De las ofensas a los delitos

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Recientemente un grupo de medios de comunicación de Venezuela lanzó una campaña de recaudación de fondos llamada la Vaca Mediática. Me pareció un ejemplo que los medios de un país pudieran unirse para mantener el derecho a la información y la libertad de expresión. Como increíble me pareció que Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz en ese país, respondiera con ofensas y acusando a la iniciativa de ser lavado de dinero y relacionándola con el narcotráfico.

Cuando en un país existe Estado de derecho, democracia y justicia hacer este tipo de declaraciones públicas es un delito confeso, como quitar la nacionalidad constituye un delito de lesa humanidad, según me explicó un experto.

Pero es que cuando no hay argumentos se recurre a las ofensas y los gobiernos autoritarios pasan esa línea fina entre ofender y delinquir porque es un delito de injurias y calumnias el poner dianas en las espaldas de periodistas sin argumentos reales. Pero ¿quién los detiene? ¿Cómo evitar que de las ofensas se pase a los delitos y de ahí a la impunidad?

En Venezuela también se está trabajando una Ley Mordaza contra las Organizaciones No Gubernamentales y cuando me preguntan qué pienso realmente digo, “si me lo estás preguntando es porque ves una similitud entre lo que están pasando los venezolanos y lo que ya se vivió en Nicaragua”.

¿Venezuela tendrá un 2018? Creo que esa es una pregunta más interesante, no tengo la respuesta, pero espero mis amigos politólogos me sepan responder eso.

¿Cómo llegamos a esto? Porque se llega a ver a los periodistas como criminales. Recuerdo en una presentación los hombres y mujeres de prensa de Costa Rica que decían que estaban lejos y acababan de ser llamados “prensa canalla” y les comenté: “Así se empieza”.

Cuando el poder pone sus ojos en la comunicación, en la libertad de prensa, lo primero es quitarle al periodismo uno de sus valores más fundamentales “la credibilidad”, por eso las ofensas, la siguiente es que además de no creerles los ciudadanos los vean mal, como criminales, por eso acusarlos de delitos (sin fundamentos).

Y finalmente si ya son vistos como criminales los tratan como tal, se usan las instituciones para procesos, también sin argumentos, que si no son en el marco del debido proceso al menos son respaldados con la mentira que repitieron muchas veces hasta hacerla parecer verdad.

Las declaraciones de Cabello fueron en una transmisión recurrente que tiene en medios gubernamentales, otro parecido con Nicaragua y los reportes que acompañan los almuerzos de los nicaragüenses, donde también escuchamos ofensas para periodista y todo el que se mueva en una dirección diferente.

La ventaja que tiene Venezuela es que ya sabe por dónde va la cosa, tristemente Nicaragua es vista como el mal ejemplo de la región en temas de libertad de prensa y represión, pero un ejemplo ya es al menos una posible visión de lo que podría pasar, aunque no quitamos que siempre se puede dar una que otra sorpresa.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

Opinión
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