Unidad ilusoria

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Los grupos opositores que quieren llevar a Nicaragua hacia la transición tienen varias tareas pendientes que le son lejanas en actual estado de las cosas. Es cierto que antes de cualquier otro paso está la unidad, pero de esto es lo que se carece tanto en voluntad como en la operatividad, por lo que no hay esfuerzo real: hay ilusión.

Quiero escribir como secretario del organismo de derechos humanos que se me ha encomendado dirigir, a fin de que no se entienda que lo escrito aquí es una crítica personal sino producto de las reflexiones y el análisis del equipo de Calidh. Desde hace varios años en nuestros informes situacionales venimos denunciando que la oposición tiene tres carencias fundamentales: dispersión, personalismo e inmadurez.

En cuanto a la dispersión, observamos con inquietud la existencia de plataformas vacías donde sólo están sentados sus directivos y algunos acólitos, sin bases reales. Esto empeora cuando para dar una apariencia ingenua de multisectorialidad, en realidad estos espacios se superponen unos con otros. Los que están en una organización que presuntamente es miembro de una plataforma, están también sentados en otras organizaciones. Ni bien se anuncia la aparición de un esfuerzo de unidad, su sobrevivencia y visibilidad es olvidada después de los ataques de “los opositores de opositores”, como los definió la jurista Martha Molina, o los bots del régimen sandinista.

En cuanto a los personalismos, en nuestro último informe Treinta Medidas de Justicia Transicional, hemos denunciado cómo este mal atávico no de los nicaragüenses, sino de los políticos y sus dinámicas, sigue presente. Unos quieren construir una unidad en torno de sí, una unidad de patriarca-caudillo. Se trata de esperar el fin del régimen para correr a sentarse en la silla del poder. Estas personas son un peligro para una futura democracia porque estará viciada de autoritarismo desde sus inicios.

La inmadurez que abordamos en nuestro informe semestral del año pasado refiere a la improvisación de estos espejismos de desierto. Nos inquieta la ausencia de propuestas mínimas tales como declaraciones programáticas, manifiestos políticos e incluso hojas rutas de un futuro que se aleja. El lenguaje patriotero cansador, palabrerío insoportable, no llega a los hermanos que están atrapados en Nicaragua. La gran tarea que aún no logra la oposición política es cómo atraer la esperanza del pueblo hacia un grupo serio que represente un contrapeso real a la dictadura, apoyado y reconocido por la mayoría de las democracias.

Finamente, en el marco de rumores de unidad de plataformas políticas que sucederá en estos días de mayo, se pretende privilegiar primero a lo “político”. Aun con la presencia de personajes extranjeros que de buena fe buscan legitimar ese proceso, repetimos una vez más: el fundamento, el eje y la legitimación debe venir inexorablemente de las víctimas y de sus familiares y sus espacios. La futura transición, que se escapa de las manos ante la superposición y las sillas que se repiten en un sinfín de organizaciones, se deberá a las víctimas y no las víctimas a la transición. Es momento de una unidad real que trascienda de la red social X, que recoja el sentir de los que viven el terrorismo de Estado, y que demuestre su capacidad de superar los autoritarismos y atavismos que tanto se critican de la oposición del pasado y paradójicamente están tan presentes hasta hoy.

El autor es profesor de derechos humanos y secretario de Calidh.

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