
En la recién pasada cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) —uno de los pocos espacios donde Nicaragua todavía participa—, se evidenció una vez más el aislamiento internacional de la dictadura Ortega Murillo que, como resultado de sus actos, ha construido una imagen negativa que provoca el repudio de la comunidad internacional, incluyendo a países que en el pasado se identificaron con la revolución nicaragüense de 1979.
Llamó la atención el hecho de que Nicaragua no recibió respaldo para las posiciones y propuestas que presentó en la Cumbre de la Celac, celebrada el recién pasado 9 de abril en Honduras, foro donde tradicionalmente la dictadura tenía amplia acogida y apoyo, y donde no participa Estados Unidos ni Canadá, países a los que tendería a responsabilizar por el rechazo que recibió en ese espacio integrado por un grupo significativo de países que promueven el socialismo del siglo XXI.
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Algunos analistas quisieron ver la protesta del vetado candidato a secretario general del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), canciller Valdrack Jaenstchke, como una simple controversia con la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, que actuó como presidenta pro tempore de la Celac. Sin embargo, a través de un extenso mensaje publicado el mismo 9 de abril, los dictadores nicaragüenses se encargaron de aclarar que en realidad lo ocurrido reflejó una diferencia sustancial con la declaración aprobada en la Cumbre, e insistieron en que “no hubo, ni hay consenso”.
Pretenden dar lecciones
En su comunicado de reclamo los dictadores, Daniel Ortega y Rosario Murillo, pretendieron dar lecciones al resto de países miembros de este foro; les recordaron los supuestos principios básicos construidos a través de los años, que soportan la pretendida unidad de la patria grande latinoamericana y caribeña. Además, dejaron entrever que esos principios se obviaron durante la Cumbre celebrada en Honduras, especialmente al no destacar en la resolución emitida, a como ellos deseaban, las agresiones y medidas coercitivas contra Venezuela, Cuba y Nicaragua.
La dictadura pretendió justificar la crisis migratoria que ellos mismos provocaron al imponer un régimen totalitario y represivo, pero que atribuyen al injusto orden mundial y avaricia de los países desarrollados.

Los Ortega Murillo denunciaron a través de su mensaje, “la actitud de unos cuantos países que actúan con el propósito de reducir y diluir los principios, acerbos y rica historia de nuestra Celac”. Aseguraron que los tienen identificados por haber trazado líneas rojas a sus esfuerzos, rechazaron los intentos de menoscabar los ideales que ellos y sólo ellos pretenden representar y los tildaron de saboteadores.
Los Ortega Murillo pretenden justificarse al asumir posiciones extremas en el tema de los aranceles que promueve el presidente estadounidense Donald Trump y dejaron entrever su total alineamiento con la República Popular de China. Invitaron a la Celac a abrir nuevos puentes de cooperación con esa nación, con la que ellos están desarrollando una alianza estratégica y a la que sirven de peones para consolidar sus intereses en la región.
Demuestran su aislamiento
Para la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) es obvio que Ortega y Murillo resienten el aislamiento creciente que ellos han provocado al convertir a Nicaragua en un Estado forajido, autor de graves crímenes contra el derecho internacional.

Esto hace difícil que países que se respetan a sí mismos puedan verse identificados con las posiciones o peor aún con un pretendido liderazgo de la dictadura nicaragüense, que ya no goza del reconocimiento por una posición ideológica progresista en beneficio de las mayorías, sino que se ha convertido en la más cruel dictadura de las Américas. Dictadura que se caracteriza por perseguir a toda voz crítica, negar los derechos humanos a sus ciudadanos, aprobar una Constitución que rompió con la tradición latinoamericana de la división de poderes y ensalzar el totalitarismo como forma de gobierno propicia para consolidar una dinastía familiar que abusa del poder para enriquecerse.
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El comunicado publicado por los Ortega Murillo a raíz de la Cumbre de la Celac, es sintomático de su aislamiento, acrecentado incluso por obviar en todas sus comunicaciones el cuidado especial que requiere el lenguaje diplomático, donde no deben existir expresiones ofensivas ni confrontativas, pero al incluirlas demuestran que no son capaces de transmitir mensajes difíciles que mantengan el respeto y la posibilidad de diálogo, ya que pretenden trasladar a los demás sus propios fracasos.
*Este artículo se publicó originalmente en: www.cdnicaraguense.com
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