. Definitivamente Nicaragua es el país de las maravillas donde se habla de cosas que no son increíbles y que nadie comprende, como animales que hablan, que toman el té y están completamente locos.
Deseo que las familias nicaragüenses no olviden y puedan repetir momentos buenos, tómense fotos, que de verdad uno no sabe cuándo por cosas de la vida y el ridículo que se vive en Nicaragua pueda ser la última imagen juntos.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.